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01/03/13 - Cubadebate (Habana) - Cuando el gobierno de EEUU rompió relaciones con Cuba su pueblo nos donaba sangre

Transcurrieron con velocidad supersónica los dos primeros años del Triunfo de
la Revolución; en realidad fueron como otros dos años cualesquiera pero las
transformaciones y cambios para el bienestar de nuestro país fueron de tal
magnitud e intensidad que daba esa impresión.

En el acto conmemorando del segundo aniversario de la victoria del Primero
de Enero, en la Plaza Cívica, todavía no proclamada como Plaza de la
Revolución, el 2 de enero de 1961, el Comandante en Jefe a la vez que
denunció las reiteradas amenazas del gobierno de Estados Unidos y los
actos de sabotajes originados con impunidad desde su territorio, advirtió
que se pondría fin a las subversivas acciones de los diplomáticos
norteamericanos en Cuba, cuya cifra además de excesiva, estaba plagada de
a gentes de la CIA.

Nos dijo y les dijo a ellos, bajo una llovizna impertinente, que en lo
adelante tendrían que disponer de solo once diplomáticos, la misma cifra
de cubanos en nuestra embajada en Washington.

El ambiente estaba muy tenso. Las informaciones sobre un próximo ataque
contra nuestro país eran ostensiblemente públicas. Eisenhower y Nixon,
como confesaron después en sus memorias, ordenaron a la CIA el 17 de marzo
de 1960, la preparación militar de la gusanera. Los sabotajes contra
nuestros ca

ñaverales, fábricas y poblaciones por aviones procedentes del norte eran
constantes. Varios pilotos norteamericanos fueron derribados en esos
ataques terroristas. La base naval de Guantánamo, convertida hoy en ilegal
cárcel, fue reforzada con más de mil marines. La tragedia del buque Le
Coubre evidenciaba la mano oculta de sus servicios de inteligencia para
tratar de impedir que nos armáramos y defendiéramos.

Nuestro pueblo en pie de guerra estaba movilizado y el ardor patriótico
vibraba por doquier.

La Revolución cubana, como continuidad histórica de la gesta inconclusa
que iniciaron los mambises, conquistó por fin su verdadera e irreversible
independencia.

Derrotamos un ejército entrenado, financiado y asesorado por el gobierno
norteamericano que fue, como los otros cuerpos castrenses en el
continente, el aparato diseñado para la represión popular.

La impunidad que prevaleció en la colonia y se enseñoreó en la república
mediatizada se liquidó y todos los que cometieron crímenes o torturaron
fueron juzgados y condenados.

El latrocinio con el que gobernantes civiles y militares saquearon al
erario público cesó y todas las riquezas acumuladas mediante el robo
fueron confiscadas.
La primera ley agraria incruenta de la humanidad eliminó el latifundio y
entregó en propiedad la tierra a todo cubano que la laboraba honestamente.

Recuperamos nuestras riquezas mineras, nacionalizamos las fundamentales
industrias, la mayor parte de ellas norteamericanas, realizadas en
procesos inversionistas siempre desventajosos para el país.

Conquistamos el derecho a hablar por cuenta propia y dejamos de ser el
apéndice domesticado del imperio en que nos convirtieron.

Surgía la república que soñó el Apóstol y el pueblo masivamente se
disponía a defender con su vida los derechos que le fueron conculcados.
Nunca antes un pequeño país en América se había erguido con tal virilidad
tras los sueños de Bolívar y Sandino.

La contradicción con el rapaz explotador de nuestro pueblo era cada vez
más violenta y explotó meses después con la invasión de Girón, primera
derrota militar del imperialismo en América.

Pero aún en estos momentos de máxima tensión, y en los que vendrían luego,
siempre los cubanos supimos distinguir entre los voraces designios del
gobierno de Estados Unidos y la amistosa mano extendida del pueblo
norteamericano.

Para participar en los festejos por el segundo aniversario del Triunfo de
la Revolución cubana acudió una brigada norteamericana y canadiense de
alrededor 450 integrantes del denominado Fair Play for Cuba Committee.

Un periodista norteamericano que visitó la Sierra Maestra durante la lucha
armada y entrevistó allí a nuestros principales jefes guerrilleros, Bob
Tabor, quedó impresionado por su diáfana transparencia y disposición al
sacrificio en aras de los intereses de su pueblo y tan pronto se iniciaron
las primeras agresiones y campañas contra nuestro pequeño país empeñado en
recuperar su soberanía y sus riquezas, se vinculó con otros compatriotas
suyos y desde el seno de Estados Unidos inició una campaña en defensa de
esos derechos.

Después del vibrante discurso de Fidel, el día 3 de enero estaba
organizada la recepción oficial que el Presidente Osvaldo Dorticós ofrecía
en el entonces Palacio Presidencial, hoy Museo de la Revolución, a los
invitados a dichos festejos, el cuerpo diplomático y el gobierno.

Dorticós, relevante abogado cienfueguero, cuya contribución en la
Resistencia Cívica al batistato fue notable, había sido designado en un
cargo ministerial novedoso y original: ministro de leyes revolucionarias.
Al no contar entonces con un parlamento que elaborara y discutiera las
leyes tuvo esa responsabilidad y el Consejo de Ministros las aprobaba.

Es conocido el papel anti unitario de Urrutia como Presidente. Al
renunciar Fidel como Primer Ministro y denunciarlo públicamente, un
movimiento popular reclamó su retorno y la salida del Presidente. Al
sucederlo, Dorticós puso como condición para aceptar esa responsabilidad
mantener su salario de ministro y no residir en aquel Palacio donde
habitaron bandidos de toda laya.

La noche de la recepción, las salas del Palacio estaban atestadas y
alrededor de Fidel se arremolinaban cientos de visitantes ávidos de ver de
cerca y conversar con el Jefe de la Revolución y también rodeaban a
Dorticós ubicado en otro extremo del salón principal.

Fue en esa recepción que se conoció la noticia de la ruptura de relaciones
diplomáticas. Yo estaba alrededor del Comandante en Jefe asegurándome que
hubiera allí funcionarios del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos,
ICAP, capaces de traducirle y me había desplazado a donde se encontraba
Dorticós a supervisar lo mismo cuando un asistente le susurró algo al
oído.

Todos disfrutábamos un excelente tamal en cazuela cuando el Presidente
dijo: si la noticia que me acaban de dar se la hubieran dicho a cualquiera
de los presidentes que pasaron por este sitio les aseguró que el plato se
le hubiera caído. Como ven el mío no se cae y terminaré de saborear este
sabroso tamal. No se da cuenta el gobierno de Estados Unidos que esta
Revolución que encabeza Fidel es de un indestructible basamento popular y
la ruptura de relaciones diplomáticas que acaban de hacer como preludio a
la agresión que preparan, no nos intimida, ni quita el sueño, ni me hace
temblar a mí para que se me caiga el plato. Así, con ecuanimidad, dio la
noticia al grupo que le rodeaba.

La información se fue dispersando por todos los salones y fue una
conmoción para la delegación norteamericana. Se percataban que era el
preludio de una agresión.
Recibí la indicación de convocarlos al día siguiente en la mañana en la
sede del ICAP, para reiterarles lo que para ellos era patente, es decir
que estábamos convencidos de la diferencia entre los siniestros designios
de su gobierno y los amistosos sentimientos del pueblo que representaban.

Hoy, al recordar aquellos días aprecio que el querido amigo Lucius Walker,
creador y dirigente del movimiento de Pastores por la Paz, ha sido un
continuador de estas expresiones solidarias siempre existentes del pueblo
norteamericano.

Aquella reunión en el ICAP donde pensábamos que alguno de sus integrantes
estaría preocupado por su situación en un país al que el suyo comenzaba a
agredir, fue otra cosa.

[1]image007Tras mi breve explicación una voz en español chapurreado
propuso donar sangre como gesto posible y práctico de ayudarnos con algo
de inmediato.
Desde allí mismo tuve que coordinar esa donación que fue masiva y esa
misma mañana.

Conservo las fotos de un amigo norteamericano leyendo en la sala del ICAP
el periódico Revolución con el anuncio del inicio de la escalada agresiva
y otra de ese mismo amigo solidario donando sangre.

No es imposible imaginarse que esa sangre salvara a alguno de nuestros
milicianos, herido meses después, en Girón.

(Tomado de [2]Moncada)

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References

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2. http://www.cubadebate.cu/opinion/2013/01/03/cuando-el-gobierno-de-eeuu-rompio-relaciones-con-cuba-su-pueblo-nos-donaba-sangre/moncadalectores.blogspot.com/2013/01/cuando-el-gobierno-de-eeuu-rompio.html


Original Source / Fuente Original:
http://www.cubadebate.cu/opinion/2013/01/03/cuando-el-gobierno-de-eeuu-rompio-relaciones-con-cuba-su-pueblo-nos-donaba-sangre/


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