01/07/13 - Granma (Habana) - Reducir la brecha entre potencial y realidad Central Grito de Yara Reducir la brecha entre potencial y realidad Dilbert Reyes Rodríguez Quien conozca que el central granmense Grito de Yara se diseñó y construyó para fabricar unas 80 mil toneladas de azúcar, y que esta cifra equivale al 80 % de la producción total de los cinco ingenios de la provincia oriental en la pasada zafra; no dudaría en valorarlo como el diamante aún en bruto de la industria azucarera territorial y su principal trampolín para el incremento previsto. En condiciones de estrechez y altura, albañiles rematan la parte superior del revestimiento refractario de una caldera. Solo 22 mil toneladas de grano dulce fue el último aporte posible de un central relativamente joven (1982), cerrado en la década pasada y reincorporado a la molienda en el 2010; pero ya con demasiadas heridas abiertas por el deterioro de cinco años en desuso. Toda reserva de eficiencia se perdía por los salideros y la vieja capa de aislamiento de las tuberías, por las paredes "mal vestidas" y quebradas de las calderas, era quemada junto al bagazo insuficiente, o escapaba en la desmotivación de los operarios que dieron la vuelta y marcharon. Nótese la renovación total de las paredes refractarias y las tuberías dentro de una caldera. La última zafra en el Grito de Yara fue como manejar a ciegas un títere de mil cuerdas. Afortunadamente, y a juzgar por la magnitud de las reparaciones realizadas esta vez, el ajetreo obrero no visto hace muchos años, y el estado de ánimo de los viejos y nuevos operarios, la campaña que iniciará aquí el venidero 9 de enero podría saldar las deudas con la eficiencia, sumar 11 mil toneladas en la entrega de azúcar crudo y dar un paso firme hacia el sueño de un potencial explotado al máximo. CIRUGÍA EN EL CORAZÓN La dirección del central calculó hasta los centavos para llevar a cabo una planificación, que previó acciones en todas las áreas, pero concentró esfuerzos en el justo corazón de la eficiencia industrial: la generación de vapor. "Esta ha sido la principal causa de nuestros problemas", conversa con Granma José Marín, director del Grito de Yara, ubicado en la comunidad homónima del municipio de Río Cauto. "La norma potencial de caña molida por día era inferior en 900 toneladas a la mínima de la capacidad de diseño. Esto de por sí ya significaba poco bagazo obtenido como combustible para las calderas -hubo que buscar en otros ingenios o emplear paja de arroz-; pero el deterioro estructural en las mismas agravó la situación, al exigir mayor cantidad de bagazo a quemar por hora y generar un vapor de mala calidad, insuficiente para los turbogeneradores, que sufrieron roturas graves", explicó. "A sabiendas del escollo, el grupo empresarial AZCUBA decidió que la mayoría de los ladrillos refractarios adquiridos por el sector se destinaran a la renovación de las tres calderas nuestras, y a fin de ejecutar una reparación integral, junto al revestimiento se sustituyó la tubería interior y los calentadores de aire. Aunque separado de las calderas, también recuperamos los tanques que las abastecen de agua, elevando a 1 500 metros cúbicos una reserva que en el 2012 era de 350 y limitaba el proceso de generación. "En fin, con lo realizado podremos corresponder al balance energético aprobado para esta contienda, definido por una norma potencial restablecida en 5 500 toneladas diarias de caña; las cuales deberán ofrecer el bagazo suficiente que permita laborar 16 horas de molida y cuatro más de procesamiento de todo el guarapo extraído. "Así se evitarán los volúmenes que antes se corrompían por quedar acumulados y no procesados debido a la carencia de energía, y además, daríamos tiempo a la recuperación de la cosecha en el campo, en pos de no interrumpir la fabricación por falta de caña. "De igual modo, con las calderas a punto, el autoabastecimiento energético sería un hecho, y venderíamos corriente al Sistema Eléctrico Nacional". Modesto González, mecánico de calderas con 26 años dedicados totalmente al Grito de Yara, confirmó la prioridad que se le dio a la revitalización del área y la seriedad con que asumieron el trabajo. "Llevamos años en esto y sabíamos que era una inversión clave para lograr estabilidad productiva, único modo de aportar cada vez más azúcar en bien de la economía cubana, pero también de nuestros ingresos y del progreso familiar a que aspiramos". DE LA PIEZA RENOVADA AL HOMBRE MOTIVADO En las palabras de los hombres se nota una fuerza diferente, un acento alentador que suena a identidad recuperada, y se descubre una comprensión masiva de que el central y la caña circundante decidirán, con un impacto creciente, el progreso de la comunidad. Por lo menos eso demuestra el regreso de muchos que se fueron desconfiados de una recuperación sólida. La inestabilidad de la fuerza calificada, hasta la zafra pasada, llegó a hacer tanta mella como el deterioro tecnológico; sin embargo, parece que en este sensible aspecto la contienda inminente también será diferente. "Rescatamos a muchos de los que se habían ido", vuelve Marín. "Buscamos individualmente a los de mayor experiencia, y acercamos más hombres de las jefaturas a los frentes de producción. Por eso hoy tenemos puntistas suficientes, técnicos de fabricación, operadores de tachos, de calderas, moledores, y los apertrechamos con cursos de evaluación rigurosa, desde los jefes de áreas hasta el último operario". Entre los que acudieron al llamado está Miguel Sánchez, mecánico de taller jubilado hace cuatro años, "porque mi experiencia puede ser útil todavía, y si la necesitan aquí está", confirma a Granma, mientras confiesa que el regreso no significa abandonar la parcela de tierra a la cual se dedicó luego del retiro. Pero la estrategia para garantizarse el personal necesario también incluye con intención a los jóvenes, y crea las condiciones para que se enamoren del oficio. Así pasa con el tornero adiestrado de 19 años, Luis Antonio Ortiz, quien se declara muy bien atendido por sus técnicos tutores. Ellos son responsables de las mañas que ya el muchacho domina, como centrar el material al golpe y barrenar con rapidez, según evidencian sus manos al taladrar él solo más de 300 tablillas de conductores, "muestra de la confianza ganada y uno de los motivos para querer quedarme a trabajar aquí". Ya puede contarse en horas el tiempo restante para que el Grito de Yara dé el pitazo de arrancada, y por lo menos en Granma, no será visto como uno más entre los incorporados a la contienda. Demasiadas expectativas hay alrededor del central de mayores reservas industriales del territorio, no tanto por el aporte físico esperado en esta zafra, como por la demostración de posibilidades para el futuro cercano; pues dentro de dos años -según el plan nacional, con más caña disponible y tras nuevas inversiones- deberá producir el doble de las 33 mil toneladas fijadas ahora. Original Source / Fuente Original: http://www.granma.cubaweb.cu/2013/01/07/nacional/artic01.html
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