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03/04/13 -  Boletín Entorno (Habana) - DEBEMOS ESTAR EN LO VIRTUAL Y EN LO
REAL

por Javier Couso 

La irrupción de los medios alternativos y las redes sociales consecuencia
de la popularización de la red de redes ha traido nuevas formas de
comunicar y de organizarse. La mayoría somos conscientes del terremoto que
ha supuesto en todos los ámbitos de la vida la revolución cibernética.

Si antes el impacto era evidente en el uso militar, industrial,
aeroespacial, ciéntifico, etc. nada ha sido igual después de la
masificación lograda con el acceso barato a las redes y a los dispositivos
de alta tecnología.

Siempre hay que tener en cuenta que esa popularización no se hace desde una
óptica liberadora sino con una lógica de mercado que busca abrir nuevos
nichos de consumo y de manera subyacente, de control social.

Dejando a un lado los objetivos espurios, el hecho es que la implantación
casi global de la comunicación digital y el surgimiento de las populares
redes sociales abre un novedoso espacio con grandes repercusiones que
afectan, entre otras, a la comunicación política y la información en
general, es decir a la creación de opinión.

Que en el terreno militar es hoy una prioridad para gobiernos de cualquier
signo es algo que queda fuera de toda duda cuando sabemos que Estados
Unidos crea un poderoso Comando del Ciberespacio dependiente del Ejército
del Aire y comandado por un General de cuatro estrellas o cuando países de
América Latina como Brasil desarrollan por medio de su industria nacional
el Simulador Nacional de Operaciones Cibernéticas , (SIMOC) destinado a
entrenar a sus fuerzas armadas en la guerra de red.

Y si en la guerra todo lo cibernético es importante, incluidas las redes,
como no será extraordinariamente importante para la comunicación política,
que no es más que la guerra ideológica por otros medios, dicho sea
parafraseando el famoso axioma de Clausewitz.

Como en todo proceso revolucionario, los cambios bruscos afectan positiva y
negativamente, además de producir un intenso debate entre detractores y
adherentes, algo a lo que la izquierda, por desgracia, se apunta con
beligerancia y con equipos enfrentados en uno y otro bando.

Si abordamos los aspectos negativos podemos señalar, entre otros, la
tecnofilia, la dependencia, y la ciberpercepción irreal:

-Tecnofilia: surgida como parte de la cultura del consumo de masas y
asociada a un estatus económico o a una construida imagen de modernidad que
atrapa a muchas personas que veneran la tecnología como si de una nueva
religión se tratase, donde todo lo tecnológico es bueno y por medio de su
uso se puede lograr cualquier cosa.

-Dependencia: la manera de relación que propicia el mundo virtual unido a
ese simbolismo atribuido a la cibertecnología crean no pocas veces sujetos
o comunidades que no entienden otra manera de actuar que no sea la que se
produce a través de las redes.

-Irrealidad: como consecuencia de todo lo anterior se puede caer en una
falsa imagen de la vida vehiculada a través de lo virtual que crea una
ilusión sustitutiva de la propia realidad que deforma las relaciones
interpersonales.

Resumiendo; en su aspecto negativo las tecnologías asociadas a las redes
pueden conducir a la creencia de que solo importa lo que discurre por las
autopistas de datos, dándole una entidad de fin y no de medio, con lo que
una herramienta poderosísima es convertida en un lastre y en un problema.

Pero no todo son aspectos negativos y frente a lo que pregonan los
apocalípticos ludistas antitecnológicos nos encontramos con aspectos que
redimensionan nuestro quehacer de lucha y entre los que podríamos destacar
la inmediatez, el alcance, la socialización, la difusión y la incidencia:

-Inmediatez: Posibilidad barata y accesible para compartir y enviar
información en tiempo real.

-Alcance: En principio, consigue romper las distancias acercándonos los
unos a los otros.

-Coordinación: Permite la coordinación de grupos alejados geográficamente.

-Socialización: Su uso pone al alcance de muchos, información que antes era
de difícil acceso.

-Difusión: Alcance comunicativo a segmentos de población que los medios
tradicionales impedían.

-Incidencia: Capacidad de lograr impacto real a través del uso político de
redes y ciberherramientas.

Es en esta última cuestión, la incidencia, donde debemos centrarnos, pues
es el objetivo de la comunicación política: incidir en la realidad para
cambiarla.

A pesar de la euforia inicial por algunos resultados en el uso de redes
como Facebook y sobre todo Twitter, debemos ser conscientes del alcance
real que tienen sobre el conjunto de la sociedad. Según la encuesta
postelectoral del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de 2011 los
usuarios de Twitter en España representan un 8% de la población mayor de
edad, mientras Facebook tendría un alcance cercano al 30%. Resumiendo,
Facebook tiene un uso más amplio y variado de diferentes estratos sociales
mientras que Twitter cuenta con usuarios mayoritariamente de izquierda,
jóvenes y con cualificación cultural.

Tener presente estos datos nos ayuda a no sobredimensionar estos medios en
el momento actual, pero teniendo presente que la tendencia en el futuro
cercano es que la gente joven se informe casi exclusivamente por Internet y
las redes sociales. Con lo cual, para el día de mañana, posicionarse hoy en
el ciberespacio tendrán una importancia capital en el ámbito de la
información y la creación de opinión que afectará de una manera determinate
a la confrontación social definiendo su dirección.

Estos datos son reveladores acerca del efecto multiplicador de estas
herramientas, pues Twitter, por ejemplo, con su escaso por ciento de
alcance logra influir en la opinión de aquellos que crean opinión. Es
decir, los posicionamientos, las etiquetas que se convierten en tema del
momento, las fotos, los enlaces, . en definitiva, la información que se
genera y transmite logra incidir en personas con una relevancia social que
hacen crecer el impacto al amplificarlo por otros medios de masas.

Políticos de primer nivel, periodistas, creadores culturales, artistas,
gurús, estrellas, . acaban siendo permeados por los flujos de información
que se crean y circulan en Twitter o en Facebook.

De ahí el éxito en la visibilización de asuntos tabú para la normal agenda
de los medios de información al servicio de las grandes empresas. Desde
huelgas laborales a acciones de pequeños colectivos, debates sobre
propiedad, deuda o desahucios, campañas de solidaridad con Cuba o Venezuela
frente a la mentira mediática, o la publicación de fotografías y/o vídeos
de brutalidad policial frente a manifestaciones pacíficas, han visto la luz
gracias al posicionamiento y difusión logrado por las redes sociales.

Es cierto, como señalan sus detractores, que las ciberacciones por sí solas
no cambian la realidad y que como señalaba antes hay muchos actores
sociales que confunden la realidad con la virtualidad, pero si queremos
hacer una análisis serio no podemos achacar a la herramienta los males que
son propios de la sociedad o de los movimientos sociales.

Poco se podrá hacer si se agita y se consigue movilización pero ésta
finalmente no es canalizada por organizaciones políticas o sindicales que
busquen el cambio de las relaciones económicas desiguales que entroniza el
capitalismo. Está claro. Pero lo que no le pedimos a los libros o a los
mítines por sí solos no se lo podemos pedir a las redes sociales, que al
fin y al cabo son solo instrumentos de transmisión.

Tampoco es conveniente sobredimensionar lo reducido de los 140 caracteres y
englobar con ello todo lo demás. Sí, es cierto que desde las esferas del
poder se pretende una desculturización a través de la simplificación del
pensamiento, pero frente a ello no podemos olvidar que los hipervículos, es
decir la posibilidad de enlazar vídeos, fotografías o lecturas de dimensión
sin límite, son un aspecto intrínseco a la naturaleza del mundo cibernético
y por lo tanto, estamos obligados a movernos en esa dirección.

Al igual que las armas de guerra usadas como elemento de defensa o
liberación, lo que importa no es su naturaleza, sino el uso que les demos.
Sí, la red tiene propiedad y está en manos del imperialismo y el
capitalismo de consumo, y sí, trata de controlar, adoctrinar, encadenar,
vigilar y conseguir beneficios, pero no podemos dejar ningún espacio sin
batallar.

No podemos permitirnos estar ausentes de donde está la mayoría de la
población para llevar nuestro mensaje de que otro mundo es posible. Si en
el campo de la Defensa se enfrenta alta tecnología y poder de fuego con
tácticas de descentralización, cesión de espacio, uso del tiempo,
concentración de fuego y movilidad, en el espacio de la red deberemos
buscar puntos flacos, aprovechar nuestras capacidades y dar la batalla. De
otra manera, pero darla. En cualquiera de los escenarios disponibles.

Estamos hablando de una guerra de comunicación en la que ellos quieren
crear opinión pero nosotros debemos de ganar ideas, que son al fin y al
cabo, las que consiguen mover a las personas para transformar la realidad.

En esta guerra comunicativa no solo está presente la información y la
difusión de ella, tambien debemos contemplar el uso formativo, o mejor
deformativo de la industria cultural, el llamado entretenimiento.

Si las redes nos permiten posicionar debates, colocar noticias ocultas o
romper la barrera de los grandes medios dando difusión a los medios
antiimperialistas por medio de vídeos en red que logran romper la censura,
como en el caso de RT, TeleSur o HispanTV, en el campo cultural digital
estamos, no ya derrotados, sino ausentes.

La mayoría de las veces creemos que el secuestro de la información, por
parte de las transnacionales y el poder financiero, son lo que determina y
mantiene la hegemonía de éstos. Yo no pienso así. Creo que la mayor parte
del control proviene de lo que en el mundo anglosajón se llama
"entertainment", el ocio o entretenimiento. La poderosa industria cultural
estadounidense perfeccionada en el marco de la guerra fría y que junto con
la carrera de armamentos acabó siendo determinante para derrotar al campo
socialista.

En el ámbito digital, los videojuegos constituyen una de las armas más
poderosas para la transmisión del pensamiento dominante que tienen
disponible y que afectan a los más expuestos, los jóvenes en período de
formación personal.

La gigante industria de los videojuegos es tan grande e importante, que hoy
mueve más dinero que el cine y la televisión juntas. Tanto por negocio,
como por penetración, supone una poderoso medio creado para modelar y
persuadir.

Si nos detenemos en la temática de los juegos populares, vemos que algunos
se centran en el puro pasar el tiempo, los más en asumir diferentes roles
(cantante, jugador de futbol, piloto, gangster, guerrero, habitante de
mundos virtuales,. ), unos pocos en la inteligencia o la cultura y a partir
de la llegada de los sensores de movimiento, también en la práctica de la
gimnasia o el deporte virtual. Pero donde se pone más énfasis a nivel
ideológico es en los videojuegos de pura acción bélica, sea táctica,
estratégica o solamente de "moverse y disparar".

Los armazones sobre las que se construyen estas superproducciones
virtuales, son tan actuales que llegan a basarse en los supuestos
estratégicos que maneja el Pentágono y que por alguna razón se deciden a
difundir, supongo que para testar.

Se puede combatir con fuerzas especiales estadounidenses en un México
desestabilizado por un "villano" que pretende soberanía, en una Cuba
"democrática" contra la amenaza de una vuelta al socialismo, contra la
reconstrucción de los soviets en naciones de la extinta URSS, en Líbano y
Palestina contra sus resistencias, en Asia contra lo que vendría a ser la
Organización de Cooperación de Shangai, en Venezuela contra el proyecto
revolucionario o en un área no definida de Sudamérica contra la futura
organización de defensa del ALBA.

No solo son supuestos tácticos conocidos, son supuestos estratégicos a
futuro que se hacen con la intención de que los jóvenes de hoy vayan
asumiendo quienes son los "malos" y quienes los "buenos". Por supuesto los
"malos" somos quienes queremos un mundo multipolar donde naciones soberanas
puedan hacer uso de sus recursos y/o los que creemos en un justo reparto de
la riqueza y los "buenos" son los que restauran el orden contra los "locos
populistas dictadores" que pretenden acabar con la "democracia".

Me queda fuera de toda duda que esas ideas permanecen en el subconsciente y
que son semillas que germinarán en el marco de las guerras
democratizadoras, con el abono de los grandes medios de información y el
aderezo del barniz humanitario de sus oenegés.

Por eso me extraña que en el ámbito de las naciones que pelean por su
soberanía y la verdadera independencia, como las que integran el ALBA, no
exista un proyecto que asuma los videojuegos como parte del contraataque
cultural. Al contrario que la resistencia libanesa que, con sus precarios
medios, creó un juego donde se asumía el rol de guerrillero antisionista,
no entiendo como los jóvenes de la América Latina emergente no pueden jugar
a defender Girón, emular a Bolívar en su batalla por la independencia,
combatir a Batista en Sierra Maestra, pilotar un Mig-23 contra los racistas
de Pretoria en Cuito Cuanavale, participar en la insurrección popular
sandinista contra Somoza, resistir la invasión gringa en Dominicana o
alzarse junto a Tupac Amaru contra el colonialismo.

Que se deje en manos de los enemigos estas poderosas herramientas de ocio,
formación y propaganda es una absoluta irresponsabilidad producto de un
puritanismo forjado en base a miopes prejuicios morales.

Tanto en el terreno de la transmisión digital de información a través de
las redes sociales como en la industria cultural del ocio digital se debe
estar presente. No se trata de adorar o menoscabar. De lo que estamos
hablando, es de usar todas las herramientas que nos ofrece el escenario en
el que nos movemos, es decir, estar presentes con nuestra lucha en todos
los ámbitos de la vida.

Nos va la vida en ello y me refiero a la vida real no a la virtual.

Intervención en el II Taller Internacional: "las redes sociales y los
medios alternativos, nuevos escenarios de la comunicación política en el
ámbito digital". La Habana, 11 al 13 febrero de 2013.


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