Home
Home | Search | Login
Hoy June 20, 2013, 4:13 am Havana time.
Hide Menu
SEARCH NEWS
    Language:
01/01/13 -  Adelante (Camaguey) - Primero de enero: Fidel mandó a parar

MARCOS ALFONSO (AIN) 


Algunos meses antes nos habíamos mudado del solar. El asma impenitente y la tos pedregosa obligaron a los viejos al sacrificio: ¡50 pesos mensuales de alquiler!, que por entonces no eran cosa de coser y cantar para un tabaquero

Aquel 31 de diciembre fui a la cama temprano. No sentí la bullaranga de las doce campanadas ni los baldes de agua lanzados desde los balcones.

Ni siquiera los gritos de Chaquetón, aquel borracho simpaticón que se apoderaba de la calle y pedía a voz en cuello le lanzaran más agua para que. "se lleve todo lo malo".

-Parecía vestido de cobre -contaba mamá, al ver al individuo tocado por el reflejo de la bombilla amarilla de la farola en la esquina de la cuadra.

Fue como a las cinco y pico. Sentí cierto ajetreo inusual en el pequeño apartamento. Desde la calle se escuchaban en lontananza los pitazos de los autos y barcos, disparos, y el concierto inusual de sirenas. ¿Qué sucedía?

La tan esperada noticia acontecía: ¡Fulgencio Batista había abandonado el poder! La profecía de la santera Sermira se cumplía, pues ya ella sabía cómo terminarían las cosas: "El tipo se cae", había vaticinado.

Con los años supe cómo el dictador, en su papel de capo siciliano, asistió a la recepción por el fin de año en el Palacio Presidencial, estrechó las manos de sus adeptos, les deseó próspero año nuevo y, cuando la gente andaba entre tragos y canapés, se la dejó en los callos a todo el mundo.

Los primeros rayos de nuestro invierno caribeño sorprendieron a miles de personas volcadas a las calles aquel primero de enero. Festejaban el suceso y ofrecían apasionados vítores a Fidel y a la Revolución.

En los inicios debí conformarme con el balcón, desde el cual divisaba todo lo que acontecía en el barrio y más allá, pues la calle Villegas, en lontananza, nacía en las cercanías del entonces recinto presidencial. Todas repletas de gente en trascendente festejo.

Desde el puesto de improvisado vigía de la cuadra, alcancé a ver la botella de Palmita -ron de pobres- que circulaba entre aquellos hombres que a martillazo limpio acababan con los parquímetros, arrancaban pancartas electoreras y con todo cuanto oliera al sátrapa.

También brindaban y se fundían en abrazos imperecederos. Hasta el gallego Angelito, el dueño del bar del barrio, exhibiendo su calva crepuscular, se sumó al concierto:

-La otra botella va por mí -dijo a los vecinos.

Al mediodía papá dejó que lo acompañara hasta el solar, en la calle Cárdenas, cerca de los ferrocarriles. Al llegar a la vetusta cuartería donde vivimos casi 10 años, aquello parecía demencia popular. Las escenas de euforia se repetían. Papá saludó a sus antiguos vecinos y, de súbito, se dirigió hacia el baño colectivo ante la mirada atenta de los curiosos de siempre.

Situado en el angosto cubil, con las puertas abiertas, fue directo hacia los azulejos superpuestos en la parte posterior del sanitario, los desmontó con cuidado, y extrajo el polvoriento sobre de nylon. En su interior, como luego me mostró, había Bonos del 26 de Julio.

-Nunca me hubiera sorprendido la policía. Ni siquiera pudieron las lenguas chismosas del solar -expresó el viejo en tono jocoso y ante la mirada atónita de muchos.

En el camino de regreso, después de mucha insistencia, me miró con ternura y dijo:

-Fue mi granito de arena por lo que hoy comienza. Pasó varias veces su mano por mi cabeza ensortijándome el pelo.

Al borde de las cuatro de la tarde, ya en casa, mi madre soltó un grito nada común:
-Alfonso, baja rápido, que Guajá se nos mata.

Frente a la casa, el zapatero Antonio, a quien apodaban Guajá, zigzagueaba la calle presa de una borrachera descomunal.

-No me perdí ningún brindis -confesó al cabo de las horas cuando la sopa que le preparó mamá le había desmantelado los tragos. Solo le quedaba, según confesó, cierto sabor a óxido en la boca.

-Me siento persona, -dijo emocionado y continuó. Ahora todo es como volver a empezar, aunque me haya cogido algo viejo. Y les confieso: es la primera vez que bebo en mi vida. ¡Valió la pena!
-Blanca, había dicho papá a la vieja: somos libres al fin, la Revolución triunfó.

Tiempo después, el cantautor Carlos Puebla inmortalizaba el suceso: "Se acabó la diversión llegó el Comandante y mandó a parar".


CUBA-L FAIR USE NOTICE

This server contains copyrighted material the use of which has not always been specifically authorized by the copyright owner. We are making such material available in our efforts to advance understanding of Cuba's political, economic, human rights, international, cultural, educational, scientific, sports and historical issues, among others. We distribute the materials on the basis of a 'fair use' of any such copyrighted material as provided for in section 107 of the US Copyright Law. In accordance with Title 17 U.S.C. Section 107. The material is distributed without profit. The material should be used for information, research and educational purposes. For more information go to: http://www.law.cornell.edu/ uscode/17/107.shtml.