Home
Home | Search | Login
Hoy May 25, 2013, 3:36 pm Havana time.
Hide Menu
SEARCH NEWS
    Language:
02/01/13 - El Nuevo Herald (Estados Unidos) - El Beny, una leyenda sin rival  

por Arturo Arias-Polo 
1 de febrero de 2013 

Si Beny Moré canta mejor con los años no sólo se debe a la indiscutible calidad de su voz y a esa manera de interpretar la música cubana que le ganó el mote de El Bárbaro del Ritmo. Los discos, las películas y las anécdotas de quienes lo vieron mantienen vivo su recuerdo y provocan la añoranza por una Cuba que se pierde en la memoria. 

El Beny es un mito, un referente indispensable en cualquier antología musical que se convirtió en leyenda desde mucho antes de su muerte. Su nombre remite al esplendor de los salones de bailes, la época de oro del cine mexicano y un momento excepcional de la industria discográfica cubana. 

A diferencia de otras figuras que sufrieron los estragos del tiempo ante los ojos de su público, El Beny partió de este mundo a los 42 años con la voz intacta. 

Su legado musical, que atesora grabaciones con el Conjunto Los Matamoros, la Orquesta de Pérez Prado, Pedro Vargas y otras figuras de renombre, no sólo influyó en el movimiento salsero de los años 1970 y en el quehacer de estrellas como Oscar D' León, a quien muchos bailadores consideran el mejor intérprete de sus éxitos. 

Al igual que Willy Chirino -que trajo de Cuba en su maleta a Beny Moré de polizón-, muchos colegas de El Sonero Mayor preservaron su herencia en Miami, Nueva York, San Juan y en cualquier lugar donde sonara una guaracha, una rumba o un danzón. 

Y en un gesto insólito para la época, el exiliado de a pie, ese que se despidió de la isla para siempre en los albores de la hecatombe castrista, canonizó a El Beny y le abrió un espacio en el mismo altar de Celia Cruz y Olga Guillot -las diosas de la patria del recuerdo-, pasando por alto el hecho de que el sonero decidiera permanecer en Cuba, mientras que ellas, Rolando Laserie, La Lupe, Bebo Valdés, la orquesta Fajardo y sus Estrellas, Ñico Membiela, Fernando Albuerne y tantos artistas de su generación perdían su país a cambio de libertad. 

Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez nació el 24 de agosto de 1919 en Santa Isabel de Las Lajas, un pueblo del centro de Cuba que inmortalizó en una de sus canciones, tal como lo hizo con Santiago de Cuba, Cienfuegos, Manzanillo y Varadero.

Según cuentan, aprendió la guitarra siendo niño, armó su propio conjunto a los 16 años, y a los 20 tocaba en bares y cantinas habaneras. Andando el tiempo lo escuchó Siro Rodríguez, uno de los integrantes del Trío Matamoros, que en 1945 se lo llevó a México como parte del Conjunto Matamoros. 

Tras concluir la gira, El Beny se abrió paso allí, hasta que grabó Me voy pa'l pueblo, con la Orquesta de Mariano Mercerón, y Bonito y sabroso, uno de los tantos éxitos que popularizó con Pérez Prado durante el apogeo del mambo. Por esos años también participó en las películas Carita de cielo, Novia a la medida, En cada puerto un amor y Fuego en la sangre. 

El regreso de El Beny a La Habana, a principios de la década de 1950, y la posterior fundación de su Banda Gigante, coincidió con la llegada de la televisión, el esplendor de los grandes centros nocturnos, como el Alí Bar, un sitio donde lo veneraban, y el auge de las coproducciones cinematográficas con México. En una de ellas, No me olvides nunca, electrizó cantando un bolero. 

El inicio del boom de la industria discográfica cubana, que invadió los mercados de Latinoamérica y Estados Unidos hasta 1960, encontró en el cantante un valioso exponente. Y mientras cosechaba nuevos éxitos, dentro y fuera de su país, su anecdotario crecía tanto como su fama. 

El Beny sorprendía a los eruditos por su capacidad de concebir sus instrumentaciones y dirigir su orquesta sin saber música. Pero también podía desconcertar a su público con algún exabrupto en escena y sus famosas impuntualidades. 

Quienes estuvieron cerca de él lo describían como el hombre devoto de sus deidades afrocubanas, berrinchudo según las circunstancias, y temeroso de volar en aviones. Tenía además la peculiaridad de firmar su nombre con doble N, cuando se le antojaba. 

Sus romances y la adicción al alcohol, que le arrebató la vida, dan una idea del artista irrepetible que pasó a la eternidad en plena gloria. 

En apenas unos días, el martes 19, se cumple medio siglo de la muerte de Beny Moré. La leyenda sigue viva.


CUBA-L FAIR USE NOTICE

This server contains copyrighted material the use of which has not always been specifically authorized by the copyright owner. We are making such material available in our efforts to advance understanding of Cuba's political, economic, human rights, international, cultural, educational, scientific, sports and historical issues, among others. We distribute the materials on the basis of a 'fair use' of any such copyrighted material as provided for in section 107 of the US Copyright Law. In accordance with Title 17 U.S.C. Section 107. The material is distributed without profit. The material should be used for information, research and educational purposes. For more information go to: http://www.law.cornell.edu/ uscode/17/107.shtml.