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02/08/13 - Juventud Rebelde (Habana) - El tesoro de Efrén

Desde una de las primeras bombillas de Edison hasta un disco de Enrico
Caruso con un siglo de existencia se guardan en una colección personal, que
incluye una de las mayores de discos de acetato en Cuba

Luis Raúl Vázquez Muñoz digital@juventudrebelde.cu 7 de Febrero del 2013
20:24:30 CDT

MORÓN, Ciego de Ávila.- Thomas Alva Edison, el afamado inventor
norteamericano, estaría feliz. Ahí está un ejemplar del bombillo
incadescendente patentado por este tecnólogo a mediados del siglo XIX. Solo
que aún funciona. Con mucho cuidado, con sus cien años de historia encima,
con el temor de que sus filamentos terminen por colapsar, pero funciona.

Y no es lo único. Junto a la lámpara también se encuentra el fonógrafo
creado por Edison a finales del XIX, de 78 revoluciones por minuto, célebre
no tanto por su sonoridad, sino por abrirle las puertas a las grabaciones.

Le acompañan, además, una consola radio-tocadisco de válvula del año 1948.
Un tocadisco de maleta marca Columbia, de 1954. Un tocadisco Motorola para
sonido estéreo y automático, presentado al mercado a mediados de la década
de los 50, y que debió ser un escándalo del momento, junto a otro tocadisco
de la época, modelo Garrand y automático.

Sigue en el listado -todo perteneciente al siglo pasado- un proyector de
películas del cine silente, cámaras fotográficas, radios RCA Víctor y
General Electric, todos de las décadas de los 40 y 50. Hasta una antigua
trompeta usada en los conciertos de la ciudad de Morón y dos discos de
platino, de los primeros usados en el mundo para realizar grabaciones con
ese material.

Sin embargo, el atractivo mayor es la colección de cerca de 5 000 discos de
acetato de larga duración (LP) de 78 revoluciones y sencillos de 48
revoluciones por minuto. Si no es la mayor recopilación de ese tipo en
manos de una colección particular, al menos -y con pocos márgenes a la
duda- es una de las más grandes de Cuba.  Caruso cien años después

Lázaro Efrén Álvarez de Ávila, investigador musical de la ciudad de Morón,
ha convertido la colección de objetos patrimoniales en un sentido de su
vida. Dentro de ese afán, la compilación de LP de diversos intérpretes y
agrupaciones se levanta como lo más importante, en una tradición iniciada
por su padre, Efrén Rafael Álvarez Lleó.

"Antes de la Revolución -cuenta-, mi papá era contador en la Zona Fiscal de
Morón. Le gustaba mucho la música, era su hobby, y un buen día decidió
obtener toda la música que se escuchaba en ese momento en Cuba. De esa
manera comenzó a conformarse esta colección.

"Es grande; implica un gran cuidado limpiar las placas con una motica para
retirarles el polvo; sobre todo a las más antiguas, que con el tiempo se
vuelven muy frágiles. Es el caso de un disco de Enrico Caruso, de
aproximadamente 1903-1904, de acuerdo con el sello del fonograma. Contiene
la voz del tenor italiano, en la que interpreta Con una furtiva lágrima. Ya
tiene cien años y solo lo manipulo en los momentos necesarios".

Otra de las piezas únicas -por su antigüedad y valor- es el LP de otro
tenor italiano, Beniamino Gigli, considerado el sucesor de Caruso. El disco
guardado por Efrén es de 1908-1909 y el de otro tenor importante, Mario
Lanza, es un poco más reciente: 1940. No son los únicos, porque en la
colección se guarda un número importante de músicos cubanos y
latinoamericanos de las décadas de los 40 y 50 del siglo XX.

"Los soneros y los boleristas -explica Efrén- eran los intérpretes
preferidos por mi padre. Entre ellos estaban el puertorriqueño Daniel
Santos, el cubano Fernando Albuerne y la Sonora Matancera. Si no están
todos -para no ser concluyentes-, al menos está una buena parte de los
cantantes y agrupaciones que en esos géneros se radiaban por las emisoras o
se escuchaban en las vitrolas de los bares y locales de recreo en Cuba. Y
muchos de ellos en los LP originales".

La búsqueda de ejemplares para la colección ha conllevado a que su dueño se
mueva por La Habana, Sancti Spíritus y Camagüey, entre otras ciudades. En
la mayoría de los casos han sido donaciones de amigos o personas
interesadas en preservar el patrimonio musical en ese tipo de formato. En
otras oportunidades la adquisición se ha hecho por una venta módica.

"Existen personalidades poco conocidas y con detalles singulares en su vida
-dice el investigador-. Es el caso de José Manuel Galeyo. Era rotulista y
clarinetista de la banda de conciertos de Morón en los años 50. Se trasladó
a La Habana y creó el sello discográfico Oyelag, que es su apellido al
revés. No tuvo éxito; solo pudo hacer dos grabaciones, que quedaron en un
solo disco y ese ejemplar lo tengo aquí. Consiste en un LP de 78
revoluciones por minuto con los temas musicales por las dos caras. Es una
de las piezas más apreciadas. Galeyo era amigo de mi padre, le cedió el
disco y aquí lo tengo a resguardo".  La memoria del padre

Según Efrén, la Asociación de Coleccionistas de la República Dominicana
tiene su colección de LP como una de las mayores del Caribe. Él no puede
atestiguarlo, pues no mantiene contacto con otros coleccionistas del área.
Algunos, comenta, mueren o transfieren su patrimonio a otros recopiladores.
Por eso resulta difícil conocer cuán grande es una colección personal en
relación con otra.

"Lo importante -explica- es que el fondo aquí crece con la ayuda de
personas sensibilizadas en mantener vivo un patrimonio. Miguel Barnet,
presidente de la Uneac, y Frank Padrón, el destacado crítico de arte,
tuvieron la gentileza de ceder sus colecciones de acetatos.

"A esos ejemplares -cuenta- se les añadieron hace muy poco los LP de
Julieta Ortiz, vicepresidenta ejecutiva de la Fundación Fernando Ortiz. Es
muy valiosa, tanto en la factura de los fonogramas como de los artistas.
Ahí están Kenny Rogers, Elton John, Richard Clayderman; y los cubanos
Barbarito Diez, el Trío Matamoros, el Conjunto de Roberto Faz y la Orquesta
de Neno González".

Entre tantos discos de acetato, que ocupan considerable espacio de la casa,
salta la duda de por qué mantener una tecnología de museo cuando existen
otros formatos que permiten almacenar mayor cantidad y escuchar la música
con mejor calidad. Ante la pregunta, Efrén es enfático.

"Con estos discos -dice- lo que se hace es guardar una memoria cultural. No
es solo el objeto, sino lo que este representa y la historia que existe en
él. Además, al coleccionista le gusta escuchar el "rash", ese sonido de
fondo que se sale en las grabaciones de acetato. Si se oye en un
reproductor de la época, por supuesto, el placer es mayor.

"Por suerte soy técnico en Sistemas Eléctricos Industrial y Electrónica y
puedo darles mantenimiento a los equipos que atesoro. De esa manera escucho
los números musicales más insertados en su época y uno se deja llevar a
esos tiempos. Es adentrarse en la letra, la melodía, la forma de grabar, el
intérprete... todo ello sintetizado en el sonido.

"En verdad ese amor por la música y los discos se lo debo a mi padre. Crecí
viendo cómo los cuidaba. Los sacaba con mucho cuidado y les pasaba una
motica por la superficie hasta dejarlos sin una partícula de polvo. Luego
los colocaba en el tocadiscos muy despacio y se acomodaba en el asiento a
disfrutarlos. Yo era muy pequeño, pero lo acompañaba.

"Él me estimulaba para imitarlo. Entre mis primeras fotos, en algunas estoy
con un disco en las manos. Cuando oía la música, sobre todo los boleros, mi
viejo me ponía a su lado. Decía: "Oye, esa música, oye bien lo que dice". A
su manera, y a pesar de mi edad, me ayudó a adquirir una sensibilidad, a
valorar la música. Por eso cuando murió y yo era niño todavía, quedé con
ese legado. Es lo que trato de preservar y hacer  crecer. Todos estos
objetos, todos estos discos, constituyen un tesoro que comparto con él. Con
el recuerdo de mi padre".


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