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02/01/13 - Granma (Habana) - Tendencias y contradicciones, luces y sombras: Estados Unidos

Jorge Hernández Martínez (*)

En fecha reciente tuvieron lugar las elecciones presidenciales en Estados
Unidos, y hace apenas unos días se produjo la ulterior toma de posesión de
Barack Obama, iniciándose el pasado 20 de enero su segundo mandato. Si la
victoria electoral del candidato demócrata en los comicios del 2008 había
constituido un acontecimiento de gran trascendencia en la historia
política norteamericana, con resonancia mundial, su reelección no lo sería
menos.

En medio de una enmarañada situación interna, junto a un no menos complejo
entramado internacional, Estados Unidos se enfrenta, más allá del 2012, a
tendencias y contradicciones sin definiciones claras y precisas en cuanto
al modo de encarar sus retos y de aprovechar sus oportunidades.

Por un lado, a nivel doméstico, la nación ha permanecido marcada por
dificultades económicas, promesas incumplidas, insatisfacciones populares,
polarizaciones políticas, rivalidades ideológicas. Por otro, en el ámbito
externo, el país ha seguido inmerso en confrontaciones bélicas, dentro de
un escenario internacional de crisis económica, conmociones sociales e
inestabilidad política. En su articulación, tales procesos y conflictos
caracterizan el rumbo actual de la sociedad y la política norteamericana,
gravitando también sobre su devenir en el corto y mediano plazos. Entre
luces y sombras, se proyecta así la silueta de la segunda Administración
Obama, hacia una nueva etapa. Y aunque su figura le impondrá un sello
subjetivo propio al quehacer norteamericano en ese derrotero, los
elementos objetivos aludidos resultarán determinantes a la hora de fijar
posibilidades límites de la hegemonía futura de Estados Unidos.

Tras ganar su reelección, Obama expresó con tono esperanzador que lo
"mejor está aún por venir", tendiendo la mano a su derrotado adversario.
Al prestar juramento hace pocos días, el 21 de enero del 2013, afirmó que
"una década de guerra está terminando y "una recuperación económica ha
comenzado". Como revela la historia norteamericana, una cosa es el
discurso presidencial y otra el decurso de los hechos. A la vez, cuando se
mira el pasado político de Estados Unidos, queda claro que con frecuencia
la realidad no coincide con la presentación mítica que se hace de la
misma. En interesantes y oportunos artículos de Ramón Sánchez-Parodi y de
Dalia González Delgado, Granma ha mantenido a sus lectores al tanto de ese
proceso, de los caminos y laberintos analíticos para identificar, tras los
datos, las tendencias y contradicciones.

La segunda Administración Obama se conforma a partir del legado de
transformaciones sucesivas operadas en la estructura de la sociedad y de
la economía en Estados Unidos, que han propiciado mutaciones tecnológicas,
socioclasistas, demográficas, con expresiones también sensibles para las
infraestructuras industriales y urbanas, los programas y servicios
sociales gubernamentales, la cultura y el papel de la nación en el mundo.
Se trata de cambios profundos que durante los últimos treinta años han
modificado la fisonomía integral norteamericana, propiciando conductas de
abstencionismo e indiferencia. Ello ha erosionado las bases ideológicas
del consenso y alejado el centro de gravedad del espectro político del
liberalismo tradicional, condicionando el agotamiento del proyecto
nacional que se estableció en los años 80, bajo la denominada revolución
conservadora y que tomó un aliento renovado o "un segundo aire" como
secuela de los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001.

El proceso derivado tanto de las citadas transformaciones iniciadas en la
década de 1980 con el doble periodo de gobierno de Ronald Reagan como del
agotamiento implicado durante las dos administraciones de George W. Bush
luego del 2000, no ha conllevado, aún, una versión sustitutiva del
proyecto nacional; de modo que ante tales indefiniciones, Estados Unidos
enfrenta un escenario de transiciones objetivas que mantienen tensiones y
enfrentamientos e impiden la rearticulación subjetiva del consenso y el
restablecimiento de la legitimidad cuestionada. Las elecciones del 2012
expresaron esa contradicción, dada la incapacidad de los partidos y de sus
propuestas para presentar opciones genuinas ante un escenario que las
necesitaba y reclamaba.

El horizonte norteamericano que se distingue desde los inicios del 2013
está signado tanto por profundas contradicciones clasistas, derivadas de
la aguda polarización socioeconómica como por conflictos políticos
asociados al acceso a las cuotas de poder al interior de la clase
dominante, que se expresan en las posturas partidistas, pero que al mismo
tiempo, las trascienden. A largo plazo, el impacto estructural acumulado
de los cambios aludidos, junto a los procesos recientes en curso,
terminarán por imponer una nueva fachada productiva y tecnológica y hacer
inevitables reajustes en la estructura de la sociedad norteamericana, con
repercusiones para las relaciones sociales, la cultura y la vida política.
El tema de las energías renovables es uno de los mayores retos, con
consecuencias sociales, que marcarán el futuro de Estados Unidos. Se
vaticina, asimismo, una posible y no muy lejana recesión económica.

La política norteamericana seguirá marcada, en el corto y mediano plazos,
por la incertidumbre, la agudización de las contradicciones entre los dos
partidos y cierta ingobernabilidad del sistema, todo lo cual parece
apuntar hacia la definición de una eventual crisis de confianza o de
credibilidad en las instituciones y figuras que protagonizan la vida
política de la nación. Es difícil predecir, a la luz del presente, si
Obama logrará recuperar, durante su segundo mandato, el apoyo popular que
obtuvo en los mejores momentos de su anterior administración. Ello
dependerá de una combinación de factores, no tanto asociados a un probable
desempeño económico superior al alcanzado antes, sino a la posibilidad de
que el debate interno en torno a sus políticas a favor de la economía y la
recuperación del empleo ganen el apoyo de las mayorías y no sean
mediatizadas por debates en el Congreso, volviéndolas inefectivas.

La pérdida de la capacidad hegemónica de ese país seguirá reflejándose en
nuevas limitaciones y espacios para su desenvolvimiento en el sistema de
relaciones internacionales, en unos casos debilitando, en otros,
fortaleciendo, su nexo con los aliados, al mismo tiempo que condicionando
su confrontación con los adversarios, en un mundo crecientemente diverso,
competitivo y con capacidad de reacción. Ello tendrá las consiguientes
implicaciones para el imaginario de la sociedad estadounidense, en la cual
continuarán acumulándose desilusiones y frustraciones, ante la
constatación de que la nación se debilita objetivamente, junto a sus
valores y mitos.

Los cambios demográficos que llevarán, en las próximas dos o tres décadas,
a que la población anglosajona pierda su posición mayoritaria en la
pirámide poblacional y se abra un mayor espacio a las llamadas minorías,
en consonancia con la profundización de las tendencias que vienen
manifestándose hace años, especialmente en cuanto a la presencia y
proporción creciente de los "latinos", afroamericanos y asiáticos en la
sociedad estadounidense.

La escena que se está configurando en Estados Unidos luego de los comicios
presidenciales del 2012 confirma que en ese país las elecciones no están
concebidas ni diseñadas para cambiar el sistema, sino para mantenerlo y
reproducirlo, dando continuidad a un contradictorio camino, plagado de
tensiones económicas, políticas y sociales, en el que ni demócratas ni
republicanos, ni liberales ni conservadores, estarán en condiciones de
ofrecer opciones viables que consigan solucionar las crisis. El inicio de
la segunda Administración Obama, sin mucha alegría, con poca esperanza y
expectativas menores que las que afloraron en el 2009, posiblemente
simbolice la primera señal de una nueva etapa en la crisis de hegemonía
norteamericana.

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*Profesor y Director del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados
Unidos (CEHSEU), de la Universidad de La Habana.


Original Source / Fuente Original:
http://www.granma.cubaweb.cu/2013/02/01/interna/artic02.html


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