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03/04/13 - Cuba-L Document (Albuquerque) - EL SABOTAJE AL VAPOR LA COUBRE
 
 Por TOMÁS GUTIÉRREZ GONZÁLEZ*  

Como parte del plan del Gobierno de los Estados Unidos por desestabilizar a
la Revolución Cubana se produjo este sabotaje en la rada habanera. La
respuesta inmediata: ¡Patria o muerte!

Una segunda explosión sorprende a los que habían ido a auxiliar a las
víctimas El 4 de marzo de 1960 amaneció invernal y apacible. Obreros
portuarios se dedicaban a la descarga del buque francés La Coubre, que
había arribado al puerto habanero con armamento necesario para la defensa
del país. De pronto una potente detonación rasgó cual terrible trueno la
monotonía de la aparente normalidad vespertina. Media hora más tarde,
cuando se realizaban las acciones de rescate, una segunda explosión de
parecida magnitud completó la obra macabra. La muerte y el dolor
transformaron la vida de numerosas familias humildes. El resultado final:
un centenar de muertos, incluyendo 34 desaparecidos, alrededor de 400
heridos o lesionados -decenas de ellos incapacitados de por vida- y como
consecuencia, decenas de viudas y más de 80 huérfanos.

Ese hecho, extraordinario en sí mismo, adquirió al día siguiente una
especial relevancia para la historia de nuestra patria. Frente al intento
enemigo de aterrorizar al pueblo cubano para que desistiera del
esperanzador camino recién emprendido, la respuesta expresada por el
Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en el sepelio de las víctimas fue la de
resistir y luchar hasta la última gota de sangre, lo que quedó resumido a
partir de ese día y para siempre en nuestro grito inmortal de ¡Patria o
Muerte!  Antecedentes Ante el empuje de la victoriosa insurrección popular
encabezada por el Ejército Rebelde, el primer día de enero de 1959 cayó
derrocada la tiranía batistiana. Desde el primer momento, los principales
dirigentes de la Revolución Cubana orientaron los esfuerzos a consolidar el
recién iniciado proceso de transformaciones, con el objetivo de garantizar
el cumplimiento del programa contenido en La Historia me absolverá, que
abriría las puertas a la consecución de la independencia política y
económica y la justicia social.
 
Estos nobles propósitos comenzaron a encontrar la inmediata oposición del
Gobierno norteamericano, hasta entonces amistoso y complaciente con el
dictador recién derrotado y con los gobiernos de la república neocolonial
que "generosamente" le entregaban las riquezas del país. En el mes de
agosto de 1959, fue derrotada la llamada "conspiración trujillista", que
con la complicidad de Washington se proponía invadir nuestro territorio con
fuerzas mercenarias reclutadas y organizadas por el tirano dominicano
Rafael Leónidas Trujillo.  La permanente amenaza contra Cuba de invasiones
armadas desde el exterior, y la carencia de los medios de guerra necesarios
para enfrentarlas y vencerlas con la participación de todo el pueblo,
movilizó a la dirección revolucionaria para llevar a cabo la rápida
reorganización de sus incipientes fuerzas armadas. Con ese propósito la
Revolución comenzó a dar los pasos necesarios para comprar armas y
municiones.

El Gobierno de Estados Unidos hizo todo lo posible por impedir que Cuba
adquiriera esas armas en países de Europa occidental. Los intentos
realizados por funcionarios cubanos ante el Reino Unido, con el propósito
de sustituir aviones de combate de la pequeña Fuerza Aérea cubana por otros
más modernos, fracasaron por la directa intervención norteamericana. Sin
embargo, a pesar de las gestiones del cónsul y otros diplomáticos
estadounidenses ante el Ministerio de Relaciones Exteriores belga y la
fábrica productora de los modernos fusiles FAL, se logró firmar un
importante contrato. En cumplimiento de este, en octubre de 1959, el buque
La Coubre transportó un cargamento de armas hacia Cuba sin ningún
contratiempo.

En la rada habanera

La estremecedora explosión destruyó la popa del buque, parte del muelle y
algunas edificaciones cercanas Al amanecer del 4 de marzo de 1960 la nave
francesa se aproximó nuevamente a La Habana en su viaje número 54,
procedente de los puertos europeos de Hamburgo, Amberes y Le Havre. Luego
continuaría hacia Estados Unidos, México y Haití. A las 8 y 12 minutos de
la mañana penetró en aguas de la bahía habanera y atracó, alrededor de la
diez, en el muelle de la Pan American Docks (Arsenal). En cinco bodegas
transportaba carga general y en la número seis, al final de la popa, algo
más de 75 toneladas de municiones y granadas para fusiles FAL estibadas en
el puerto belga de Amberes. A las 11:00 de la mañana comenzó la descarga.

Los trabajadores portuarios designados para esa labor eran experimentados
estibadores, braceros y empleados de ese muelle. Participaban dirigentes
del Distrito de la Aduana y de la Compañía General Trasatlántica francesa
radicada en Cuba.

Fueron extremadas las medidas de seguridad para proteger la operación,
restringir el acceso al lugar y prevenir incendios y accidentes. Un
destacamento procedente del Campamento de Managua participaba en la
protección, al que se agregaron miembros de la Policía Militar del cercano
Cuartel de San Ambrosio, todos dirigidos por el jefe y otros oficiales de
la Sección de Material de Guerra del Estado Mayor General.

Unos minutos antes de las tres de la tarde concluyó la extracción de las
cajas de municiones que ocupaban el entrepuente inferior de la bodega seis.
Momentos después, comenzó la descarga de las de granadas ubicadas en su
entrepuente superior.

Zarpazos terroristas A las tres y diez minutos, cuando ya estaban sobre el
muelle unas 20 cajas, se produjo una estremecedora explosión dentro de la
bodega de donde eran extraídas, que destruyó la popa del buque, parte del
muelle y las edificaciones cercanas. Todas las miradas se enfocaron hacia
la enorme columna de humo en forma de hongo que comenzó a ganar altura.
Hacia allí se movilizaron miembros de la Policía Nacional Revolucionaria,
jefes, oficiales y combatientes del Ejército Rebelde, bomberos y personal
de la Cruz Roja. De manera espontánea y solidaria también se presentaron
vecinos y trabajadores de las cercanías.


La vanguardia revolucionaria desde el inicio en la primera línea de combate
Desde diferentes puntos de la ciudad acudieron con rapidez nuestro
Comandante en Jefe Fidel Castro, los comandantes Raúl Castro, Che Guevara,
Juan Almeida, Ramiro Valdés y Efigenio Ameijeiras, el entonces presidente
Osvaldo Dorticós y el comisionado José Llanusa, entre otros dirigentes
revolucionarios.

En medio de una gran confusión, donde quejidos de intenso dolor, restos
humanos cercenados y cuerpos consumidos por el fuego, se mezclaban con el
denso y penetrante humo y con múltiples obstáculos que dificultaban el
paso, se produjeron escenas impresionantes de solidaridad humana y
actitudes de increíble valor para auxiliar a las víctimas que habían
quedado atrapadas entre el fuego y los escombros provocados por la
explosión.

Una segunda deflagración dejó su mortífera huella en los cuerpos de los que
se encontraban enfrascados en las labores de rescate, lo que no impidió que
se repitieran similares actitudes en el socorro a las nuevas víctimas.
Cerca de las ocho de la noche, los bomberos habían controlado el fuego,
pero se apreciaba un escenario dantesco. El saldo final de muertes incluyó
a seis marinos franceses. Entre los trabajadores muertos se hallaban diez
personas mayores de 60 años y entre los heridos 15 mujeres y 12 niños que
vivían o se encontraban en los alrededores. El Gobierno Revolucionario
garantizó la protección de todas las familias afectadas por la catástrofe.


Evidencias del sabotaje

Durante el proceso investigativo fue identificado el interior del
compartimiento superior  de la bodega número 6, donde se descargaban las
cajas de granadas, como el lugar donde se habían producido las explosiones.
Quedó demostrado que la caída de una caja de granadas desde cualquier
altura no podía provocar su explosión, lo que fue corroborado al disponerse
que oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) efectuaran
pruebas con el lanzamiento de varias de ellas desde una nave aérea en
vuelo. No se trataba de un accidente, como quedó bien probado.

Era un hecho intencional, un sabotaje preparado fuera de Cuba.  

Con bastante antelación a este acto criminal, el Gobierno norteamericano
había decidido liquidar a la Revolución Cubana por medio de la subversión y
la fuerza de las armas, lo que consta en declaraciones de sus más altos
dirigentes de aquella época y en múltiples documentos desclasificados
posteriormente, en particular los pertenecientes a la Agencia Central de
Inteligencia (CIA).

Los servicios de inteligencia norteamericanos incrementaron desde octubre
de 1959 diversas acciones terroristas subversivas contra nuestro pueblo,
con el propósito de sembrar el pánico y debilitar su apoyo al proceso
revolucionario. Bombardeos de ciudades, poblados, cañaverales y centrales
azucareros, sabotajes contra objetivos económicos y sociales, planes de
atentados contra la vida de los principales dirigentes revolucionarios,
junto a la promoción de alzamientos y la creación de organizaciones
contrarrevolucionarias dentro y fuera de nuestro país, constituían acciones
cotidianas para preparar el terreno a la posterior invasión mercenaria por
Playa Girón, con la que pretendían derrocar la Revolución.

Todo indica, de acuerdo con las evidencias, que la explosión de La Coubre
había sido provocada por un sabotaje en el que estuvo presente la mano de
los servicios de inteligencia norteamericanos.

A 50 años de aquel abominable crimen, mientras el Gobierno norteamericano
continúa enfrascado en destruir la Revolución Cubana e increíblemente
incluye a Cuba en su lista de países promotores del terrorismo, el pueblo
cubano rinde honor a los mártires de La Coubre, exigiendo la libertad de
Gerardo, Ramón, René, Antonio y Fernando, nuestros cinco héroes
injustamente condenados en cortes norteamericanas por luchar contra el
terrorismo, y enarbolando con más firmeza y decisión que nunca su viril
respuesta de ¡Patria o Muerte!  

* Investigador del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado.


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