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01/06/13 - Cartagena - Cuba: un asombroso surtidor de paradojas  El Universal

Por fin hemos llegado, mi esposo y yo, a ese largo lagarto verde, como
llamaba Guillén a la isla de Cuba. Mi ilusión era visitarla antes de que
terminara la época de los Castro. Tal vez por morbosa curiosidad, quiero
verificar por mí misma si todo lo que se habla, positivo o negativo, es
cierto.

La primera impresión

Es el mes de noviembre, acaba de pasar el huracán Sandy que castigó con
fuerza a la ciudad de Santiago, pero en la Habana hace un tiempo
maravilloso. Un radiante sol con un clima bajo en humedad y que no excede
los 25ºC.

Al  aterrizar en el aeropuerto José Martí de La Habana, pienso en todo lo
que sabía y sentía, antes de tener el privilegio de estar en Cuba; admito
que este país siempre me ha causado gran admiración. Y aunque sea
políticamente incorrecto y me tachen de comunista, o de fidelista, también
confieso que Fidel, no sé si será porque se parece físicamente a mi padre,
o por los logros sociales y la tenacidad con que ha resistido tantos
embates, ha despertado siempre mi simpatía y admiración. He aquí mi
primera paradoja: ¿Por qué un dirigente que va en contravía de tantos de
los principios que deben caracterizar a un buen gobernante, despierta en
mí estos sentimientos? Por otro lado, siempre que pienso en Cuba, en el
pueblo cubano, se me viene de inmediato a la cabeza, como un reflejo
condicionado, la palabra Dignidad, pero en mayúsculas. Porque para mí,
Cuba es el modelo de la dignidad de un pueblo. Había llegado el momento de
comprobarlo.

En esto voy pensando en el taxi que nos lleva del aeropuerto a la casa
particular, situada en La Habana vieja, donde nos vamos a alojar cuando,
sin previo aviso, golpea mi vista la ciudad en todo su esplendor, con sus
carros modelo años 40 y 50 rodando por unas calles amplias, semivacías
pero bordeadas de edificios que nos recuerdan a Buenos Aires, París o
Madrid. Así de impactante es la arquitectura habanera. Al verlas pienso
que hasta sus edificaciones han envejecido con dignidad. Muchas están
ruinosas, pero conservan su grandeza y su monumentalidad. La Habana a
diferencia de Cartagena y de otras ciudades del Caribe, no es colonial.
Tiene vestigios de construcciones coloniales pero en su gran mayoría las
edificaciones tienen la grandeza y el aire de las urbes europeas más
importantes. La ciudad nos muestra su pasado como centro de poder y
riqueza.

Al llegar nos recibe Adela, la dueña de casa, una cubana muy amable; una
mujer madura, un tanto reservada y discreta, pero muy cortés. Ella es lo
que ahora llaman en Cuba una cuentapropista. Personas que tienen
autorización del gobierno para tener su propio negocio y producir con él,
pagando impuestos al Estado. Cada día hay más cuentapropistas, con
restaurantes a los que llaman paladares, puestos de perros calientes,
pizzas, hamburguesas, taxis, bici-taxis, coco-taxis, entre otros. Poco a
poco, con paso tímido, se ha venido incentivando la propiedad privada y el
trabajo por cuenta propia.

La habitación asignada está muy bien. Limpia, con baño privado, sin lujos
pero con todas las comodidades necesarias. Pagaremos 25 CUC (equivalente
más o menos a 25 dólares americanos) por noche (por la habitación), más 4
CUC por persona por el desayuno diario, que resultó ser muy sencillo pero
bien hecho y bien servido. Adela vive con sus dos hijos, su esposo y su
madre. La casa es amplia, agradable y cuenta con una excelente ubicación.
Queda a la vuelta del antiguo Palacio Presidencial y del Museo de la
Revolución y tan sólo a una cuadra del mítico y populoso malecón, al que
llaman el sofá o el banco más largo del mundo. En las tardes, cuando baja
el sol, se colma de gente que llega allí para pescar, conversar, tomarse
unos roncitos escuchando música o simplemente para disfrutar del atardecer
y la brisa marina, cuando el fuerte oleaje lo permite.

Los contrastes de La Habana

No vemos la hora de salir a caminar para comprobar por nosotros mismos lo
que tantos otros nos han descrito de La Habana. Cuando salimos, percibimos
que realmente estamos en el corazón de la ciudad vieja. A contadas cuadras
nos encontramos con toda su grandeza. La avenida del Prado, los hoteles
Plaza, Telégrafo y Presidente, el Capitolio, el Gran Teatro de La Habana
con sus salas García Lorca, Lecuona, Lezama y Bola de Nieve. A los dos
días de estar en la isla, tenemos la oportunidad de asistir, en la
preciosa sala Lorca, a un espectáculo de danza, en el marco del Festival
Internacional de Ballet de La Habana que se realiza por estos días. Fuimos
a la premier de una obra, coreografía de la reconocida bailarina Alicia
Alonso, quien a sus más de 90 años todavía dirige obras para el Ballet de
Cuba. Además nos sorprende que esté presente en el teatro durante todo el
evento. El estreno es un homenaje, por el centenario de su natalicio, al
escritor cubano Virgilio Piñera. Otro día estuvimos en otro espectáculo en
el marco del mismo festival, en el moderno y amplio Teatro Mella, ubicado
en la zona del Vedado. Los dos días los teatros tuvieron lleno total, con
público mayoritariamente cubano. Las boletas son subsidiadas para ellos, y
se privilegia a los locales frente a los extranjeros.

Todos los sitios que recorremos están rodeados del más puro ambiente
cubano. La música vibra por todas partes, pero sin ruido. es decir
verdadera música, sin amplificación en ninguna parte. Esto, por contraste
con lo que vivimos a diario en Cartagena, nos encanta (y nos permitió
ratificar lo que pensamos), a diferencia de tantos otros: El Caribe, como
lo pude comprobar también en República Dominicana, Puerto Rico y Panamá,
no es bulla, no es ruido, es alegría, es música. Ese día y los siguientes,
caminamos muchísimo por la ciudad vieja donde se ven también parques bien
cuidados con bella y exuberante vegetación. La gente se ha apropiado de
estos espacios, los usan y los disfrutan. En el parque frente al Teatro,
se reúne diariamente lo que han denominado la tertulia beisbolera.
Discuten todo el día y todos los días sobre la llamada pelota caliente y
los transeúntes se van uniendo o dejando el grupo pero siempre hay un buen
número de participantes que animan el espacio con una amable y sana
discusión deportiva que no incluye violencia ni ánimos exaltados. 

Se puede apreciar en toda su magnitud el valorado y prolijo trabajo de
restauración que ha hecho, desde la dirección de la Oficina del
Historiador de La Habana, el historiador Eusebio Leal, a quien llaman
cariñosamente "el dueño de La Habana". Entre estas obras están, la Plaza
Vieja, la de San Francisco, la de la Catedral y la de Armas con su
ventorrillo de libros viejos y la imagen del Ché y Fidel inundando todos
los rincones; los vendedores ofreciendo la moneda con la imagen del Ché,
los habanos que fumaba el Ché, gorras y camisetas con su imagen. el
clásico culto a la personalidad de un hombre. También hay libros sobre la
revolución, revueltos en los mismos estantes con otros de distinta factura
como misales antiguos, obras literarias, álbumes con las marquillas de los
tabacos clásicos, estampillas y monedas antiguas. en fin una deliciosa
miscelánea de suvenires.

Mientras camino, en mi cabeza retumba la historia de las últimas seis
décadas de Cuba. Este país fue vilipendiado, durante años, por su vecino
del norte con la complacencia de sus propios dirigentes. Sin embargo
encontraron la forma -tal vez no la mejor y no es mi propósito defenderla-
de sacudirse y decir ¡basta! Se quitaron de encima no sólo una dictadura
opresora sino una humillación extranjera sin límites e iniciaron la
búsqueda de un camino propio. No ha sido un camino sembrado de suaves
pétalos, sino uno lleno de laberintos, afiladas espinas y trampas
insondables, que fue creando confusión en sus dirigentes, quienes después
de haber conseguido lo impensable, erraron el camino aislando a su pueblo,
equivocándose al elegir sus aliados y sosteniendo un sistema económico,
que hoy es prácticamente inviable. Además cometieron el mayor error:
durante décadas han tapado la boca de su pueblo, coartando muchas de sus
libertades y han mantenido una dictadura fuerte y anacrónica, que no
permite que la gente se manifieste abiertamente y pueda elegir libremente
su destino.

Llevamos varios días recorriendo la ciudad y disfrutándola. Caminar por la
bulliciosa y abarrotada calle Obispo con sus ventas de artesanías,
hotelitos, galerías de artistas, paladares, bares y librerías, buscando el
Floridita para tomarse la infaltable foto con Hemingway en el bar donde
dicen que se prepara el mejor Daiquirí del mundo, es una obligación. Otros
imperdibles son, el mojito en La Bodeguita del Medio, visitar el hotel
Ambos Mundos, donde vivió Hemingway, o almorzar en La Guarida, paladar
donde se filmaron algunas escenas de la exitosa película Fresa y
Chocolate. Las nostálgicas farmacias del siglo XIX como la Sarrá, Johnson
y Taquechel son un encanto con sus pomos, morteros, balanzas e
instrumentos antiguos, donde hoy se venden hierbas medicinales y se
preparan otros medicamentos naturales.

Mientras caminamos, escudriñamos (con la vista) hacia dentro de las
enormes casonas, casi todas con las puertas abiertas. Nos encontramos con
bellísimos pero ruinosos interiores, con ropas de todos los colores
tendidas al sol y al viento en balcones y terrazas. Escaleras y pasamanos
de mármol de Carrara, pisos con baldosines importados y portones,
frontispicios y rejas de la mejor calidad y diseño por todas partes, que
aun así, ruinosos como están, son un deleite para los sentidos. Muchas
personas viven apretujadas en estos grandes caserones antiguos, otrora
opulentos, a los que llaman solares (inquilinatos), donde a veces hasta 10
o más familias conviven compartiendo en ocasiones tan solo un baño por
piso. Por otro lado, es cierto que en toda la isla no hay nadie que viva
en casas precarias de cartón y plástico y nadie vive o duerme en la calle.

Desde la Oficina del Historiador, a través de su propósito de
restauración, se ha venido adelantando un plan especial para mejorar estos
solares, que busca, además de rescatar el patrimonio tangible, cuidar que
no se maltrate ni se desplace a la gente que allí vive; quieren que los
habitantes permanezcan pero en mejores condiciones. Nos cuenta nuestro
buen amigo Nelson Melero, quien ha trabajado de cerca con Leal, que tienen
albergues temporales especiales para ubicar a las personas que habitan las
casas mientras estas se intervienen. Como al restaurar y mejorar las
condiciones habitacionales de estas casonas no cabría el mismo número de
familias, se negocia con quienes acepten salir de la ciudad vieja y se les
ofrecen otros lugares que a su vez se arreglan o se construyen
especialmente para ellos; pero a quienes no quieran salir, se les respeta
su deseo. De esta experiencia, se debería tomar ejemplo y así evitar que
Getsemaní se termine convirtiendo en un barrio fantasma, como ya sucedió
con el centro amurallado.

Más, ¿es siempre mejor?

En Cuba no hay supermercados, ni almacenes por departamentos y mucho menos
centros comerciales. Las compras de comida se hacen en tiendas de barrio,
carnicerías o en pequeños mercados muy poco surtidos o carretas callejeras
como las nuestras. El comercio de ropa y otros bienes, consiste en
almacenes a la antigua, provistos con lo estrictamente necesario. Casi
todas las mercancías escasean por temporadas y hay épocas en que hasta
comprar un cepillo de dientes o un jabón se vuelve una odisea. Tampoco hay
opción de elegir marcas en ningún producto. Hay que arreglárselas con lo
que se encuentre.

Pero paradójicamente con tan poco, ningún ser humano se acuesta sin algo
en el estómago, toda la población tiene acceso a la salud, a la educación,
a la cultura, a la literatura, al deporte y a un mínimo vital de
alimentación, que reclaman utilizando la famosa libreta de racionamiento,
que infortunadamente cada día es más precaria. Las oportunidades, los
escasos bienes y el dinero, se reparten lo más equitativamente posible. Lo
difícil es, que al no tener mucho que repartir, todos o casi todos, tienen
enormes carencias materiales y esto, sumado al bloqueo, les impide
beneficiarse no sólo de diversos productos sino de los adelantos
tecnológicos con los que contamos otros. Pero como decía, nadie carece de
lo fundamental y todos tienen una vida digna, si por dignidad entendemos
que se tienen las necesidades básicas cubiertas.

Para comprar algunos libros, entramos a una librería en la calle Obispo.
Debo decir que compramos 12 libros por menos de 5 dólares, lo cual da la
dimensión de la importancia y el subsidio que tiene la industria
editorial. "Leer es crecer" se lee en varios carteles. Cuando estamos en
la caja, nos damos cuenta de algo que es muy curioso para quienes vivimos
en una sociedad de consumo: no se consiguen bolsas plásticas. Estas, son
un verdadero lujo. Nos queremos llevar los libros pero no hay donde
empacarlos; afortunadamente estamos con un amigo local que lleva en su
maletín, como todos los cubanos "por si acaso", varias bolsas o jabas como
las llaman ellos y nos saca del apuro. "La jaba - nos dice - es en
préstamo y con carácter devolutivo". Ellos bromean diciendo que el cuerpo
de los cubanos no se divide, como el de todos los demás mortales, en tres
partes sino en cuatro: cabeza, tronco, extremidades y jaba. Pero esta
carencia, tiene sus importantes ventajas. Al no usar elementos plásticos
desechables, no producen basura que contenga empaques de icopor, plásticos
o similares, lo cual es un aporte ecológico enorme.

La sociedad de consumo en la que estamos inmersos muchos pueblos del
mundo, nos está consumiendo como individuos y está consumiendo nuestro
planeta poco a poco sin que nos demos cuenta y sin que se tomen las
medidas adecuadas para evitarlo.

Pero La Habana no es tan solo la ciudad vieja, aunque sí es la zona más
visitada. Entre los otros barrios, se destacan los más conocidos como
Miramar o El Vedado, con sus enormes casas aristocráticas donde funcionan
las embajadas y residen las familias más acomodadas de la ciudad o que han
servido bien a la revolución y al partido. Están también múltiples barrios
residenciales donde vive el grueso de la población, que infortunadamente
no tenemos tiempo de visitar.

La presencia de los ausentes

Nos impresiona otra lujosa y bien cuidada ciudad de 57 hectáreas que está
dentro de La Habana. Es la bellísima Necrópolis o Cementerio de Colón. Las
elaboradas, engalanadas y cuidadas tumbas y mausoleos son de un
preciosismo inigualable. Esculturas de la Pietá, ángeles y arcángeles en
mármol, alabastro o piedra, engalanan el entorno de quienes lo habitan y
que ya no están vivos pero que dejaron para la posteridad su sello de
grandeza y opulencia que perdura hasta hoy. Lo recorremos con gran interés
y visitamos las tumbas más representativas.

Entre estas, nos llama la atención una con una historia singular. Es la de
"La milagrosa". Una mujer que murió de parto junto con su bebé. En la
bóveda, su padre, el conde Balboa, hizo que un escultor tallara la figura
de Amelia con el niño en los brazos y portando una cruz. Fue enterrada con
su hijo a los pies; después de un tiempo, con ocasión de unos trabajos de
reparación, tuvieron que exhumar el cuerpo y dicen que la sorpresa fue
mayúscula cuando encontraron el cuerpo de la mujer, casi intacto y al niño
en sus brazos. La gente le reza con fervor como a una santa, y alrededor
de su tumba hay una innumerable cantidad de pequeñas lápidas que
agradecen, con distintas palabras, los milagros concedidos.

La pacífica lucha del día a día

Disfrutamos mucho que en toda la isla se respire tanta paz y seguridad. Se
puede caminar por sus calles, a cualquier hora, con la tranquilidad de que
no le van a robar a uno; a lo sumo, algunos llamados jineteros, tratarán
de embaucar al turista para conseguir algún dinero, pidiendo que se les
invite a unos tragos, o intentar venderle tabacos u otras artesanías, como
de hecho nos ocurre, pero nadie se acerca a uno para hacerle daño. La
prostitución existe como en todos los lugares del mundo, y más en ciudades
turísticas como nuestra Cartagena y tantas otras. Las chicas, a las que
llaman jineteras, en ocasiones son estudiantes universitarias y tienen
arreglos con ciertos administradores de los establecimientos de rumba y/o
con algunos guardias de seguridad de los hoteles, con quienes comparten lo
que consiguen, pero al mismo tiempo ellos se encargan de protegerlas. En
Cuba, si un turista se propasa con una de estas chicas, la puede pasar muy
mal.

La sociedad cubana, como muchas otras alrededor del mundo es patriarcal.
Sin embargo las oportunidades están disponibles por igual para hombres y
mujeres. El aborto es legal desde 1965, como un derecho de la mujer. Es
una sociedad que no se caracteriza por el maltrato de género, sin embargo
en el ámbito íntimo de la familia existen parejas donde todavía se dan
estas conductas;  pero de forma general, la comunidad rechaza y sanciona
estos comportamientos. El orden social cubano, no engendra violencia
estructural, ya que el principio de igualdad y no discriminación están
incorporados a todas las leyes y políticas del país y son considerados
valores fundamentales que se inculcan desde la primera infancia. El
maltrato, la violencia y el trabajo infantil, son casi inexistentes y son
sancionados no sólo por la ley sino también por la sociedad.

Es poco común que un cubano le robe a otro cubano. Le roban al gobierno,
sustrayendo pequeñas cosas o alimentos durante su trabajo, eso sí. dicen
que lo hacen para poder subsistir y, como mecanismo de defensa, a esos
hurtos eufemísticamente los llaman "la lucha". La gran mayoría está en esa
lucha, porque es prácticamente imposible vivir con el equivalente a 20
dólares mensuales de sueldo que paga el gobierno a la mayoría de los
trabajadores, sean estos médicos de renombre, abogados, ingenieros etc. La
lucha diaria por tener un poco más de lo estrictamente indispensable es
muy dura y como ellos mismos dicen, muy difícil de explicar. A veces ni
ellos mismos entienden cómo logran vivir con ese ingreso. Sin embargo
cuando hablan de las dificultades de su lucha diaria, lo hacen con calma y
no se percibe rabia ni amargura en su voz. Se vislumbra, eso sí, un dejo
de desilusión pero también una gran esperanza de que las cosas cambien y
por fin se resuelvan definitivamente.

Cuba tocó mis fibras más profundas y me hizo evidente, lo que ya llevo
intuyendo desde hace varios años: se puede vivir plenamente feliz con muy
poco si se tienen las necesidades básicas cubiertas y si se está rodeado
de cariño, de paz y de seguridad. Para visitar Cuba, hay que dejar en casa
muchos prejuicios y preconceptos. Esto facilita el que se puedan percibir,
no sólo el verdadero encanto de su gente, sino sus logros y sufrimientos.

En la segunda parte de esta crónica, compartiré las experiencias vividas
en Cienfuegos, Trinidad y el poblado de Cartagena; también arriesgaré
algunas conclusiones. Aunque el viaje ha sido breve, las experiencias y
los sentimientos son extensos e intensos.

Los invito a ver en el siguiente enlace un video con una crónica del viaje
en fotografías, acompañadas con buena música cubana:

[1]http://www.youtube.com/watch?v=nF3DdCnUZtc

* Iliana Restrepo es la Directora del Área de Internacionalización y
Escuela de Verano de la Universidad Tecnológica de Bolívar.

References

Visible links
1. http://www.youtube.com/watch?v=nF3DdCnUZtc
        http://www.youtube.com/watch?v=nF3DdCnUZtc


Original Source / Fuente Original:
http://www.eluniversal.com.co/suplementos/dominical/cuba-un-asombroso-surtidor-de-paradojas-103957


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