01/22/13 - Cuba-L Direct (Albuquerque) - Cuba necesita inversiones: Grandes, medianas y de pequeño porte Dr. Eugenio R. Balari Cuba se encuentra urgida de cuantiosas y diversas inversiones, en realidad todos los sectores de la economía y otras actividades se encuentran necesitadas de ellas. Pero al parecer, las autoridades cubanas no se disponen a que las mismas afluyan en todas direcciones. ¿Qué factores pueden pesar para establecer criterios restrictivos o de exclusión sobre las pequeñas o medianas inversiones que provengan desde el exterior? En realidad no parece muy claro el asunto, pero si esos criterios existen, no han sido explicados lo suficientemente bien o de manera clara y transparente. Y de ser así como se manifestó recientemente, considero, que una vez más se ha tomado un camino arbitrario e incorrecto. Lo primero que surge es la sorpresa y después, una amplia especulación sobre las supuestas razones. ¿Será que segmentos de las autoridades o la burocracia que predomina en el país sienta temor ante ellas? ¿Considerarán que dichas inversiones puedan ocasionar perturbaciones políticas y que las gentes (los cubanos), poseedores de una gran resignación, comprensión o paciencia, asimilarán con conciencia la no presencia de estas. Desde mi percepción ha surgido una contradicción e inconsistencia, porque promover inversiones económicas (sean en escala grande, mediana o pequeña), es proceder en consecuencia con la necesidad, la letra y el espíritu de lo que recientemente acordaron en el Congreso del Partido. Tampoco es ético ni se vale, conspirar de forma abierta o solapada contra sus mismos acuerdos y proyecciones. El cambio de mentalidad a que han convocado, sufre un nuevo golpe por el pensamiento fosilizado, o quizás los dirigentes cubanos deban esclarecer más a que se refieren cuando hablan de ello. Cierto es que la economía de Cuba se encuentra requerida de grandes inversiones (miles de millones), porque es claro que se necesitan con urgencia para poder ampliar y modernizar la mayoría de los sectores económicos y otras necesidades infraestructurales o sociales. No Es ocioso recordar, que muchos potenciales inversionistas se encuentran esperando por la actualización de la ley de inversiones y conocer la seguridad y formas de participación que la misma ofrezca, pero ella se sigue dilatando. Me identifico con lo dicho sobre los miles de millones, porque es cierto; sin embargo, aprovecho para discrepar sobre el comentario que desdeña la inversión de los cubanos que viven en el exterior, sobre todo, por el infeliz argumento del escaso monto que estas puedan representar al país. ¿Cuántas fortunas no han surgido con mucho menos de un centenar de miles de dólares? ¿Acaso no lo sabe el expositor? La respuesta ofrecida menospreció cifras que se moverían entre 100 a 300 mil dólares. ¿Me pregunto (por desconocer los actuales rangos de préstamos), si la banca cubana los facilitaría en esas cantidades? Porque al cambio de 1 x 24, se estaría hablando de entre 2.4 a más de 7 millones de pesos. Resulta paradójico, algo superficial y contraproducente, visto en lo económico y político, el leer tal explicación. Han sido las autoridades cubanas las que iniciaron el programa de ajustes o reformas y las que anunciaron, que gradualmente, dejarían excedentes de sus puestos laborales a mucho más de un millón de trabajadores y como solución brindaron, la opción del trabajo particular o cooperativo, junto al del estado. En la eliminación de personal y actividades, que antes se encontraban al resguardo del estado; algunos trabajadores han logrado poner en marcha iniciativas privadas, pero otros muchos no. Este proceso no resulta sencillo de solucionar, tampoco deja de tener sus consecuencias económicas, sociales y políticas. Es un proceso sensible y complejo, que debe apoyarse sin dilaciones innecesarias. Las autoridades del país promovieron el trabajo por cuenta propia, lo hicieron como una vía de solución a las abultadas plantillas y otros problemas económicos existentes. Estimularon a los trabajadores excedentes a buscar sus propios medios de vida, a que organizaran unidades o actividades con sus propios esfuerzos y recursos, permitiendo contratar hasta más de una veintena de personas si fuera necesario. Lógicamente, ello dio origen al surgimiento de las pequeñas o micro empresas, aunque algún economista para congraciarse o defender su cargo, no las quiera denominar así. Cuan ridículo es, que a estas alturas nos encontremos en camuflaje de términos. Las nuevas actividades no pueden surgir de la nada, o de condiciones extremadamente precarias, requieren inversiones, recursos financieros para poder desarrollar sus actividades lo mejor posible; apelar a lo contrario en buena lógica es un contrasentido y no se puede justificar ni admitir (a no ser que dichos criterios se expresen por desconocimiento económico o por incondicionalidad oficialista). La situación de Cuba no es holgada financieramente. ¿Por qué entonces desdeñar determinados montos de capital, considerándolos a priori limitados o de poca monta, cuando se necesitan para todas las actividades posibles? La sociedad cubana debe ser una, aunque diversa, pero también indivisible. Es cierto que no se tratan de recursos cuantiosos lo que el sector emergente requiere, aunque tan poco de insatisfactorios niveles de financiamientos oficiales. De acuerdo a mi experiencia, diversas mega-inversiones que se desarrollaron, contaron con financiamientos externos y efectivamente, todas hasta el presente se hicieron en asociación con entidades estatales. Algunas funcionaron bien y otras no, pero en general esa fue la vía que el país utilizó durante décadas anteriores. ¿La política seguirá siendo estrictamente la misma, o es de suponer que algunos desean que así se mantenga? ¿Dónde quedarán entonces, las posibilidades de autonomía y flexibilidad para los nuevos espacios económicos que se encuentran abriendo en Cuba? El viejo diseño inversionista (necesario o conveniente en ciertos aspectos y sectores), visto desde la nueva perspectiva, ángulos o dimensiones estratégicas, requiere también flexibilizarse, pero tampoco será el que resolverá los problemas del empleo y mucho menos el de elevar o expandir el poder adquisitivo de la mayoría de los ciudadanos del país. Empleo bien retribuido debe generalizarse en todas las actividades (estatales, cooperativas o privadas); otros tantos cubanos, no importa que ganen importantes sumas de dinero, siempre y cuando los redistribuyan por toda la sociedad. Mientras el estímulo material, no se convierta en la palanca efectiva para el crecimiento económico/productivo, no se consolidará la economía del país y difícilmente veremos a Cuba salir del laberinto donde se encuentra metida. Los trabajadores deben sentirse bien remunerados, reconocidos o estimulados y hacer de la organización y disciplina, como con frecuencia se les solicita, un sacerdocio. La calidad de los productos y servicios debe ser un estandarte nacional. El país debe contar con un fuerte mercado doméstico (homogéneo y cohesionado), es necesario acabar con la diversidad y heterogeneidad existente de (precios, surtidos y calidades diferenciadas). Mientras no crezca la producción, se eleve la productividad laboral, o se expanda la capacidad solvente entre la gran mayoría de los cubanos, sencillamente, será imposible transformar la actual situación existente. ¿ Eso lo lograrán sólo las grandes inversiones? Reflexiono sobre estas ideas, porque si positivas pueden ser las grandes inversiones (miles de millones de dólares), subestimar las que necesitan los trabajadores individuales, de las micro, pequeñas o medianas empresas; que serán las que promueven empleos y riegan el dinero por todas partes, me parece que no tiene ningún basamento económico serio y no es una posición táctico/estratégica correcta para salir adelante. Me hubiera gustado más, recibir esa noticia de parte del coordinador del programa de ajustes en Cuba, que es un economista y no un político, pero en todo caso de lo que se trata es que se debe aprender a manejar, equilibradamente, lo que debe hacerse entre los intereses económicos y los políticos. Del pequeño capital, muchas veces surge el gran capital, la modesta empresa casi siempre se transforma en una grande, cualquier actividad por modesta que sea, siempre requiere de algún esfuerzo inversionista. La buena organización, eficiencia y productividad, cuando se logra alcanzar, son formulas ya conocidas del correcto desempeño empresarial; que con voluntad, recursos, organización, interés y tenacidad, por lo general se abren paso y salen adelante. Varios países de Europa después de la 2ª Guerra Mundial, sacaron a sus gentes de la crisis, el hambre y la pobreza, y alcanzaron luego un elevado nivel de desarrollo cuando fomentaron la pequeña y mediana empresa. ¿Es absurdo negarse a las inversiones extranjeras en las micro, pequeñas o medianas empresas, o subestimar las inversiones con el exterior y aún más, si se trata de elementos de la diáspora cubana. ¿A que se teme? ¿Cuál es la preocupación? ¿Es económica o política, o una mezcla de ambas? ¿Incompetencia estatal para garantizar las obligaciones de las mismas? Si algo de ello es la razón o cualquier otro aspecto no considerado, hay que ventilarlo pública y claramente, pero con serios argumentos. Luego, cada quién sabrá a qué atenerse con relación al proceso de cambios que se produce en Cuba. Porque las gentes, tanto en el plano doméstico como en el extranjero, necesitan proyectarse con reglas del juego absolutamente claras y transparentes. Las reiteradas apelaciones del propio jefe de estado y gobierno, me ratifican, que aún se manifiestan reservas político/económicas en (veteranos y ahora en jóvenes), sobre las perspectivas de las mismas reformas que ahora dicen impulsar. Si es así, deben salirse o habrá que sacarlos del juego y pasarlos al banco, porque nos encontramos en el 2012 y en el siglo XXI, en un mundo muy complejo y contradictorio, donde aún nadie posee la verdad absoluta. ¿O quizás me equivoco y puede ser que exista miedo al mono y hasta la cadena que lo sujeta? ¿No se puede estar de acuerdo, menos a estas alturas y circunstancias de la situación del país, en que las inversiones extranjeras sí son importantes para las grandes empresas del estado, y no lo son para las medianas, pequeñas o microempresas, que ahora son las que comienzan a desarrollarse (las emergentes) y tratan de salir adelante. Desde una percepción más realista, el argumento para descalificar las inversiones de sectores de la diáspora cubana, es sencillamente superficial, inconsistente y poco justificable. Tampoco ayuda políticamente a facilitar el acercamiento o una futura reconciliación entre cubanos. Impedir, o rechazar el interés de los nativos a vincularse a las nuevas circunstancias económicas de Cuba, es una posición política arbitraria, débil, inconsecuente y bien contradictoria con las prioridades de que han hablado las autoridades de país. Restan a su vez credibilidad (nacional e internacionalmente), a lo que acontece en la Isla, más cuando no existe legal o jurídicamente nada que lo impida. Los mega-proyectos económicos que se desarrollaron en Cuba, por lo general no fueron muy exitosos; se dilataron más de lo debido para su puesta en marcha y no siempre satisfizo las expectativas que generaron. Se caracterizaron por ser proyectos costosos, algunos poco eficientes y productivos, generaron endeudamientos considerables y gastos de materias primas con las que no se contaban; supeditándonos además, a la compra permanente de estas en el extranjero. Y por supuesto, que me identifico con la necesidad de ellas, solo que alerto algo sobre experiencias anteriores. Ya es hora, de que en las decisiones predomine un pensamiento científico y se actúe o proceda con dirección científica de la sociedad. Excluir las inversiones hacia las pequeñas o microempresas desde el exterior, me hace surgir la duda sobre ello y como a otros tantos cubanos, me inquieta el verdadero sentido táctico/estratégico, o la transparencia con que se adoptan las medidas de reajustes por las autoridades del país. Porque dar pie a la especulación de los que no creen en ellas y solo consideran que se trata de ganar tiempo o de mantenerse un equipo en el poder. ¿Me pregunto, tiempo a qué?, porque en realidad no sé a qué se espera, y más cuando no se creen en milagros. Pensar que la economía crecerá en armonía y se desarrollará sobre la base de grandes inversiones; es insistir en una política unilateral y utópica, que marcará nuevamente limitaciones y desequilibrios económicos/sociales; que a la larga, al no verse apoyada por la mediana y las pequeñas empresas, no conseguirá el desencadenamiento exitoso del conjunto de las fuerzas productivas, porque ambas son complementarias. Distante de ser agorero, pienso, que de reafirmarse tal concepción excluyente de las inversiones de menor cuantía, mi pronóstico sobre los cambios que se producen en Cuba, dejaría de ser optimista. Reitero, que la sociedad cubana necesita elevar masivamente su poder adquisitivo, mejorar sustancialmente su nivel y calidad de vida, lograr satisfacer una serie de requerimientos esenciales, algunos de los cuales han quedado rezagados y generan gran insatisfacción entre muchos compatriotas. Las nuevas generaciones necesitan soñar, tener ilusiones de prosperar y mejorar sus condiciones de vida; cerrar vericuetos o frenar la prontitud a lograrlo, es matar dichas perspectivas y entonces, los caminos que se asumen marchan en otras direcciones. No me sitúo en el campo de los pesimistas, tampoco soy vidente o adivino, pero considero que con esas restricciones a las inversiones, no se alcanzarán los amplios propósitos de mejorar las condiciones de vida de la sociedad cubana, por lo pronto, en el corto o mediano plazo. Es imprescindible, que el dinero que recibe el ciudadano se incremente y se riegue de manera significativa; ese aumento de la solvencia económica jugará un papel importante en el incremento del consumo, otorgándole un necesario dinamismo a los mercados y como consecuencia de ello, a la economía en su conjunto. La solvencia económica entre la población, es un elemento clave en la política de estímulos y seguridad para los ciudadanos; no hay porque cerrar puertas ni excluir, solo tener la debida precaución de que se hagan selecciones acertadas y convenientes, donde las consultorías públicas o privadas puedan jugar un importante papel para evitar decisiones festinadas, inexpertas o incorrectas. Las medianas, pequeñas o micro empresas ( privadas o cooperativas), tienen la virtud de poder proliferarse por todas partes, de convertirse en decenas o cientos de miles, dando empleos y remuneraciones salariales en correspondencia con sus márgenes utilitarios, pero para ello hay que desarrollarlas, brindándoles los apoyos que necesitan, sin excluir a los cubanos que desde el exterior deseen involucrarse. Convencido estoy, que muchos cubanos que viven coyuntural o definitivamente en el exterior, serían portadores de nuevas ideas, de tecnologías convenientes, de otras tantas iniciativas oportunas, de novedosos enfoques mercadológicos, así como protagonistas de diferentes vías para ampliar los fondos exportables del país. Por todo ello, en el nuevo contexto socioeconómico que se desarrolla en Cuba, definitivamente, levanto mi voz ,a favor de las inversiones de la diáspora cubana y rechazo las posiciones de los que tratan de impedirla.
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