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01/30/13 - Martí Noticias (Miami) - Cuba: Religión a la carta

Ivan García

Si en 1959 un 70% de la población practicaba el catolicismo, en 2004, según datos de
la revista Newsweek, solo 150 mil personas acudían con regularidad a misa.  Imprimir
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Archivo - Un hombre se arrastra mientras carga una botella de agua y una estatua de
San Lázaro, en la iglesia del poblado de El Rincón, en La Habana, vísperas del día de
San Lázaro.

Ana Rosa, ingeniera de 46 años, dice que ella es seguidora del Dios auténtico.
Evangelista desde hace una década, asegura adorar a Jesús, el mismo que venera la
iglesia católica, pero con una interpretación diferente.

Para ella, el catolicismo es un fraude.  Y el Papa, un aderezo de mercadotecnia.  Más
o menos parecido piensa Miguel, un ferviente protestante que reside en la barriada
habanera de Lawton.

"La iglesia de Roma ha prostituido el discurso del Señor", afirma de manera tajante.
También Eliécer, un gerente de éxito, cree en Dios a medias.

Es el típico caso de sincretismo religioso.  Mitad religión yoruba e idolatría hacia
los orishas de los ancestros africanos.  Mitad lector de la Biblia y un tímido
respeto por los santos y las tradiciones católicas.  Aunque Eliécer no aprueba la
gestión del Cardenal Jaime Ortega.  "En quince años, dos Papas han visitado Cuba.  La
iglesia católica no ha tenido la decencia de reunirse con personas que practican
otros cultos, sobre todo los afrocubanos", dice sentado en un parque.

Sin embargo, y pese a la incredulidad de Ana Rosa, Miguel y Eliécer, muchas cosas han
cambiado en el último año.  A todas las confesiones religiosas, el Estado presidido
por Raúl Castro les ha permitido abrir una sede.

En la céntrica y sucia Calzada 10 de Octubre esquina Acosta, existía un derruido
cascarón que con paciencia y trabajo duro los seguidores de una secta evangelista
transformaron en un templo.  También, como muestra de la mejoría notable de las
relaciones del gobierno con diferentes religiones, se les permitió abrir un café
particular las 24 horas del día.

Ha llovido mucho desde que en enero de 1959 un enfadado Fidel Castro arremetió contra
sacerdotes y monjas, la mayoría de nacionalidad española.  Jóvenes cubanos cristianos
fueron los primeros disidentes que se opusieron al autoritarismo y conversión
marxista de la revolución.

La cruzada personal del barbudo fue furiosa.  El propio Cardenal Manuel Arteaga
Betancourt, debido a la represión, se vio obligado a refugiarse en la Embajada de
Argentina primero y después en la sede de la Nunciatura Apostólica, en 1961-62.  Un
año más tarde, el 20 de marzo de 1963, falleció.

Durante esa etapa de ofensivas y nacionalizaciones a granel, planes económicos
descabellados y utopías de formar un hombre nuevo, que peleara como una perfecta
máquina de matar gringos en cualquier sitio del planeta, el régimen de Castro
confiscó cientos de propiedades pertenecientes a la iglesia católica.

El asedio oficial provocó que los templos se vaciaran.  Era casi un sacrilegio adorar
a Jesús.  Las imágenes del Sagrado Corazón se escondieron en un cuarto de desahogo y
se sustituyeron por fotos de Fidel Castro.  Pero la travesía revolucionaria del
comandante sufrió una tormenta.  En su intento de subvertir el statu quo en América
Latina, los servicios especiales percibieron el alto grado de catolicismo existente
en el continente.

No se podía separar a Dios de los cambios sociales.  Tanto el brasileño Leonardo
Boff, figura destacada de la Teología de la Liberación en Brasil, como el padre
Camilo Torres en Colombia o el guerrillero salvadoreño Roque Dalton, dormían con la
Biblia, un libro de Carlos Marx y al lado un rosario.

Por oportunismo ideológico, Castro mejoró las relaciones Iglesia-Estado en los 90.
Sus extensas conversaciones con Frei Betto fueron publicadas en un libro impensable
en 1959: Fidel y la religión.  Cuando el Muro de Berlín se cayó, en 1989, ya los
cubanos habían vuelto abrazar la fe.  Cada cual se acogía a la religión que le
apetecía.

La santería floreció.  Tanto, que a día de hoy, es casi una industria.  El ñañiguismo
y la masonería crecieron en flecha.  Igual que otras denominaciones.

Se necesitaban templos.  Y el gobierno de Raúl Castro dio luz verde para que los
beatos edificaran sus santuarios.  La iglesia católica conservó sus ermitas.  Es
cierto que en los primeros 30 años de revolución daban misa a sala vacía.  Pero nunca
dejaron de hacer sus celebraciones.

El nuevo trato con el régimen permitió tejer una relación de confianza que los
catapultó a convertirse en mediadores de un conflicto político, a raíz de la muerte
del opositor pacifico Orlando Zapata Tamayo, el 23 de febrero de 2010, tras 82 días
de huelga de hambre.

Fue el diálogo a tres bandas entre el Cardenal Ortega, Castro II y el canciller
español Moratinos, el que propició la liberación de 75 disidentes en el verano de
2010.  A partir de esa fecha, la influencia de la iglesia ha ido en aumento.

El otrora Seminario de San Carlos, a tiro de piedra de la Bahía de La Habana, es el
único sitio donde se desarrollan diálogos respetuosos y se habla de una futura Cuba
democrática, con la participación de académicos, intelectuales y disidentes de
diferentes tendencias.  Sin el acoso de la policía política.

La autorización del general Raúl Castro a ceder bienes expropiados a la iglesia
católica, está en esa cuerda de buenas vibraciones que viene sosteniendo el gobierno
con el clero hace poco más de 15 años.

En sentido general la población aprueba las devoluciones de antiguos colegios y
conventos.  Aunque algunos se preguntan si la antigua Villa Marista, hoy sede del
Departamento de Seguridad del Estado, no debiera ser desmantelada y devuelta a sus
verdaderos dueños.

La gente espera más.  Desearía que a la vuelta de unos años, la iglesia católica
tenga una mayor participación en la salud pública y la educación.  De hecho, ya
Caritas-Cuba presta ayuda social a cientos de ciudadanos de escasos recursos
económicos.

El buen rollo entre la iglesia y los autócratas cubanos debiese trasladarlo el
Cardenal Ortega a intentar un diálogo con las múltiples denominaciones religiosas
existentes en todo el país.  Si en 1959 un 70% de la población practicaba el
catolicismo, en 2004, según datos de la revista Newsweek, solo 150 mil personas
acudían con regularidad a misa.

El sincretismo religioso es profuso en la isla.  Muchos creen en Dios, pero no todos
asisten a la misma iglesia.

Publicado en Diario Las Américas el 30 de enero del 2013.


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