Home
Home | Search | Login
Hoy May 23, 2013, 4:03 pm Havana time.
Hide Menu
SEARCH NEWS
    Language:
02/04/13 - Cuba-L Analysis (Albuquerque) - El desafío de re-articular el consenso

Entrevista al investigador y politólogo cubano Rafael Hernández, director
de la revista Temas

Roberto Veiga | La Ventana
 
"La sociedad tiene que generar su propio desarrollo, mediante la
participación creciente en los procesos de toma de decisiones. Este es el
desafío que tenemos delante ya, y que se agudizará en los próximos años, el
de un socialismo más social" .  En el quinto piso del edificio que ocupa el
Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), próximo a la
populosa esquina de 23 y 12, tiene su sede la más importante publicación de
ciencias sociales que se edita actualmente en Cuba. La revista Temas, desde
hace más de una década, se ha constituido en un espacio privilegiado e
imprescindible para adentrarnos en la realidad cubana. Allí acudimos para
conversar con Rafael Hernández, su director.

En nuestro entrevistado se funden con equilibrio la vocación política y la
académica. Durante veinte años dirigió los estudios sobre Estados Unidos en
el desaparecido Centro de Estudios sobre América (CEA). Ha impartido cursos
en universidades de Cuba, Estados Unidos, México y Puerto Rico. Ya nos
resultan familiares sus numerosos libros y ensayos sobre política
estadounidense, seguridad y migración, sobre cultura y sociedad civil en
Cuba. Pero quizás lo que más cautiva en él es su capacidad de articular un
discurso analítico, sólido y coherente sobre Cuba y sus retos de futuro. En
estos momentos tan especiales que vive el país Rafael Hernández ha querido
compartir sus reflexiones con Espacio Laical sobre variados temas de vital
importancia para la nación cubana. 

¿Cómo surgió el proyecto Temas? 

-Hubo una revista de teoría de la cultura llamada Temas, editada por el
Ministerio de Cultura, que se cerró en 1992, en medio de la crisis. Se
vivía entonces una situación paradójica, en que, por una parte, se había
tenido que cerrar o recortar una serie de medios de comunicación; y por
otra, se experimentaba una verdadera eclosión en los estudios culturales y
las ciencias sociales en general. Rebasado el peor momento, a fines de
1994, el entonces ministro Armando Hart, advirtió la necesidad urgente de
canalizar el debate de ideas en el pensamiento cubano, que, como siempre
ocurre con las crisis, estaba en auge. 

"Reabrir Temas fue una iniciativa suya; así como ofrecerme dirigirla.
Obviamente, ni él ni yo teníamos en mente una revista de culturología, sino
otra muy diferente. Mi proyecto partía de premisas y de un concepto
editorial totalmente diferentes a la anterior, de la que sólo conservamos
el título. Aunque estaba apoyada por el Ministerio, esta Temas no sería la
revista de una institución determinada, ni el órgano de un grupo
intelectual o cultural, que partiera de un planteamiento doctrinario
particular, un manifiesto o algo por el estilo, sino sólo un vehículo para
el debate y la reflexión crítica sobre los problemas de Cuba y del mundo
actual, dentro y fuera. 

"El Consejo Editorial es el órgano que encarna esta misión y gobierna la
revista. Son un conjunto de destacados intelectuales, investigadores,
estudiosos, académicos, que no sólo pertenecen a generaciones, géneros y
campos profesionales disímiles, sino que tienen maneras también distintas
de aproximarse a los problemas de la sociedad y la cultura. Cuando los
invité a integrarlo no había hablado nunca con muchos de ellos, ni los
elegí porque pensaran como yo. Ese Consejo decide los temas que tratamos en
cada número y los asuntos que se abordan en los paneles de discusión, y
juzga los textos que se someten a publicación.

"Temas se empezó a publicar en 1995, con un espectro de contenido muy
amplio, que abarcaba problemas propios de las ciencias sociales
-económicos, políticos, sociales, históricos, ideológicos-, y, al mismo
tiempo, de la cultura artística y literaria. Buscábamos tender un puente
entre esas dos repúblicas -la de las letras y la de las ciencias- que casi
nunca se tocan y que se realizan mediante instituciones y publicaciones
ajenas entre sí. Dentro de los modestos límites de una revista,
intentábamos contribuir a una mayor integración del pensamiento y de la
cultura cubanos. 

"Finalmente, nos proponíamos colocar al lector ante el horizonte de
problemas contemporáneos no sólo de Cuba, sino del mundo, vistos desde la
Isla y otras partes. Partíamos de considerar que los problemas cubanos no
eran únicos, y que solo se podían entender en comparación con los de otros
sitios y culturas. 

"Temas persigue estos objetivos a través de una convocatoria muy amplia,
que incluye autores nacidos o residentes en cualquier parte, con diferentes
perspectivas. El único requisito para considerar un ensayo en Temas -para
ser aprobado o rechazado por el Consejo editorial- es que presente un nivel
de análisis y problematización del asunto que trata. No es una revista de
opinión, sino de análisis. Quiero decir que su misión no es difundir
impresiones o criterios personales, sino textos fundamentados, con
referencias, fuentes, e incluso datos; y, sobre todo, con una perspectiva
analítica seria, que ofrezca argumentos demostrativos y discuta
críticamente los problemas. 

"No es un requisito que alguien en el Consejo editorial esté de acuerdo con
sus tesis, siempre que estén fundamentadas. En todos los números de Temas
hay artículos con los cuales muchos de nosotros, en el equipo editorial y
en el Consejo, no estamos de acuerdo." 

¿Por qué le interesa tanto a Temas el análisis diverso? 

-Porque vivimos el momento más diverso de todo el proceso y la historia de
Cuba en los últimos cincuenta años. Captar esa diversidad, la riqueza que
esta entraña para el desarrollo de la cultura cubana, insertar a Cuba en el
mundo -como diría Martí- a partir del tronco de nuestra cultura, diversa,
dinámica, múltiple, es la aspiración de la revista. 

¿Qué lugar ha llegado a ocupar Temas en el universo intelectual y académico
cubano después de casi 14 años? 

-No me correspondería a mí juzgarlo, porque soy parte -y ser juez y parte
no es muy apropiado-. Pienso que la revista tiene un nivel de
reconocimiento. Al principio contábamos con ser bien recibidos dentro del
ámbito académico e intelectual, en su sentido más convencional. Ha sido
así; pero hemos descubierto también que, por una parte, el ámbito
intelectual cubano es mucho más amplio de lo que nosotros creíamos; y por
otra, que la motivación para leer y conocer acerca de los problemas
tratados en la revista rebasa con mucho ese ámbito. 

"Encontramos que muchos de nuestros lectores son maestros, que enseñan en
distintos lugares, no sólo en universidades, y en campos más allá de las
humanidades, desde pedagógicos y academias militares hasta seminarios
religiosos. La mayoría de los lectores de Temas son personas con un nivel
universitario, e incluyen algunas que trabajan, por ejemplo, en salud
pública; o bien son dirigentes; o se dedican a actividades muy diferentes a
las que suelen ser identificadas con las del mundo de la cultura. 

"Desde luego, en el ámbito académico y de la cultura tenemos muchos
lectores y colaboradores. Pero es en ese otro gran auditorio al que me
refería antes, más allá del mundo de la cultura y la academia, donde la
resonancia resulta socialmente más significativa, en ese enorme acervo de
lectores surgidos de estas décadas. Aunque criticamos las reales
deficiencias del proceso educacional, dentro y fuera de las escuelas, y
aunque afirmamos haber perdido el nivel de intensidad alcanzado por el
entrenamiento de la lectura entre los 60 y los 80, cuando disponíamos de
una gran infraestructura editorial. 

"Sin embargo, seguimos teniendo una vasta población ávida de leer sobre
temas muy disímiles, que abarcan desde por qué se cayó el socialismo en la
Unión Soviética o lo que está pasando en China, hasta cómo resolver el
problema de la agricultura o qué rumbo sigue el cine cubano actual. 

"El hecho de que Temas tenga un reconocimiento en un ámbito mayor que el
que pudimos calcular se debe también al aporte de muchísima otra gente, más
allá del equipo editorial. No lo digo por modestia, sino porque resulta un
hecho palmario. Durante todos estos años hemos publicado cerca de mil
autores cubanos y extranjeros, todos ellos con ensayos originales, o que al
menos se publican por primera vez en español. 

"Como te dije, tenemos un Consejo Editorial y un Comité de Evaluadores
(incluidos intelectuales no cubanos), que suman más de treinta. Finalmente,
una gran cantidad de lectores nos envían opiniones o simplemente buscan la
revista, vienen a esta oficina interesados en el último número, pero
también en uno de hace tres o siete años. Todos ellos contribuyen a la
calidad de Temas. En particular, esos lectores nos hacen sentir que la
revista tiene una utilidad." 

En ciertas publicaciones hay trabajos suyos y entrevistas que usted ha
concedido a diferentes medios donde discurre sobre realidades cubanas como
pueden ser el socialismo, la justicia, la democracia. ¿Le interesan esos
temas? ¿Por qué? 

-Me interesan esos temas porque yo he dedicado buena parte de mi vida al
estudio de la política. Me formé en la Universidad de La Habana, en
Literatura Francesa e Historia de la Filosofía; y luego hice estudios de
posgrado en El Colegio de México y en la UNAM, en el campo de la ciencia
política. Desde entonces, hace más de treinta años, me interesé por el
estudio de los sistemas políticos, el poder, la formación de la política,
la estrategia, la cultura política, etc. 

"Naturalmente, esa vocación mía nada tiene que ver con esta revista. De
hecho, nunca se ha publicado un ensayo mío en Temas. Me limito al papel de
entrevistador o de moderador del panel que se publica en la sección
"Controversia", donde sólo formulo preguntas y trato de provocar el debate.
En otras publicaciones cubanas y extranjeras sí he colaborado en torno a
temas como esos que tú mencionas, así como sobre las relaciones de Cuba con
Estados Unidos. Para mí, todos están íntimamente conectados. 

"Durante casi 20 años, dirigí las investigaciones sobre Estados Unidos en
el Centro de Estudios sobre América, una institución de investigaciones
adscrita al Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Estudiando la
política norteamericana y sus relaciones con América Latina y el Caribe
entendí mejor la historia, la sociedad civil, la cultura y las revoluciones
cubanas. Acaba de publicarse, por ejemplo, un artículo que me pidió la
revista Nueva sociedad, que se edita en Argentina, sobre las relaciones
entre 

Cuba y Estados Unidos. Hago todo lo que esté en mis manos para que esos
textos se publiquen también en Cuba, antes o después de que salgan a la luz
en otra parte. De hecho, la mayor parte de lo escribo sale primero aquí. 

"Desde mi punto de vista, no existen diferencias esenciales entre mi
enfoque cuando escribo para publicarse afuera y para una revista nuestra,
sino en detalles de información. Compartir mis reflexiones con lectores en
Cuba me resulta fundamental; pero también lo es explicar nuestros problemas
de modo inteligible a otros que no viven aquí. Este ejercicio, igual que
dar una clase a estudiantes no cubanos, permite colocar nuestros problemas
en una perspectiva analítica y a encontrar relaciones que a veces se nos
escapan por estar muy metidos en ellos. 

"Finalmente, editar Temas es muy útil para todo lo que escribo, incluido el
análisis de la realidad cubana. En nuestra revista recibimos una gran
cantidad de colaboraciones, cuyos autores pueden estar haciendo
investigaciones ahora mismo sobre la sociedad cubana y sus problemas, así
como sobre las de otros países. Esta es una posición privilegiada. Lo más
difícil resulta entender el presente, siempre más opaco que el pasado,
porque aunque lo vivimos, no disponemos de acceso a todas las fuentes y
documentos que quizás estén asequibles dentro de veinte años, y que pueden
explicar lo que está pasando. 

"Los historiadores casi siempre tienen mayor acceso a documentos que
aquellos que intentan analizar la realidad contemporánea. Ese es un gran
desafío, que me motiva personalmente. En definitiva, no sólo se trata de
una dedicación profesional o una vocación intelectual, sino de un rol
social y de un compromiso." 

¿Sigue siendo el socialismo una propuesta válida para el mundo actual? 

-Absolutamente. Ahora bien, igual que el capitalismo no puede ser el del
siglo XVIII o el XIX, ni siquiera el de hace cincuenta años, tampoco el
socialismo. Por ejemplo, lo que se llamaba el modelo sueco, supuestamente a
caballo entre el capitalismo y el socialismo, ya no es hoy para nada el de
la época de Olof Palme. Ese modelo sueco se ha desgastado en mucho menos
tiempo del que el socialismo cubano ha tenido como experiencia histórica. Y
ese socialismo nuestro, el que hemos tenido en Cuba desde 1959, también ha
ido cambiando y modificándose. No es, naturalmente, el de los años 60, ni
el que se instauró en los 70, ni tampoco el que ha surgido de la crisis de
los 90. 

"Esta crisis a la que llamamos "Período Especial" ha dejado una huella muy
profunda en ese orden socialista, así como en la sociedad cubana. Porque el
socialismo no es únicamente una forma de organizar la economía y la
política; sino también, y sobre todo, una forma de pensar, una cultura
ciudadana, un modo de las relaciones sociales y las conductas. Todo esto se
ha transformado. 

"Si lo pensamos como un sistema de justicia social, independencia,
desarrollo social, dignificación del ser humano, fomento del principio de
igualdad entre las personas, libertad y democracia -que son las raíces
históricas de nuestro socialismo, nacido de una revolución social radical-,
no constituye ningún modelo importado, sino un sistema que sigue teniendo
vigencia en la medida en que representa una manera de concebir y alcanzar
la felicidad humana. Esta idea sobre el socialismo, naturalmente, se ha
transformado en el tiempo, porque es histórica, e inevitablemente tiene que
estar sujeta a perfeccionamiento. La cuestión hoy consiste en transformar
el orden socialista preexistente, haciéndolo más efectivo, poniéndolo a la
altura de la sociedad donde se implanta. Esa sociedad cubana, originada en
aquel cambio revolucionario, necesita un socialismo diferente." 

¿Cuáles han sido los mayores errores cometidos por quienes han intentado
construir sociedades socialistas? 

-Sobre ese tema se podría hablar durante días, nada más que comentando todo
lo que se ha escrito. Diría que los principales problemas y deficiencias
vienen asociados al carácter estadocéntrico del modelo practicado. Ese
modelo ha dado lugar a un enorme aparato burocrático, a un estilo de
dirección esencialmente centralista, a una participación que a la larga
tiende a declinar, e impone una limitación al impulso democrático y
liberador del propio sistema. El concepto de socialismo, hasta en su raíz
semántica, implica la socialización del poder, el sistema político, la toma
de decisiones; y la permanente ampliación de la participación. 

"Entiendo los errores, deformaciones, desviaciones y deficiencias en el
funcionamiento de los modelos socialistas no como los de un dirigente en un
momento determinado (y naturalmente que los dirigentes cometen errores),
sino como derivaciones o secuelas propias de ese concepto estatal
centralista en su fase tardía. Como en el capitalismo, el Estado tiene un
papel fundamental en el socialismo, pero no puede ser el centro único desde
donde dimane el desarrollo de la sociedad. La sociedad tiene que generar su
propio desarrollo, mediante la participación creciente en los procesos de
toma de decisiones, para poder desplegar plenamente su potencial como motor
impulsor del socialismo. Este es el desafío que tenemos delante ya, y que
se agudizará en los próximos años, el de un socialismo más social." 

¿Qué entiende usted por democracia? 

-Para mí, una democracia auténtica es únicamente la popular, surgida desde
abajo, donde la mayor cantidad posible de ciudadanos pueda tener el mayor
acceso a cuotas de poder que le permitan no solamente participar a la hora
de votar, de aprobar o de movilizarse, sino sobre todo a la de controlar y
de tomar decisiones. Si no hay participación ciudadana al nivel del control
sistemático -no cada cuatro o seis años-, no estamos ante una participación
plena. Esta es, quizás, la cuestión clave en el socialismo. Se trata de una
participación multidimensional, que implique no solamente hablar,
expresarse, en espacios regulares establecidos, sino además, hacerlo
activamente, interviniendo en decidir y aplicar soluciones a los problemas
y demandas del pueblo, desde la política educacional hasta los precios en
el "mercado libre". 

"Es el pueblo, la ciudadanía, la que debe juzgar y garantizar el contenido
y cumplimiento de esas políticas -no un cuerpo de inspectores-. Una
democracia como esa no existe en ninguna parte que yo conozca. En Cuba,
creo que estamos en camino hacia ella, por el cual hemos avanzado más que
el resto de los países de este hemisferio. El socialismo cubano, que ha
tenido su propia ruta histórica, dispone en este momento de una oportunidad
única para alcanzarla, por contar con una sociedad civil con un alto nivel
educacional y una voluntad de participación ciudadana, partes de una
cultura política fomentada por el propio sistema. Se trata de crear los
espacios para esa participación y de hacerlos efectivos, de que funcionen
eficazmente, como dice la Constitución de la República." 

¿Asegura usted que la sociedad cubana se acerca a esos ideales? 

-Estamos en presencia de una sociedad heterogénea, en la cual, precisamente
por su nivel educacional y cultural, está muy extendida la idea de los
derechos individuales, inherentes a cada persona por el solo hecho de haber
nacido en esta sociedad y ser un ciudadano. Esto nos diferencia, en
términos reales, no meramente enunciativos, de otros países y sociedades en
América Latina y el resto del mundo, donde se habla mucho de ciudadanía y
de ciudadanización, pero, salvo una élite blanca de clase media y alta, la
gente realmente no se comporta según esas pautas. El que mucha gente crea
en ciertos valores de justicia social, siga convencida de que tiene sentido
luchar por mantenerla, rechace la aceptación fatal de la inequidad como ley
de la vida, es una diferencia de fondo entre Cuba y la mayoría del mundo. 

"Estos valores, dicho sea de paso, no tienen que ver con una posición
ideológica o política determinada, pues muchos perviven incluso entre
personas que se van de Cuba, o que discrepan de la política del Gobierno y
el Partido, por alejados que estén en su manera de pensar y de hablar del
discurso de las instituciones o de las organizaciones políticas
establecidas. Ellos también portan, como ciudadanos, valores de una
sociedad y una cultura socialistas. 

"Otra cosa es reconocer que, efectivamente, estamos bajo el impacto de la
crisis de valores que trajo consigo la debacle de los 90, así como las
influencias del mundo moderno (eso que algunos llaman la globalización,
palabra que a veces sirve para designar casi cualquier cosa). Ese mundo
actual, del que formamos parte, está cargado de antivalores, o más bien de
valores con un contenido adverso a los del socialismo. A pesar de todo,
seguimos teniendo condiciones sociales y culturales únicas para desarrollar
este país y llevarlo adelante -incluso si se abriera la compuerta de las
relaciones con Estados Unidos. 

"Muchos le adjudican a esa posible relación más íntima con el Norte un
efecto letal sobre esas ideas y valores. La verdad es que, aun sin
relaciones comerciales y libre intercambio de visitantes, ya todos esos
antivalores pululan en nuestras vidas cotidianas, pues nos llegan de todas
partes. Si tuvieran razón los que repiten que somos una isla, y por eso
estamos aislados, no tendríamos ninguno de estos problemas, y todo sería
más simple. Pero la verdad es que, si alguna vez estuvimos en una urna de
cristal, hace más de quince años que salimos de ella. 

"Si es la sociedad la que sufre el problema, esta tiene que protagonizar su
solución. Solo a ese nivel puede tener lugar la separación entre lo bueno y
lo malo, lo enajenante y lo liberador. El papel de la sociedad civil cubana
resulta cada vez más clave, para filtrar todos estos valores negativos,
algunos de los cuales no nos llegan del exterior, sino están implantados de
viejo en nuestra cultura cívica. Por ejemplo, seguimos siendo un país donde
subsiste el prejuicio racial y la discriminación por orientación sexual.
Esas enajenaciones no tienen que ver con Estados Unidos, el capitalismo
global, o los errores cometidos por el socialismo histórico. Tenemos que
enfrentarlas a nivel social, donde ocurren y pueden erradicarse." 

¿Tiene la sociedad civil cubana la suficiente autonomía en relación con el
Estado para lograr ese desarrollo del que usted hablaba? 

-Aunque ambos espacios de relaciones -el poder político y la sociedad-
nunca se fundieron del todo, la Revolución hizo que se aproximaran como
nunca antes en nuestra historia, en la medida en que había surgido del seno
de aquella sociedad, y que muchos conflictos históricos entre esta y el
Estado se superaran, lo que conllevó que se desdibujara un tanto durante
mucho tiempo. Para hablar de estas relaciones en la actualidad, hay que
empezar por decir que no es fácil determinar siempre dónde termina uno y
empieza el otro. 

"Por ejemplo, el Partido Comunista de Cuba tiene más de 800 mil miembros y
la Juventud Comunista casi otros tantos. Sin embargo, curiosamente, cuando
hablamos del Partido y la UJC, casi siempre lo hacemos refiriéndonos al
aparato de dirección, prácticamente fundido con el Estado; y nos olvidamos
de ese millón y medio de militantes, que habitan, piensan y se conducen
como parte de la sociedad civil; ellos son ciudadanos, personas, seres
sociales como los demás. 

"La segunda cuestión a precisar es que la autonomía de la sociedad civil no
se mide necesariamente por su grado de antagonismo con el Estado. La
identificación de la sociedad civil con la subversión del orden
establecido, la empresa privada y los grupos antisocialistas en Europa del
Este, representa un uso políticamente interesado y propagandístico del
concepto, que nada tiene que ver con su uso en el pensamiento social
occidental -desde Hobbes, Hegel y Rousseau, hasta Gramsci o Habermas. 

"La sociedad civil no lo es menos cuando dialoga o coopera con el Estado.
Entonces, para responder a tu pregunta en pocas palabras, diría que el
reconocimiento a los espacios de autonomía de la sociedad civil cubana ha
progresado mucho en los últimos años. Es evidente, por ejemplo, el papel
cada vez más activo de la opinión pública, mediante canales formales e
informales; y de las organizaciones sociales (incluidas las religiosas); el
fortalecimiento de la actividad comunitaria y la rearticulación de
relaciones horizontales, incluidas tradiciones culturales soslayadas u
olvidadas; la reactivación de la esfera académica y cultural, y del rol de
los intelectuales. 

"Hasta hace muy poco tiempo, el propio término de sociedad civil producía
alergia en alguna gente, como si se tratara de un ente malévolo o
subversivo. Aunque hoy ya no es así, todavía nos falta mucho por avanzar.
Las organizaciones sociales en Cuba tienen que desarrollar un espacio mucho
más amplio y activo, para lo cual se requiere que la política socialista
entre en una nueva etapa de desarrollo." 

¿Supone usted entonces que la generalidad de los cubanos prefiere el
socialismo? 

-Si se identificara el socialismo con ese ordenamiento hipercentralista,
burocratizado, vertical, cuyos medios de difusión no canalizan
adecuadamente la opinión pública, y que todo lo quiere resolver a partir de
una fórmula uniforme, creo que hay muchos cubanos que no lo comparten,
incluido numerosos militantes del Partido. Junto al hipercentralismo
estatal, ese uniformismo quizás expresa lo más contraproducente de un orden
socialista obsoleto. Ahora bien, si miramos más allá de ese orden
contingente, al sistema socialista identificado en términos de sus
objetivos, de justicia social, independencia nacional, desarrollo,
libertad, democracia, creo que cuenta con el consenso de la mayoría de los
cubanos. 

"¿Cómo construir un orden socialista más eficaz? ¿En qué medida el modelo
económico debe dar espacio a formas más heterogéneas de propiedad social,
incluida la estatal? ¿Hasta qué punto pueden existir más órganos de
difusión que representen a organizaciones e instituciones diversas, aunque
predomine su carácter público? ¿Cómo conseguir que la opinión pública se
exprese de modo regular y efectivo? Entiendo que cada vez es menos la gente
que no se plantea estas preguntas, que no sienta preocupación por estos
problemas, y que no experimenta la necesidad de sustituir estos
instrumentos gastados y definitivamente ineficientes. 

"Si estamos pensando en un socialismo cada vez más democrático, más social
y más en sintonía con los intereses de toda la población cubana -mujeres,
jóvenes, viejos, negros y de todos los colores-, se trata de lograr la
debida sintonía, lo que constituye un reto político considerable, y que yo
identifico con el proyecto de un socialismo mejor." 

O sea, ir hacia un socialismo más social, más democrático, podrá ser un
aspecto importante en la agenda del próximo congreso del Partido? 

-Naturalmente que sí, es clave. Cuando oigo hablar a los más altos
dirigentes cubanos, a Raúl, por ejemplo, mi impresión es que, al más alto
nivel, hay conciencia de todos los problemas de la sociedad cubana y sobre
lo que la gente está pensando. Nada de lo que discutimos es ajeno o
ignorado; y presumo que, así como ocurre en la sociedad civil, entre los
ciudadanos comunes, a ese máximo nivel también hay diferentes opiniones,
perspectivas, criterios. Es lógico que sea así. 

"Ahora bien, encontrarles solución a esas demandas de la sociedad cubana,
reivindicar la idea del cambio en un sentido más socialista, implica una
perspectiva de transformación del orden institucional vigente y del papel
de sus ciudadanos. Esta perspectiva la veo delineada en los discursos y
medidas que emergen en los últimos tiempos, y que tendrán que cristalizarse
en estrategias definidas, dentro del breve plazo que resta hasta el
congreso del Partido. Es breve ese lapso, en comparación con los problemas
acumulados y el tiempo transcurrido desde el inicio de la crisis, para
poder disponer de una fórmula, de propuestas que ya no sean solo ideas,
sino políticas, que puedan refrendarse en ese congreso del Partido. 

"Se trata de un compromiso apremiante, pues se requiere dejar claras
ciertas definiciones, hasta ahora pospuestas, lo que ha dado lugar a un
grado de incertidumbre, que ha caracterizado los últimos años." 

Además, llevan a un camino de consenso, si existen diferentes criterios en
la sociedad, en los altos niveles de dirección. Hay que lograr consenso
primero. 

-A la hora de analizar la política cubana, la importancia de ese consenso
se relega o simplemente se ignora. Cualquier sistema político supone un
grado de consenso. Hace pocos meses, hicimos en la revista una especie de
simposio, de entrevista múltiple, a un grupo de académicos y dirigentes
políticos, y todos coincidieron en la significación fundamental del
consenso. Sin una rearticulación del consenso político, es imposible que
tenga lugar una renovación, pues el mandato del liderazgo político se
legitima en ese consenso, y para conseguirlo se requiere el diálogo. 

¿Se potencian los mecanismos para lograr consenso? 

-En primer lugar, es un gran paso de avance reconocer que el fomento del
consenso no implica pretender la unanimidad, sino expandir un apoyo
crítico, no uniforme, incluso atravesado por discrepancias. Es evidente el
esfuerzo dirigido a promover el diálogo, a escuchar a la gente, a evitar
respuestas justificativas, a identificar los problemas por resolver, aunque
estos no tengan solución en unos días, pero tampoco que se pospongan para
dentro de cuatro o cinco años. En un plazo más temprano que tarde, tienen
que ser resueltos. Darle respuestas que no sean formales a la población se
aprecia en la voluntad política del liderazgo. Responder a las demandas y
mantener un canal abierto en ambas direcciones es una condición necesaria
básica para fomentar el consenso. Pero para lograrlo realmente se requieren
hechos, no solo palabras. 

¿Hasta dónde puede construirse el proyecto socialista cubano en medio de un
diferendo con Estados Unidos, que se opone a tal aspiración? 

-El problema nuestro con Estados Unidos no se reduce a ser un proyecto
socialista. El conflicto entre la nación cubana y ese enorme país, entre el
pequeño vecino y el gran imperio, es muy anterior a cualquier socialismo.
La Revolución agudizó esa oposición de intereses, pero sólo en tanto
produjo una reivindicación nacional; no por un mero discurso ideológico
antiimperialista, sino en la medida en que implementó una reforma agraria,
que no era socialista ni estatalizó la mayor parte de las tierras. Cuando
se promulgó esta ley, en mayo de 1959, el conflicto llegó a un punto sin
retorno, y a partir de ahí se desencadenó una guerra que dura hasta hoy. 

"Claro que está en el interés de Cuba buscar un diálogo con Estados Unidos,
para tratar de alcanzar un modus vivendi, una forma de convivencia, que
llamemos normalización de relaciones, consistente en el reconocimiento
diplomático entre los dos Estados, con embajadas formales, el levantamiento
del bloqueo, la posibilidad de viajar normalmente en ambas direcciones,
establecer intercambios académicos y culturales, etc. Si se lograra, por la
voluntad de ambas partes, iniciar un diálogo, se habría avanzado mucho; y
si se alcanzara la normalización de relaciones, sería muchísimo. 

"Pero nada de eso garantizaría que el Estado norteamericano fuera a
renunciar a influir en el destino de Cuba, como hizo antes de 1959. Eso
sería mucho más improbable, tanto en el corto como el mediano plazo. No se
trataría simplemente de reducir un "diferendo bilateral" (el problema entre
Cuba y Estados Unidos no se contiene en esa definición limitada), sino en
la cuestión de la hegemonía norteamericana y el desafío que la revolución
representa, particularmente en este hemisferio y precisamente con un país
vecino como Cuba. Porque nosotros estamos en la misma frontera de Estados
Unidos con América Latina, exactamente como México y Canadá, solo que
nuestra línea de demarcación es marítima. ¿Va Estados Unidos a renunciar no
solo a influir, sino a determinar de manera decisiva (quiero subrayarlo) el
destino de Cuba, por el mero hecho de normalizar relaciones? 

"Por consiguiente, si pensamos que nuestra democracia, libertad y
desarrollo como país independiente va a estar sujeto a lo que hagan los
norteamericanos, vamos a vernos seriamente limitados. Somos frontera de una
gran potencia cuya visión, desde hace 200 años, es que Cuba no es otra cosa
que parte de su flanco sur, y por tanto de su propio espacio político. Esa
percepción puede mantenerse inalterable muchísimo tiempo más. De manera que
se trata de un factor insoslayable en términos de nuestra seguridad,
independencia y soberanía, las que debemos preservar no solo por medios
militares, sino políticos, sociales, económicos, culturales. 

"¿Quiere esto decir que el desarrollo de una democracia socialista estará
siempre comprometido por esa amenaza externa? Tal vez no podamos avanzar
todo lo que queremos, no podamos ir tan rápido, pero sí tenemos que seguir
avanzando. Sería renunciar a una sociedad socialista plenamente
democrática, donde el Partido y el Gobierno respondieran a esa voluntad
popular. De hecho, es precisamente ahí, en esa voluntad política donde
radica la base de defensa de la independencia nacional. No tendremos
independencia nacional nada más porque dispongamos de fuerzas armadas y
milicianos. Esas fuerzas militares son imprescindibles, naturalmente. 

"Pero la independencia nacional solo se garantizará con una sociedad que se
sienta involucrada, dueña de su destino. ¿Cómo vamos a defender un sistema,
una soberanía y un modo de pensar que no toma en cuenta ese consenso? El
consenso es la verdadera trinchera que garantizará la independencia de Cuba
frente a Estados Unidos. No puede ser al revés. Si dejamos que el consenso
se estreche, seremos cada vez más débiles ante su amenaza." 

O sea, ¿un socialismo más social contribuiría a garantizar la soberanía
nacional. 

-Decisivamente. 

. en el marco de un diálogo con Estados Unidos? 

-No hay nada más importante que esa fuerza política. 

¿Qué acciones debería afrontar el Gobierno cubano para facilitar ese
diálogo? 

-El Gobierno cubano ha hecho ya todo lo necesario, y no le queda otro
remedio que esperar a que Estados Unidos se disponga a conversar. Las
principales objeciones que ellos hicieron a Cuba durante tres décadas -la
alianza con la Unión Soviética, el apoyo militar a los movimientos
revolucionarios- se acabaron hace quince años. Las fuerzas armadas se han
reducido a la mitad de su tamaño, y muchas de sus tareas están relacionadas
con la agricultura, el turismo y la defensa civil. No hay tropas ni
asesores cubanos en África ni en América Central; tampoco existen unidades
militares ni estaciones de inteligencia electrónica rusas en Cuba. Ninguno
de estos cambios hizo que la política norteamericana hacia Cuba se moviera
un milímetro. 

"La posición negociadora de Cuba es transparente, realista y tiene límites
definidos. Según la entiendo yo, el Gobierno cubano está dispuesto a
dialogar con Estados Unidos y con cualquier otro Estado, en torno a
cualquier tema. No aprecio que ninguno esté excluido de entrada, siempre
que se trate de una conversación basada en el respeto a dos principios: no
puede haber condiciones previas ni se acepta un doble rasero. En otras
palabras, no se admiten condiciones que Cuba deba cumplir antes de sentarse
a negociar; ni cuestionamientos políticos que no sean consistentes con los
que se hacen (o no se hacen) a cualquier otro país. 

"Si Estados Unidos hubiera tenido la voluntad sincera de cambiar la
política hacia Cuba, podía haber dispuesto de cualquier cantidad de
argumentos, relacionados con cambios ocurridos aquí en los últimos quince
años. Jamás han dado ni una sola señal de reconocer uno de esos cambios
positivos. Tienen una agenda de hierro, que por cierto, concuerda con la
del sector más recalcitrante de la emigración cubana. Eso es así porque
ellos quieren, pues en la emigración cubana hay grupos que están a favor
del diálogo, muchos cubanos que quisieran normalizar relaciones, y estarían
a favor del levantamiento del bloqueo, de facilitar el contacto con sus
familiares aquí. 

"El Gobierno de Estados Unidos sigue respondiendo al sector más duro del
exilio solo por su decisión. No creo que sea al revés, que el Estado de un
gran imperio como Estados Unidos esté controlado por un grupo de presión en
Miami. No es la cola la que mueve al perro. 

"Por tanto, no es el Gobierno cubano el que tiene que hacer cambios
dirigidos a ver si ellos los aceptan como buenos. De hecho, desde que
asumió el poder, Raúl Castro les ha tendido tres o cuatro veces una "rama
de olivo" (sus palabras), haciéndoles entender que estamos a favor de
negociar la paz. Ellos saben que si se tomara la decisión de iniciar en
serio un proceso negociador, y se quisiera enviar a Cuba una delegación
oficial norteamericana con ese fin mañana mismo, sería recibida con una
alfombra roja. No es el Gobierno cubano quien puede dar el primer paso de
un diálogo -si así fuera, ya habría ocurrido. 

"Desde luego que una distensión con Estados Unidos facilitaría los cambios
en Cuba. Ellos también lo saben. Incluso, muchos de ellos, pensando que
esos cambios podrían beneficiarlos, favorecen una política diferente
precisamente porque creen que otro tipo de relación permitiría a Estados
Unidos tener una capacidad de influencia mayor en la situación política
cubana. Es obvio. Para eso no hay que ser ni de izquierda, ni socialista,
ni liberal siquiera; numerosos republicanos se percatan. Todas las
motivaciones (incluida la económica, que no es despreciable) están del lado
de allá. Para mí es impensable que ellos dieran un paso hacia el diálogo y
el Gobierno cubano no respondiera." 

¿Puede mencionar alguno de esos aspectos que han cambiado en la sociedad
cubana? 

-El peso del Estado en la economía sigue siendo determinante, pero es
menor. La producción agropecuaria está pasando, cada vez más, a manos no
estatales. Es legal el trabajo por cuenta propia, aunque esta sea un área
que se podría expandir aún más. Es evidente que se ha abierto un espacio
nuevo para la expresión de la discrepancia y el disentimiento. Incluso ha
habido cambios en algunos medios de difusión, que incorporan ciertos
espacios para la expresión de la opinión pública, la crítica, el debate. De
hecho, se difunden diferentes perspectivas en medios que circulan en Cuba y
que se transmiten vía Internet -como nuestras propias revistas, Espacio
Laical y Temas- que funcionan normalmente, están legitimados, como otros
auspiciados por una institución pública, una ONG, o una iglesia, donde se
pueden encontrar críticas a políticas gubernamentales. Los temas que se
abordan en la literatura y el arte cubanos, incluido el cine, abarcan
muchos altamente polémicos y que antes estaban prohibidos. 

"Todos estos cambios son ignorados sistemáticamente de parte de Estados
Unidos. Naturalmente, estos no son los que postula como condiciones la Ley
Helms-Burton, que están más allá de donde podría llegar una política cubana
medianamente decente. Tampoco son todos los que sí estaríamos en capacidad
de implementar, y que se facilitarían si se levantara el bloqueo. Pero los
que han ocurrido hasta hora ya marcan cambios sustanciales respecto a la
Cuba de hace quince años. Está perfectamente claro que el mantenimiento del
statu quo por parte de Estados Unidos, es decir, la reiteración de las
presiones, las amenazas, la injerencia en los asuntos internos de Cuba, es
totalmente contraproducente para la expansión del debate público y los
cambios en Cuba. 

"Por ejemplo, cuando ellos usan los términos de "sociedad civil", "derechos
humanos", "libertad de expresión", "democracia", los cargan políticamente y
nos hacen mucho más difícil a nosotros abordarlos en el debate público. Esa
no es una buena razón para renunciar a usarlos nosotros, pero es una
desgracia." 

¿Cuánto pudieran contribuir los sectores de la comunidad cubana emigrada en
Estados Unidos que están a favor de una normalización de las relaciones?
¿Estarían en condiciones de ayudar a que cambie la perspectiva del gobierno
norteamericano? 

-Existen sectores, organizaciones, incluso líderes de opinión en la
emigración cubana en Estados Unidos, quienes, de hecho, dicen públicamente
que la política norteamericana hacia Cuba debería cambiar, en la dirección
de normalizar las relaciones y levantar el bloqueo. El Gobierno de Estados
Unidos lo sabe. Sin embargo, ese grupo de personas no se ha convertido en
interlocutor suyo. Es positivo que esos cubanos continúen luchando y no
renuncien a expresar esa mayor diversidad dentro de la emigración, que
prueba el consenso cada vez menor del sector más recalcitrante. Pero en
términos realistas, es el Gobierno de Estados Unidos el que tiene que tomar
la iniciativa, porque esos cubanos no tienen la cuota de poder económico y
político que les podría permitir representar un factor decisivo. 

¿Qué se propone la revista Temas para contribuir a que todo esto ocurra? 

-Seguir haciendo lo mismo que empezamos hace 14 años. La revista es un
órgano de la sociedad civil cubana, en tanto recoge y difunde lo que se
produce en el terreno de la cultura y el pensamiento social, en particular,
por parte de aquellos que tratan de entender y explicar la realidad cubana
y el mundo contemporáneo. Intentamos servir de espacio para la reflexión
crítica y el debate de ideas en Cuba, ser uno entre otros -y ojalá sean
cada vez más. 

"En la medida en que haya mayor cantidad de medios para difundir ese
pensamiento diverso, discrepante, analítico, crítico, estaremos
contribuyendo a la reflexión, la profundización sobre nuestros problemas, a
entender mejor qué nos pasa, a poder desarrollar decisiones más
fundamentadas. Vivimos un momento excepcional en la historia, la cultura y
el pensamiento cubanos. Temas existe gracias a la extraordinaria riqueza
que caracteriza este momento. Servir de vehículo para la potenciación de
uno de nuestros recursos más valiosos, ese pensamiento social y cultural
cubano en plena madurez, es nuestra aspiración." 


Fuente: Caminos, Centro Memorial Dr Martin Luther King.
http://www.ecaminos.cu/leer.php/5278


CUBA-L FAIR USE NOTICE

This server contains copyrighted material the use of which has not always been specifically authorized by the copyright owner. We are making such material available in our efforts to advance understanding of Cuba's political, economic, human rights, international, cultural, educational, scientific, sports and historical issues, among others. We distribute the materials on the basis of a 'fair use' of any such copyrighted material as provided for in section 107 of the US Copyright Law. In accordance with Title 17 U.S.C. Section 107. The material is distributed without profit. The material should be used for information, research and educational purposes. For more information go to: http://www.law.cornell.edu/ uscode/17/107.shtml.