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02/22/13 - Rebelión (Madrid) - El imperio, los secuaces y sus lacayos

Octavio Fraga Guerra Rebelión

No le perdonan a la Revolución Cubana cincuenta y cinco años de
resistencia. Es inaceptable para el "intelecto" imperial la persistencia de
otro modelo de sociedad, donde el ser humano es el centro y el eje de todos
sus desvelos. La contraparte de esta verdad es que somos herederos del
espíritu, la sabia, la gallardía y el humanismo de José Martí, Antonio
Maceo, Máximo Gómez e Ignacio Agramonte.

Ellos nos enseñaron a no claudicar ante la fuerza y las agresiones. Los
cubanos nos somos un pueblo moldeable como esa pieza de barro que se forja
al gusto. Las esencias están en la raíz de la sociedad, en las tradiciones
y los valores que nos distinguen como nación que se refunda desde sus
propios derroteros. La cultura y el amor patrio son las claves de esa
fuerza, -que persiste- a pesar de las constantes agresiones que han sufrido
y sufren más de once millones de cubanos.

Durante más de cinco décadas, diez presidentes del Gobierno de los Estados
Unidos no han podido aniquilar o amilanar la voluntad de una isla que
asumió como suya la histórica: "Patria o Muerte Venceremos". Esa frase
entraña un compromiso con la historia. Cuba es un país anclando en el vasto
Caribe de un mar violento pero amable. Un archipiélago -más que isla- que
la geografía ha puesto ante las narices de los yanquis. Somos una República
libre e independiente que disiente del mundo capitalista. Un capitalismo en
el que "aflora" y se extiende una crisis sistémica. Una crisis
fundamentalmente de valores.

En cincuenta y cinco años de Revolución han perdido la vida 3 478 cubanos,
mientras que 2 098 fueron heridos, muchos de ellos con daños irreversibles
para su salud. Detrás de estas escalofriantes cifras está el terrorismo en
toda la extensión de la palabra. La verdad y la historia no han de ser
tragada por la desmemoria. Estos hechos están debidamente documentados en
los pilares de una nación que asume el derecho y el deber de defenderse de
la fuerza y el horror de la guerra.

Secuestros y piraterías de aeronaves, bombardeos, abastecimiento de armas y
explosivos, organización de asesinatos a dirigentes de la Revolución
Cubana. Invasiones mercenarias de diverso calibre y un bloqueo económico,
comercial y financiero intacto. A pesar de la clara oposición de la
abrumadora mayoría de los países miembros de la Organización de las
Naciones Unidas. Estos son algunos de los medulares capítulos de Cuba, que
es historia y presente.

El imperio no ha cesado en atacarnos. Los diez presidentes de gobierno de
los Estados Unidos de los últimos cincuenta años, han fomentado, apoyado y
amparado todas y cada una de estas agresiones para anular a lo que ellos
llaman un "régimen totalitario o dictatorial". En esta cruzada contra Cuba,
ha tenido y tiene una activa labor la siniestra Agencia Central de
Inteligencia (CIA). Es el brazo ejecutor y criminal de una organización de
"inteligencia" que actúa contra un pueblo que apuesta por la ruta
socialista como modelo de sociedad. En los pilares de los cubanos está
Martí. Es el humanista por excelencia, el antiimperialista por principios.
Es el gran intelectual del que todos bebemos.

La CIA -en su negra historia- se asienta con un historial de crímenes,
torturas, organización de guerras genocidas y un largo cúmulo de actos que
son un claro atentado a los más elementales principios del derecho
internacional. Contra Cuba han sido especialmente nocivos.

La voladura del vapor francés La Coubre. La introducción de productos
biológicos en territorio nacional que causó la muerte a más de ciento
cincuenta personas de los cuales sesenta y uno eran niños. La cobarde y
brutal voladura de un avión civil de la compañía Cubana de Aviación en
pleno vuelo. La cadena de actos terroristas contras instalaciones hoteleras
en La Habana. Son algunos de los hechos más execrables que están en la
memoria de todos los hombres y mujeres de una nación culta y solidaria.

Cada uno de estos hechos que suman una copiosa cronología terrorista ha
contado con el amparo del gobierno de los Estado Unidos. Tras el triunfo de
la Revolución Cubana -en enero de 1959-, la soldadesca batistiana, la clase
pudiente, corrupta y adinerada y los políticos de turno que servían a los
intereses de la Casa Blanca, encontraron cobijo en los Estados Unidos.

Uno de los actos guerreristas más brutales de estas cinco décadas fue el
fallido intento de invasión, perpetrado por Playa Girón por mercenarios de
la Brigada 2506, que fue aniquilada en apenas 72 horas. La logística, la
estrategia y el financiamiento de esta intervención militar fue
responsabilidad del gobierno de los Estados Unidos.

Estos mercenarios fueron devueltos al país que les dio cobija. Retomaron el
accionar terrorista contra el legítimo gobierno Revolucionario reconocido y
apoyado -en estos cincuenta y cinco años de Revolución- por la inmensa
mayoría del pueblo.

Alpha 66, Omega 7, CORU o la Fundación Nacional Cubano Americana, han sido
o son algunas de las más activas organizaciones criminales asentadas en
territorio de los Estados Unidos. Miami sigue siendo la base de operaciones
de estos "luchadores por la libertad". Nombres como Luis Clemente Posada
Carriles, Orlando Boch (fallecido), Armando Santana, Eduardo Arozena y los
hermanos Guillermo e Ignacio Novo Sampol o Angel Manuel Alfonso Alemán. son
algunos de los apadrinados de la Casa Blanca.

La guerra contra la Nación Cubana no ha sido solo desde las armas. Las más
altas esferas de la política yanqui han hecho labor de zapa para intentar
criminalizar al gobierno de nuestra hermosa isla. Los cubanoamericanos
Ileana Ros-Lehtinen, Lincoln Diaz-Balart, Ricardo Alberto Montaner y
Armando Valladares (estos dos últimos son agentazos de la CIA con un
historial terrorista) presentados como "demócratas", han ocupado y ocupan
importantes cargos en las diferentes estructuras de poder en la nación
norteña. El cabildeo en contra de Cuba pasa por la aplicación de leyes que
intentan asfixiar a un pueblo que ha apostado por la ruta que Martí y
Bolívar. Es la noble idea de construir la "Gran Nación Americana".

Estos son parte de los secuaces del imperio yanqui. Todos ellos integran un
entramado mafioso, corrupto y oportunista que usa la política no como un
ejercicio para el bien de la sociedad, la humanidad y la unión de los
pueblos. Son actores influyentes donde la violencia es su principal brecha
para amedrentar a los pueblos. Obviamente con nuestro pueblo se equivocan.
Su ignorancia integral les impide ver más allá de su "filosofía" de Cesares
en este carcomido y urgente planeta.

José Martí, -en el año 1892- escribió un artículo para el periódico Patria
titulado: "Las Antillas y Baldorioty Castro". En ese texto hace una
magistral definición que -ciento veintiún años después- cobra total
vigencia. "El lacayo muda de amo, y se alquila al señor de más lujo y
poder".

Ante la imposibilidad de doblegar a Cuba y su Revolución por la fuerza, el
imperio norteamericano ha incrementado su accionar injerencista apoyando a
lo que ellos llaman la "oposición interna". Nombres como Guillermo Fariñas,
Berta Soler u Oswaldo Payá. Este útimo falleció en julio de 2012 por
homicidio imprudente responsabilidad del ciudadano español Ángel Carromero
Blanco quien se encontraba en Cuba en labores intervencionistas. Entre
estos "disidentes" hay que nombrar a las mediáticas "Damas de blanco".

La bloguera Yoani Sánchez, quién se encuentra de gira internacional la
incluyo en esta lista de lacayos del imperio. Su labor barriobajera de
desacreditar a la Revolución Cubana está instrumentada y dirigida por la
Oficina de Intereses de los Estado Unidos en La Habana. La adinerada Yoani
recibe cuantiosas sumas de dinero de varias organizaciones internacionales
que son una clara tapadera para presentárnosla como una "opositora" del
"régimen castrista", termino muy usado y saturado por los grandes de
comunicación del mundo que buscan endemoniar la obra de todo un pueblo,
-reitero- culto y solidario.

La subversión interna es la "nueva modalidad" del gobierno yanqui para
fragmentar a la Revolución Cubana. Los llamados disidentes forman parte de
esa estrategia. La conexión histórica entre el imperio, los secuaces y sus
lacayos -después de este somero recorrido- nos hace actuar con la
inteligencia y la experiencia histórica acumulada en estos cincuenta y
cinco años de Revolución.

No reconozco ninguna autoridad moral a quién hace labor de lacayos con el
enemigo. Tampoco reconozco a ningún gobierno imperial o "comunidad
internacional" que pretenda cambiar la ruta y la aurora de Cuba. Los
secuaces del imperio tienen un futuro trunco en la Gran Isla del Caribe.

El mandato del pueblo cubano es la máxima expresión de democracia y a ella
me debo. La obra de la Revolución es la prueba de ese sueño aún por hacer,
-seguramente imperfecta-, pero humana.

Mucho se ha escrito sobre los logros de la Revolución Cubana. Desde mi
punto de vista la mayor victoria que hemos alcanzado en estas más de cinco
décadas, es la virtud, la honra y los principios que le asisten a millones
de hombre y mujeres que son partes consustancial de Cuba. Desde sus
cimientos hacemos causa común.


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