03/02/13 - Granma (Habana) - Alcohol y medicamentos Alcohol y medicamentos JOSÉ A. DE LA OSA [1]delaosa@granma.cip.cu El alcohol etílico, también conocido como etanol, es una de las sustancias psicoactivas -actúan sobre el sistema nervioso alterando las funciones psíquicas- más consumidas en el mundo. A dosis moderadas es un ansiolítico (calma la ansiedad); tras ingerir pequeñas cantidades se registra una relajación y desinhibición del individuo con una mayor capacidad para relacionarse. Sin embargo, si se mantiene la ingesta de alcohol, se produce una pérdida gradual del control, con progresiva disminución de la conciencia, y, en último extremo, puede llegar a producirse la muerte por depresión respiratoria. No es casual por ello, afirma la farmacóloga Ismary Alfonso Orta, que a los pacientes que reciben un tratamiento medicamentoso, generalmente se les recomienda no ingerir alcohol, ya sea por la reducción del efecto del medicamento o por los efectos adversos potenciales que pueden ocurrir. Las consecuencias del consumo de fármacos y alcohol estarán en dependencia del tipo de interacción con los medicamentos que se consumen en particular y el riesgo e intensidad aumentan según el grupo de edad. Los ancianos son el segmento de la población que está bajo la mayor amenaza, especialmente aquellos que sobrepasan los 65 años. Otro aspecto importante es la cantidad y la duración de la ingesta de alcohol durante el tratamiento con fármacos, así como el estado del hígado del paciente, pues este órgano interviene en el proceso de metabolización y eliminación de ambas sustancias. En pacientes alcohólicos, indica la especialista, se produce una disminución de la actividad de algunos medicamentos como la warfarina, paracetamol, antidiabéticos orales (glibenclamida, glimepirida, metformina) y la rifampicina), por lo que necesitan dosis más altas para conseguir el efecto terapéutico deseado. Por el contrario, el consumo de alcohol de forma ocasional origina un aumento de las concentraciones sanguíneas de fármacos como las benzodiacepinas (diazepan, nitrazepan, medazepan); fenobarbital, fenitoína, clorpromacina, antihistamínicos (difenhidramina, meclizine, dexclorfeniramina), pudiendo prolongarse su actividad farmacológica, así como una mayor ocurrencia de efectos adversos. En estos pacientes se potencia el efecto depresor sobre el sistema nervioso central y, por tanto, disminuyen el estado de vigilia, la atención y los reflejos, por lo que en estas condiciones conducir vehículos, realizar trabajos peligrosos o manejar maquinaria de riesgo puede revestir un gran peligro, dado que la capacidad de reacción ante una situación complicada e imprevista está seriamente disminuida. El alcohol también puede aumentar el riesgo de lesiones ulcerosas de la mucosa gástrica y prolongar el tiempo de hemorragias cuando se ingiere conjuntamente con antinflamatorios no esteroideos (ibuprofeno, naproxeno, indometacina, piroxicam). No se debe ingerir con paracetamol ya que se incrementa el potencial tóxico a nivel hepático. Como un caso particular se ha observado que al administrarse alcohol y disulfiram conjuntamente, se inhibe el metabolismo o la biotransformación del alcohol, ocasionando en los pacientes efectos adversos como náuseas, vómitos, sudoración, enrojecimiento de la cara, sed, cefalea pulsátil, palpitaciones, hipotensión, visión borrosa y síncope, que comienzan entre 10 y 15 minutos luego de la ingesta de alcohol y duran varias horas. Este fenómeno se conoce como ¨efecto antabuse¨ o reacción disulfiram. Las reacciones tipo disulfiram -subraya- también ocurren con algunas cefalosporinas (cefamandol, cefoperazona, cefotetán), furazolidona, griseofulvina, ketoconazol y clorpropamida. Los pacientes deberían abstenerse de tomar alcohol mientras estén utilizando estos medicamentos incluso hasta 72 horas después de terminar el tratamiento, y una semana en pacientes con insuficiencia renal. Con algunos antimicrobianos las reacciones pueden ser bien dispares. Con la doxiciclina y la eritromicina, por ejemplo, se produce una reducción del efecto antimicrobiano; con la amoxicilina, un retardo en la velocidad de absorción del fármaco. Por lo expresado, la doctora Alfonso Orta, especialista de segundo grado en Farmacología, quien se desempeña en la Dirección de Medicamentos y Tecnología Médica del Ministerio de Salud Pública, quiere concluir diciendo que es recomendable siempre consultar al médico para obtener una información clara sobre el uso y los riesgos de ingerir medicamentos y alcohol de manera simultánea. References Visible links 1. mailto:delaosa@granma.cip.cu Original Source / Fuente Original: http://www.granma.cubaweb.cu/2013/03/02/nacional/artic03.html
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