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01/11/13 -  Punto Final (Chile) - Platas de la CIA financiaban al PDC

Seguir la historia chilena contemporánea es como ingresar en un territorio
oscuro, cerrado; se repiten los personajes y la trama se acerca a la tragedia.
La historia de Chile de los últimos cincuenta años tiene, como las grandes
tragedias, un sentido oculto, incluso más duro y cruel que el dolor y la sangre
que baña la superficie.  La historia contemporánea, y por extensión la pasada,
no responde exclusivamente a la historiografía ortodoxa ni a la agenda política.
Eso es la apariencia.  Como también lo es el hecho de contar con una historia
propia, de nación independiente, soberana.  Los grandes acontecimientos
políticos de los últimos cincuenta años no fueron gestados sólo en Chile, como
sí lo fue el crecimiento del movimiento social en busca de la justicia y
libertad.  Una fuerza oscura y silente, en la más completa extensión de estas
palabras, se orquestó en Washington para impulsar en este rincón del mundo la
peor tragedia de su corta historia.  La trama, escrita desde la Casa Blanca a
inicios de la década de los 60 del siglo pasado, tuvo como objetivo frenar los
procesos sociales en Chile y el ascenso de las fuerzas de Izquierda.  Una
estrategia puesta en marcha por Estados Unidos a través de diversos mecanismos,
desde el adoctrinamiento militar e ideológico en la Escuela de las Américas al
financiamiento de gremios empresariales, medios de comunicación y partidos
políticos.  En este punto, destaca el papel fundamental que jugó la Democracia
Cristiana.  Esta es la línea de investigación del último libro del historiador
Luis Corvalán Marquez, La secreta obscenidad de la historia de Chile
contemporáneo, publicado por Ceibo Editores.  El relato se inicia en los albores
de los años sesenta, para terminar poco más de una década después.  La
investigación de Corvalán Marquez está documentada, entre otros registros, por
el informe de la comisión del Senado norteamericano que presidió Frank Church,
sobre las actividades de la CIA en Chile.  Una trama protagonizada por el mismo
presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, el entonces director de la CIA,
Richard Helms, y el secretario de Estado, Henry Kissinger.  En años de guerra
fría, la llegada al poder a través de elecciones de un gobierno de Izquierda
anticapitalista en Sudamérica justificó todos los medios para eliminarlo: desde
el financiamiento de partidos opositores, medios de comunicación, activistas de
derecha, gremios, y claro está, las bien adiestradas fuerzas armadas.  Aun
cuando la intervención de la CIA en Latinoamérica ya era muy activa, el caso
chileno tiene especial relevancia.  Era un proyecto socialista que surgía desde
las urnas y se desarrolla acotado a la institucionalidad.  Esto es precisamente
lo que no tolera Washington: que Allende se convierta en un modelo
latinoamericano y mundial.  Washington, dice Corvalán Marquez, consideró que el
eventual triunfo de la Izquierda en Chile cambiaría la correlación de fuerzas en
el continente, estimulando procesos análogos, contribuyendo a que EE.UU.
perdiera su hegemonía en la región.  Para impedirlo, el gobierno norteamericano
redobló su intervención en los asuntos chilenos.  Dice el Informe Church que la
CIA "financió actividades que cubrían un espectro amplio, desde la simple
manipulación propagandística de la prensa hasta el financiamiento en gran escala
de partidos políticos chilenos; desde sondeos de la opinión pública hasta
intentos directos de fomentar un golpe de Estado".  El proyecto reformista del
PDC fue clave para los intereses estadounidenses, lo que está documentado en los
tempranos vínculos entre el partido chileno y la CIA, que se profundizan durante
los años siguientes hasta consumarse el plan B, que fue el golpe de Estado.  Aun
cuando no está registrada la colaboración directa de la CIA en la salida
neoliberal-binominal de la dictadura de Pinochet, hay numerosos antecedentes
para afirmar que fue también articulada en Estados Unidos.  Si el PDC, con
Patricio Aylwin a la cabeza fue crucial para impulsar el golpe de 1973, hacia
finales de los 80 el mismo Aylwin, representando al reformismo conservador,
dirigió la transición neoliberal que mantuvo el modelo y la Constitución de
Pinochet.

LOS ALBORES DE LOS 60

El paradigma reformista requería de los vínculos con el PDC, los que se inician,
según el Informe Church, hacia comienzos de la década de los 60, cuando EE.UU.
empezó a hacer importantes aportes financieros al partido chileno.  El año 1962,
dice el Informe, "el Grupo Especial aprobó 50.000 dólares para fortalecer al
PDC".  Agrega que "el 27 de agosto del mismo año, el Grupo Especial aprobó el
uso de un canal de financiamiento a través de un tercer país, presupuestando
ciento ochenta mil dólares para los democratacristianos chilenos durante 1963
(.) La elección presidencial de 1964 -dice el Informe- fue el principal ejemplo
de un proyecto electoral de gran envergadura.  La CIA gastó más de dos millones
seiscientos mil dólares en apoyar la elección del candidato democratacristiano
(Eduardo Frei Montalva, N. de PF), en parte para impedir el ascenso al poder del
marxista Salvador Allende".  Además del apoyo brindado a los partidos políticos
-continúa el Informe-, la CIA montó una masiva campaña de propaganda
anticomunista.  Fue una "campaña del terror, -afirma-, que hizo abundante uso de
imágenes de tanques soviéticos y pelotones de fusilamiento cubanos, y que estuvo
dirigida especialmente a la mujer".  Durante la tercera semana de junio de 1964,
un grupo financiado por la CIA producía diariamente veinte spots radiales para
Santiago y 44 para estaciones de provincia, además de programas noticiosos de
doce minutos de duración -cinco veces al día- en tres radios de Santiago y 24 de
provincia.

DIPUTADOS FINANCIADOS POR LA CIA

El Informe Church es elocuente sobre esta materia.  En febrero de 1965 -dice- el
Comité 303 aprobó 175.000 dólares "para un proyecto de acción política de corto
plazo, orientado a brindar apoyo clandestino a candidatos preseleccionados que
participarían en las elecciones parlamentarias chilenas de marzo de 1965.  Según
la CIA, veintidós candidatos fueron seleccionados por la oficina local de la CIA
y el embajador; de ellos, nueve fueron elegidos".  Hacia 1970, agrega el
Informe, la CIA había gastado en total casi dos millones de dólares en
operaciones secretas en Chile.  La campaña presidencial de 1970 tuvo ciertas
diferencias para la CIA.  Esta vez decidió no apoyar a ningún candidato en
particular, en tanto centró sus esfuerzos en desprestigiar la candidatura de
Salvador Allende.  Tal cosa debía llevarse a la práctica a través de lo que la
Agencia denominó "una campaña de sabotaje".  En total, "la Agencia gastó de
ochocientos mil a un millón de dólares en acciones clandestinas para influir en
el resultado de la elección presidencial de 1970".  "La campaña del terror -dice
el Informe-, contribuyó a la polarización política y al pánico financiero
posterior al 4 de septiembre.  Temas que se habían desarrollado para la campaña
electoral recién concluida -agrega- fueron explotados por la CIA con más
intensidad durante las semanas posteriores al 4 de septiembre, en un esfuerzo
por causar pánico financiero e inestabilidad política suficientes para provocar
que, en función del golpe, se movilizara el presidente Frei o los militares
chilenos".

EL TRIUNFO DE ALLENDE Y EL PLAN DE NIXON

El 15 de septiembre de 1970 se celebró en la Casa Blanca una reunión en la que
participó el presidente Nixon, el asesor para asuntos de Seguridad, Henry
Kissinger, el director de la CIA, Richard Helms y el procurador general John
Mitchel.  En ella el presidente planteó que "un gobierno de Allende en Chile no
era aceptable para EE.UU.". Con este predicamento procedió a ordenar a la CIA
que tomara medidas para impedir que Allende accediera al poder.  "No importan
los riesgos involucrados -dijo-; diez millones de dólares disponibles, más si es
necesario; trabajo a tiempo completo de los mejores hombres que tengamos; plan
de acción: hacer que la economía chilena aúlle; 48 horas para el plan de
acción", ordenó Nixon.  El plan de Estados Unidos contaba con el apoyo de las
ideologizadas fuerzas armadas y de los medios de comunicación, principalmente El
Mercurio, al que le entregó más de un millón y medio de dólares.  Pero el papel
del PDC fue fundamental.  "Este partido, argumenta el historiador Corvalán,
podría haber jugado durante la UP el rol de un verdadero centro, como muchos de
sus integrantes lo intentaron.  No obstante, la colectividad terminaría
plegándose a la polarizadora política norteamericana.  ¿Debido a qué?  En medida
importante al gran peso de su sector conservador, que finalmente pasará a
controlar el partido, todo ello correlacionado con la radicalización de su base
social, en gran parte clases medias, derivada del inducido deterioro económico
del país y de la campaña del terror".  La campaña -señala el Informe Church- fue
de enormes proporciones.  Ocho millones de dólares se gastaron en los tres años
que van desde la elección de 1970 hasta el golpe militar de septiembre de 1973.
Se entregó dinero a los medios de comunicación, a partidos políticos de la
oposición y, en cantidades más limitadas, a gremios del sector privado.  Los
aportes que EE.UU. hiciera a los opositores no se repartieron por igual.
Beneficiaron principalmente al Partido Demócrata Cristiano y al Partido
Nacional, en ese orden.  Los documentos norteamericanos desclasificados, así
como también el Informe Church, son categóricos al respecto, dice Corvalán
Marquez.  Durante el gobierno del presidente Allende, EE.UU. continuó
proporcionando enorme apoyo financiero al PDC, que excedía al que entregaba a
los otros partidos, respaldo que ahora "ya no buscaba potenciar una alternativa
modernizadora frente a la revolución cubana y que impidiera un triunfo electoral
de la Izquierda, como en la década anterior, sino el derrocamiento de Salvador
Allende".  Si el PDC llegaba a algún tipo de entendimiento con el presidente
Allende sería muy difícil la implementación del golpe que buscaba EE.UU., pues
en ese caso las fuerzas golpistas quedarían aisladas, como sucedió luego del 4
de septiembre de 1970 y todavía durante 1971, afirma el historiador.  Si el PDC
se plegaba al golpe -como a la larga terminó ocurriendo-, todo se allanaría.
Esto explica por qué la potencia del norte consideraba que este partido era una
de las "fuerzas internas" más importantes a los efectos de provocar el
derrocamiento de Allende.  El apoyo financiero que la CIA entregara al PDC, en
todo caso, se canalizó hacia su ala más conservadora.  El Informe Church lo
confirma cuando se refiere a la resolución que el 8 de septiembre de 1970 tomara
el Comité 40 aprobando un fondo de 250.000 dólares para que, con el fin de
impedir el ascenso de Allende, "Frei y su equipo de confianza lo utilizara".
Bien sabemos que la orientación anticomunista y antiizquierdista que
caracterizaba a ese sector no era, sin embargo, compartida por otros segmentos
de la colectividad, como la encabezada por Renán Fuentealba.

DOLARES Y RADIOS PARA UN PDC GOLPISTA

El PDC distó mucho de jugar el rol de un verdadero centro político, afirma
Corvalán, es decir, el rol de fuerza abierta a la negociación y al acuerdo.  Por
el contrario, convergiendo con una extrema derecha que había retomado sus
tradiciones golpistas, cumplió una acentuada función polarizadora.  Fue así como
en 1971 comenzó a apoyar los paros gremiales.  Luego, en diciembre de ese año,
participó con el PN y el Frente Nacionalista Patria y Libertad en la llamada
"marcha de las cacerolas vacías".  "A comienzos de 1971 -sostiene el Informe-
fondos de la CIA permitieron que el PDC y PN compraran sus propias estaciones de
radio y diarios", precisamente por cuanto serían los mensajes comunicacionales
los que debían sembrar un estado de anormalidad sicológica en la población,
generando, a través de las campañas del terror, miedos irracionales al
"totalitarismo marxista".  Para el periodo 70-73, el Informe Church registra
periódicas entregas de dinero al PDC por parte de la CIA.  Un detalle es el
siguiente: "13 de noviembre (de 1970): el Comité 40 aprueba 25.000 dólares para
apoyar candidatos de la Democracia Cristiana; el 22 de marzo (de 1971): el
Comité 40 aprueba 185.000 dólares adicionales para apoyar al Partido Demócrata
Cristiano; el 10 de mayo (1971): el Comité 40 aprueba 77.000 dólares para la
compra de una imprenta para el diario del Partido Demócrata Cristiano.  La
imprenta no se compra -añade el Informe- y los fondos son utilizados para apoyar
el diario; el 26 de mayo (1971): el Comité 40 aprueba 100.000 dólares para ayuda
de emergencia que permita al Partido Demócrata Cristiano pagar deudas de corto
plazo".  Con los compromisos adquiridos por el PDC con la CIA los eventos
tomaron una sola dirección.  Así, el llamado al diálogo que hiciera Salvador
Allende el 1º de mayo cayó en el vacío.  Tanto o más cuando el 3 de ese mes el
sector conservador de la DC asumiera el control formal del partido, cuya
presidencia quedó en manos de Patricio Aylwin, quien se caracterizaba por su
incondicionalidad al ex presidente Frei.  El 5 de julio cayeron las máscaras,
cuando Aylwin hizo una declaración en la que afirmó que "la mejor garantía para
el restablecimiento de la normalidad democrática (era) la incorporación
institucional de las Fuerzas Armadas al gobierno, con poderes efectivos para
realizar las rectificaciones.".  Luis Corvalán Marquez, en un texto titulado "La
crisis de la dictadura y la mano de EE.UU. en la imposición de un recambio
neoliberal" retoma, a partir de la mitad de los 80, la presión de Estados Unidos
sobre la política chilena.  Como el Departamento de Estado negocia el fin de la
dictadura, acude a las mismas figuras que usó para sacar a Allende.  El PDC
vuelve a ser funcional a EE.UU., es el comodín contra la Izquierda y contra una
dictadura que ya estaba obstaculizando el desarrollo del modelo neoliberal.  A
partir de entonces, la historia es más cercana pero igualmente oscura.  Aun
cuando hay tantos antecedentes sobre los vínculos entre Estados Unidos y la
oposición de entonces, mantenemos nuestra perplejidad al observar el giro que
dio la Concertación, al apoyar las privatizaciones, la desregulación de los
mercados, al abrazar el modelo neoliberal y la Constitución de 1980.  En los
múltiples trabajos e investigaciones sobre esa época, aún no hay una respuesta
clara de la elite de la Concertación que explique este giro, que tiene
características de traición.  Al leer el texto de Corvalán, tal vez podamos
concluir que las relaciones del PDC con EE.UU. y la CIA hacen de aquella
voltereta algo innombrable.

PAUL WALDER



RECUADRO

La DC apoyó el terrorismo de Estado

Los líderes de la Democracia Cristiana han levantado en estos días, como gran
bandera moral, su rechazo a la violencia "venga de donde venga", y su respeto
por los derechos humanos.  Desde los albores del gobierno de Eduardo Frei
Montalva, el doble rasero DC se hizo evidente: en 1966 ese gobierno masacró a
los mineros del yacimiento de cobre de El Salvador y poco después, en 1969, a
los pobladores de Pampa Irigoin, en Puerto Montt.  El posterior apoyo DC a la
conspiración, al golpe militar y al terrorismo de Estado es otra tremenda
contradicción.  Patricio Aylwin y los líderes de entonces proporcionaron cuadros
técnicos a la dictadura, entre ellos Juan Villarzú y Alvaro Bardón, y sólo
restaron su apoyo, dice el historiador Corvalán Marquez, cuando fue evidente que
Pinochet no convocaría a elecciones.  "Lo que la directiva del PDC intentó luego
del golpe, escribe Corvalán Marquez, no fue otra cosa que disputarle a la
extrema derecha el ascendiente sobre los uniformados, buscando cooptarlos y
hacerlos funcionales a sus propios fines".  Es cierto que este proceso tiene
matices, como también lo tiene este partido con líderes no sólo impactados ante
las violaciones a los derechos humanos, sino también víctimas del terrorismo de
Estado, como Bernardo Leighton y su esposa, Anita Fresno, o valientes defensores
de los perseguidos, como Andrés Aylwin.  Otra clara muestra de la insensibilidad
democratacristiana ante las violaciones de los derechos humanos fue, más tarde,
el apoyo de algunos de sus militantes, como Gutenberg Martínez, al gobierno
terrorista de Napoleón Duarte en El Salvador.  Hace poco, Ismael Llona escribió
que "entre 1984 y 1989, los amigos de Gutenberg apoyaron a este gobierno e
incluso lo asesoraron.  El gobierno de Napoleón Duarte atropelló
sistemáticamente los derechos humanos".  Un proceso que se remonta hasta hoy.
Recientemente, la Democracia Cristiana con los votos de los senadores Soledad
Alvear y Patricio Walker aprobó el ascenso del juez Juan Manuel Muñoz a la Corte
Suprema.  Durante su carrera, este magistrado rechazó investigar crímenes de
lesa humanidad cometidos por la dictadura militar.  "En política, dijo el
presidente del PDC, hay que saber hacer negociaciones".  Lo más lamentable es la
mesura y cortesía del Partido Comunista al referirse a exabruptos anticubanos,
antivenezolanos y anticomunistas de la DC y de parlamentarios como Patricio
Walker.  El pacto Concertación-PC que se está cocinando, debería tener al menos
una ética elemental: respetar la historia y la verdad.

PF

(Publicado en "Punto Final", edición Nº 774, 11 de enero, 2013)


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