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03/05/13 - Juventud Rebelde (Habana) - Sueños de babor a estribor

Jóvenes que custodian el país desde la frontera cuentan sus vivencias y,
mar mediante, se comprometen a llevar sus sueños a bordo

Ana María Domínguez Cruz digital@juventudrebelde.cu 4 de Marzo del 2013
20:17:57 CDT

"Estoy mucho más tiempo en el mar que junto a mi hijo, de solo un año y
siete meses. Quiero que él esté orgulloso de su papá, del trabajo que hago
como guardafrontera, pero no puedo negar que me ha sido difícil conjugar la
lejanía de mi familia con la pasión por mi profesión, con mi deber como
soldado en la frontera".

Conocer al camagüeyano primer teniente Rolando Martínez Diéguez, comandante
de un buque guardacostas de las Tropas Guardafronteras desde 2009, es una
magnífica oportunidad para dialogar con alguien que ama su trabajo y que se
supera cada día desde el punto de vista profesional y personal con el
objetivo de cumplir sus tareas y ser ejemplo para sus subordinados.

"Estoy al frente del buque insignia de este órgano y para mí ha sido un
reto constante. Debo prepararme no solo desde el punto de vista físico,
sino teórico y práctico también, porque solo con mis conocimientos, ejemplo
y exigencia puedo lograr el respeto y el buen desempeño de la tripulación,
conformada por veinteañeros como yo.

"Asumo el trabajo con mucha responsabilidad y soy consciente de que una
incorrecta actuación nuestra en el mar puede definir incluso relaciones
diplomáticas entre Cuba y otros países, por lo que no podemos dejar ninguna
puerta abierta a la imprudencia o al error", afirma el joven egresado de la
Academia Naval Granma en la especialidad de oficial de cubierta.

Recuerda Rolando momentos en los que ha debido enfrentar salidas ilegales
del país, rescate de personas en el mar y violaciones a la legislación
relacionada con la pesca ilícita, experiencias todas que han puesto a
prueba su entereza, su capacidad de mando y su vocación.

"Desde pequeño, cuando iba con mi papá al astillero en Nuevitas, me enamoré
de los barcos y mantengo encendida la llama de ese amor todos los días
aquí, enfrentando el narcotráfico internacional y protegiendo objetivos
económicos y plataformas petroleras.

"Cumplo con mi deber desde la frontera y mi hijo aprenderá con el tiempo
que el trabajo de su papá es decisivo. Seguramente entenderá que gracias a
lo que hacemos, él y los demás cubanos pueden dormir tranquilos", aseguró.
Como en las películas

"¿Cuántas veces no vemos en la televisión películas en las que hay que
resolver misiones especiales? Desde un helicóptero, un buque, la costa, en
el mar, en el momento que sea necesario. Pues mi vida es entonces como una
película, porque eso lo vivo a diario".

Sonrío, porque no deja de tener razón el primer teniente Yaidierkis López
Díaz, de 26 años, miembro del Destacamento de Destino Especial de las
Tropas Guardafronteras.

"Desde que ingresé a los Camilitos en Camagüey sabía que mi vida sería
esta; por eso estudié después en la Escuela Nacional de Tropas Especiales y
elegí desempeñarme aquí, en el mar. Bucear y nadar son unas de mis pasiones
y ahora forman parte de mi trabajo.

"Debo estar siempre en forma, prepararme con todo tipo de armamento y sobre
todo estar siempre dispuesto, porque en cualquier momento puede necesitarse
la intervención de mi unidad y no estamos hablando de películas, sino de la
vida real".  "Pico y pala" a bordo

Sonríe Adnier Oramas López, primer oficial de ingeniería naval de las
Tropas Guardafronteras cuando le recuerdo su infancia y los pequeños barcos
que inundaban su cuarto. "Me apasionan y esa es la motivación principal
para que estudiara esta carrera en la Academia Naval Granma, de la que
egresé, junto a otros 29 compañeros en la primera promoción, pues
anteriormente solo se estudiaba en la Unión Soviética".

Proyecta, diseña, calcula, esboza y de esa manera el joven villaclareño
construye y repara embarcaciones, esas que luego salen al mar a cumplir
misiones y defender el territorio nacional.

"Podía haber sido navegante, pero me gusta más crear, y pienso que de
cierta forma también lo soy, porque conozco un barco como la palma de mi
mano y también el día que haga falta puedo zarpar en uno y con los ojos
cerrados hacer lo que haya que hacer.

"Vivo lejos de mi familia, pero todos entienden la importancia de mi
trabajo y con eso ganamos en comprensión; fíjate que ahora mismo mi esposa
está en Venezuela colocando el granito que le toca y yo también la
entiendo".  Con nervios de acero

"Me gusta desafiar al peligro y cuanto más tensas sean las situaciones a
las que me enfrento, mucho mejor. Como enfermera a veces vivo momentos muy
fuertes, pero también como miembro del Destacamento de Destino Especial de
las Tropas Guardafronteras puedes imaginar que estoy sometida a un estrés
constante".

Así se siente feliz la guantanamera Migdalia Daudinot Leguen, quien es
parte importante de las Tropas Guardafronteras al cumplir con su doble
misión.

"Me ejercito todos los días; practico con las armas, entreno, nado y estoy
lista siempre; y en medio de la misión, además de cumplir como un soldado
más, doy los primeros auxilios a quien los necesite, porque como enfermera
no puedo abandonar ninguna de mis responsabilidades.

"Nunca estoy nerviosa, porque ya me he puesto a prueba en muchas ocasiones,
y si el teléfono suena en mi casa, se tiene la seguridad de que yo estaré
allí, aunque sea un domingo. Mi familia sabe que mi vida está aquí, en el
cuidado de mi país desde la frontera y sus soldados".  Apoyo emocional de
proa y popa

Para la primer teniente Ailé Quesada Pérez, primera instructora de la Unión
de Jóvenes Comunistas en las Tropas Guardafronteras, el trabajo
político-ideológico es vital en la atención a los muchachos que se
desempeñan en estas unidades.

"Tengo sentido de pertenencia por este trabajo desde que estuve aquí en el
Servicio Militar Voluntario Femenino y lo único que quiero es que nos
vinculemos más. No concibo que mi desempeño sea en tierra y no a bordo,
junto a los muchachos, en los momentos difíciles que ellos puedan vivir.

"Si me ven junto a ellos, el trabajo político-ideológico se hará mejor, y
si yo comparto sus dificultades, sus situaciones estresantes, sus triunfos,
seré capaz de entenderlos mucho más y de "llegar" más hondo en su
formación, de hablarles con mayor autoridad moral y con el convencimiento
de que nos dirigiremos a un objetivo común".

Comprendo a Ailé y sé que con instructoras como ella la labor ideológica en
las Tropas Guardafronteras será más intensa y los resultados, mejores. "Doy
todo el apoyo emocional que se requiera y estaré ahí, desde la proa hasta
la popa, porque también me siento uno más de ellos. Ya verás, eso se lleva
en la sangre y seguro mi hijo, que ahora solo tiene dos años, será
guardafrontera".


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