03/03/13 - Cuba-L Documento (Albuquerque) - La reforma cubana y su mensaje exterior * Gerardo Arreola Corresponsal La Jornada gerardoi.arreola@gmail.com (Intervención en el panel "Problemas de la transición socialista en Cuba", organizado por la revista Temas, en la 22a Feria Internacional del Libro de La Habana, Sala Jose Lezama Lima. 17 de febrero de 2013). I En viajes de trabajo vine a Cuba en varias ocasiones en los años 80. Luego fui corresponsal de la agencia mexicana de noticias Notimex, en los 90 y ahora estoy terminando una segunda estancia, esta vez como corresponsal del periódico La Jornada. De esta experiencia les comparto algunas de mis impresiones, que son, por supuesto, exclusivamente de mi responsabilidad. Subrayo que no se trata del resultado de alguna investigación académica, sino apuntes y testimonios surgidos en el trabajo. Aun antes de triunfar, la revolución cubana se convirtió en un foco de atención de la prensa internacional. Por supuesto, el interés creció a partir de 1959. Hacia la década de los 80 subsistían causas propias de Cuba como fuente de atracción para los medios extranjeros. Sin embargo, la cobertura tenía ya grandes similitudes con la que se hacía en la antigua Europa Oriental. En términos gruesos aquí habla dos comunidades de corresponsales extranjeros. Por un lado, los soviéticos y europeos orientales, que como regla se freían en su propio aceite. Por otro, los occidentales, que como regla se freían en el suyo. La agenda informativa estaba en manos del gobierno y pocas cosas surgían al margen de ese esquema. Además de todo lo que ya sabemos, esos códigos también cambiaron después de la caída del Muro de Berlín y el inicio del "período especial" en Cuba. Desde finales de los años 80 ya se estimulaba desde aquí la apertura de nuevas oficinas de medios de prensa extranjeros en La Habana, lo que se aceleró en la década siguiente. Esta tendencia coincidió, ya en los 90, con el interés de las organizaciones periodísticas de distintos países para ubicarse en Cuba. Muchas cosas ocurrían en la calle, que llamaban la atención en el exterior, por lo cual el gobierno dejo de ser la única fuente informativa. Surgió el ciclo de reformas, con su carga asociada de fenómenos monetarios, laborales y mercantiles. De pronto hubo mas turismo internacional y más compañías extranjeras. Se produjo un nuevo ciclo de emigración masiva. Tomaron mayores dimensiones la marginalidad y la delincuencia. Aparecieron las empresas de seguridad y se multiplicaron las rejas en las casas. Se abrió la brecha del ingreso y el bienestar. Desde los círculos oficiales salía el mensaje de que Cuba no sería la siguiente "ficha del domino" que iba a caer; que mantendría por lo menos las garantías sociales más importantes; que habría reformas, pero no surgiría un Gorbachov y que habla nuevas generaciones que iban a mantener esa línea. El mensaje fue coherente con las acciones. La cancillería estableció una relación activa con los medios informativos extranjeros. Mas aun: en esta época surgió un vocero oficial. Cada jueves, al mediodía, el vocero se reunía con los corresponsales, reportaba los asuntos de interés en la agenda del gobierno y luego respondía preguntas. Como era el único vocero oficial, las preguntas a menudo se disparaban hacia temas tan diversos como la zafra azucarera o algún suceso de la vida cotidiana. Si no tenla la respuesta a mano, el vocero indagaba y después se reportaba con el periodista. Nada más, pero nada menos. El primer vocero -Miguel Alfonso, un maestro en toda la extensión de la palabra-, y luego sus sucesores lograron demostrar que era posible establecer una relación respetuosa, seria y profesional con el conglomerado de medios extranjeros basados en La Habana. Quizás el gobierno tenga un balance de esta etapa. Por mi parte puedo decir que fue fructífera y me dejo la percepción de que Cuba estaba acompañando de esa forma su estrategia de reinserción en el mundo occidental, después de que las coordenadas cambiaron en la posguerra Ma. Sin embargo, hubo un nuevo viraje. La reforma se estancó y luego retrocedió en parte. En la política informativa hacia el exterior también hubo consecuencias. Las reuniones con el vocero empezaron a cancelarse a ultima hora hasta que desaparecieron. La propia figura del vocero se extinguió silenciosamente. Poco a poco se endurecieron las restricciones al trabajo de los corresponsales y a los periodistas que venían por periodos cortos. II Unas palabras ahora sobre el medio ambiente de la información internacional, que ha cambiado drásticamente en las últimas dos décadas. El circuito de los medios de prensa convencionales era el único escenario en los años 90. Hoy ya sabemos que ese circuito está en una crisis múltiple, en parte sorteando la recesión; en parte explorando formas viables de existencia en la plataforma digital; en parte descifrando como subsistir dentro del nuevo paradigma de dominio de la demanda -notablemente dinamizado por las redes sociales-, después de que casi ha muerto el dominio de la oferta. Para la industria de la información y para todos quienes trabajamos en ella este panorama es desafiante y exige respuestas. Pero los gobiernos tienen una carga análoga. No voy a decir ninguna novedad: las políticas públicas son o dejan de ser en buena medida según sea su reflejo en la imagen masiva. Más aun, a estas alturas ese reflejo es casi instantáneo. Cito solamente un dato: debajo de personajes como Justin Bieber, Lady Gaga y Shakira, dos de los tuiteros más seguidos son presidentes, Obama y Chávez. La velocidad de la circulación de datos y la sobrevaloración de las aportaciones espontaneas (lo que se ha dado en llamar "periodismo ciudadano") ha conducido al fetichismo de que todo lo que transita por la red es cierto y valioso. Por otra parte, el rumor o el invento prosperan ante el hermetismo. Ahora con más fuerza existe el fenómeno que se resume en un refrán norteamericano: "Una mentira puede recorrer el mundo cuando la verdad apenas se está poniendo los zapatos". Quizá por eso aún es relevante la legitimación de las historias a través de la firma de un autor o el respaldo de una cabecera reconocida y prestigiada. Adicionalmente, aunque es bien conocida la migración imparable al digital, el vuelco decisivo en la industria convencional aún no se produce y parece que todavía tardara. Traigo al caso dos informes recientes. The Daily, que nació en 2011 como el primer diario exclusivamente para iPad, fundado por la corporación Murdoch, cerro en diciembre pasado, ante la falta de resultados como negocio sostenible. En cambio, seguirá la expansión en varias plataformas, incluido el papel, del diario convencional The New York Post, uno de los buques insignia de esa empresa en Estados Unidos. Apenas este mes The New York Times anuncio que sus ingresos procedentes de suscripciones -tanto en papel como en digital- superaron a los obtenidos por la publicidad en 2012. Digamos, por lo menos, que la convergencia de soportes todavía tiene camino que recorrer y que la búsqueda de una cabecera creíble y confiable es una corriente identificable, viva y hasta rentable, en el océano de públicos. III Vuelvo a Cuba. Una ocasión en la que pude coincidir en un acto social con un alto funcionario, le pregunte que cuando podría ofrecer una conferencia de prensa. Me contesto que tenla mucho trabajo. Es decir, hablar con periodistas extranjeros no era parte de su trabajo. Otra vez, en circunstancias muy similares, pregunte a otro funcionario de primera línea por que no reponían al vocero. Su respuesta fue: "Para que quieres vocero si tienes al mejor?". Por supuesto se refería a Fidel Castro. Todavía hoy en el gobierno se considera que el contacto con un periodista extranjero -sea cual sea el medio- es un asunto altamente sensible, si no es que de plano prohibitivo. Un medio extranjero en Cuba no puede tocar libremente las puertas de los ministerios, de las instituciones, de los centros académicos, de los gobiernos provinciales o municipales, de los clubes deportivos o las cooperativas agrarias. Para tener acceso a una fuente de información institucional, así sea una modesta oficina de pueblo, hay que tramitar un permiso en una ventanilla única, en un mecanismo propio de la era soviética. El permiso, como regla general, pocas veces se concede, a veces se niega y muchas veces pierde sentido porque pasa el tiempo sin que haya respuesta. Por eso es que los despachos originados en La Habana pocas veces surgen de un contacto directo entre el medio y los actores, es decir, los cubanos, responsables de distintos niveles, que son quienes protagonizan el trabajo de todos los días. En cambio, no es raro encontrar citados a cubanólogos, a menudo de Estados Unidos, para que interpreten lo que ocurre en la isla. Como si aquí no hubiera sociólogos, economistas, funcionarios, ejecutivos, técnicos o trabajadores que conocen a fondo lo que ellos mismos están haciendo o estudiando. Desde luego, cada gobierno es libre de hacer su propia política de comunicación y solo a cada gobierno le compete decidir que le conviene. También es claro que en todos los circuitos de la comunicación moderna -tanto en la industria convencional como en las redes sociales- hay pérdidas y ganancias; hay partidarios y adversarios; coexisten reglas serias y decentes con la ley de la selva; hay intereses y complicidades en juego. Tener razones no basta para reflejarlas adecuadamente. Hay que trabajar en los escenarios. A un gobierno se le multiplican las opciones y su verdadero desafío no está en decidir si entra o no a esos escenarios, sino en cómo hacerlo. Aunque no entro al tema, no puedo dejar de referirme a lo que ocurre con la propia prensa cubana. Su naturaleza ha sido materia de discusión, al menos, que yo sepa, desde finales de los años 80. Una versión actualizada de esa aneja discusión está en el más reciente suplemento digital de la revista católica Espacio Laical. De ahí tomo estas líneas de Aurelio Alonso, que a mi juicio resumen el estado de la cuestión. Dice Aurelio: "Caracterizan a la prensa cubana de hoy la desinformación, la retención temerosa de lo que es noticia; el sometimiento vertical de los diarios (y otras publicaciones periódica) a un criterio externo, oficial (el de una instancia del Partido, aunque igual daño haría que lo fuera de un ministerio u otra institución política); la falta de confrontación, el rechazo al disenso en la selección de lo publicado, la censura (cuando se dice simplemente "eso no puede publicarse") y la autocensura (la deformación profesional de omitir todo lo que se presume que va a ser omitido); el desencanto profesional que me imagino debe sufrir gran parte de los periodistas en el ejercicio de realizar su misión de informar con el mayor provecho del público. No tengo la menor duda de que en nuestro periodismo están las capacidades para hacer una prensa mucho mejor que la que tenemos." Hay claramente un hilo conductor entre una política de prensa de ese perfil y una línea que se atrinchera y deja espacios vacíos en los escenarios de la comunicación internacional. Vuelvo al título de este panel para preguntar si es o no un problema que en esas condiciones en el exterior se perciba un mensaje claro sobre los cambios que están en curso en Cuba. *proporcionado por la Revista Temas, habana, Cuba
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