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03/05/13 - Rebelión (Madrid) - El Che y la crítica desde el socialismo
cubano

Fernando Martínez Heredia Cubadebate

Ernesto Che Guevara es uno de los nombres fundamentales en la historia del
pensamiento revolucionario cubano. Y es uno de los más prominentes
marxistas que participaron desde el Tercer Mundo en el proceso de
universalización de esa concepción teórica revolucionaria. Los dos títulos
que se presentan aquí hoy son de una enorme importancia para el
conocimiento de la concepción revolucionaria marxista del Che.

He analizado su pensamiento en numerosos escritos e intervenciones desde
hace décadas. Entonces, dedicaré la mayor parte de mis palabras a un
aspecto de la concepción teórica del Che que está muy desarrollado en
Apuntes críticos a la Economía Política, pero también está siempre presente
en Retos de la transición socialista en Cuba (1961-1965).

No es posible valorar ni sacarle mucho provecho a un pensamiento específico
sin conocer en alguna medida sus presupuestos ?tanto en lo concerniente al
mundo en que se elaboró como a la persona que lo hizo- y el lugar que ocupó
ese pensamiento respecto a las situaciones y los problemas fundamentales de
su época. Enumero cuatro aspectos del momento histórico al que pertenecen
estos dos libros: el triunfo del socialismo cubano; el tiempo en que ese
socialismo fue retado por el estado del pensamiento existente en un país
capitalista neocolonizado en el cual comenzaba una Revolución muy profunda;
las necesidades, el desarrollo y los conflictos propios de esa Revolución
en el poder durante su primera etapa (la que va de 1959 a inicios de los
años 70); y el conjunto de sus condicionamientos internacionales.

Por otra parte, Che invita a no olvidar nunca la situación concreta de la
cual ha partido Cuba en su transición socialista. No somos ilusos,
advierte, estamos tratando de edificar efectivamente el socialismo
"saliendo de una etapa semicolonial. de todos los vicios, de todas las
taras que nos dejó el capitalismo, con la misma gente, con todos nosotros
con mentalidad capitalista, hace unos años pensando siempre cuánto íbamos a
ganar". La debilidad que padece Cuba no debe atribuirse a la utilización de
un sistema financiero determinado: "son debilidades de una economía que ha
cambiado su composición, su característica".

El Che insiste, incansable, en desbaratar la imputación que se hace a sus
ideas de mantener un desprecio "idealista" por el interés material, un
simplismo que busca devaluarlas y rehuir la discusión. Nadie en sus cabales
desconoce la fuerza y el arraigo del interés material, instalado a lo largo
de la historia de las sociedades de dominación y multiplicado y
refuncionalizado por el capitalismo. La elección está entre utilizarlo
llana y acríticamente ?aunque se lamente que sea nocivo-, o utilizarlo como
un mal necesario, sin depender de él. Ser creativo desde la situación
concreta e inevitable, y organizar un proceso de erradicación paulatina de
los comportamientos económicos egoístas e individualistas. Ir forjando otro
mundo de actuaciones y valores, que pueda reunir diferentes estímulos,
implantar la norma que en nombre del deber social reconoce o reprocha, al
mismo tiempo que retribuye o no a partir del grado de cumplimiento, o el
estímulo a la capacitación dado por su conversión en requisito para pasar a
un nivel superior. Instrumentos como los citados, dice el Che, persiguen la
toma de conciencia de tipo mecánico en el individuo; hay que perseguir, a
la vez, la toma de conciencia de tipo dinámico, una de cuyas formas
fundamentales es el trabajo voluntario.

La creación de otra realidad desde la existente, sin lo cual no hay
revolución socialista, tiene que incluir el espíritu crítico, fomentar la
independencia de los criterios y la capacidad de pensar y valorar con
cabeza propia, y aprender a distinguir los caminos, sus implicaciones y sus
resultados. Es impresionante la vitalidad y la hondura alcanzados por aquel
análisis teórico que permitía, en medio de la tormenta de la Revolución,
señalar los graves peligros de copiar mecánicamente y no ver las
deficiencias del socialismo existente, y salirle al paso a la resignación a
lo que existe, la rutina y el seguidismo. El Che aprendió ?al mismo tiempo-
a reflexionar sobre la circunstancia en curso, la actuación inmediata, los
métodos y los fines mediatos, y a teorizar acerca de los asuntos
fundamentales.

En textos no públicos, el Che expuso más libremente sus juicios.
Consideraba que la URSS había comprometido de manera fatal el futuro de su
transición socialista cuando convirtió en permanente la Nueva Política
Económica que el país se había visto obligada a adoptar en medio de una
crisis interna terrible, poco después del final de la Guerra Civil. Esa
conclusión la extrajo de sus profundos estudios del proceso de los primeros
años del poder soviético y el pensamiento de Lenin y otros bolcheviques. En
los meses que siguieron a la retirada del Congo ?el tiempo en que
permaneció en Tanzania y Praga- escribió mucho, ordenó y expuso ideas y
organizó numerosos textos. Un trabajo fundamental de ese periodo son estos
Apuntes críticos a la economía política. Más de doscientos comentarios del
Che a la más reciente edición del Manual de Economía Política, texto
docente oficial soviético, constituyen el núcleo central del libro, que
reúne también un gran número de textos del Che, casi todos procedentes de
sus cuadernos de notas, su correspondencia y la transcripción de
grabaciones. La gran mayoría permanecía inédita.

El Che ?que admiraba a Lenin tanto como el que más- entró resueltamente a
analizar los hechos y las posiciones dentro de la Revolución y la Rusia
bolchevique, en busca de las experiencias y el conocimiento. Lo cierto,
escribe, es que en 1921-1922 el país fue pasando "a las relaciones de
producción que configuran lo que Lenin llamaba capitalismo de estado, pero
que en realidad también puede llamarse capitalismo premonopolista en cuanto
al ordenamiento de las relaciones económicas." Con la muerte de Lenin,
dice, "se pierde el riquísimo acervo de su pensamiento revolucionario y
queda el reflejo de su postrer impulso por el camino de la retirada".

La confrontación principal que existe en el mundo no es en modo alguno la
que repiten las declaraciones y los organismos de la URSS y el movimiento
comunista, con sus supuestas tres fuerzas revolucionarias: primera, el
llamado sistema socialista mundial; segunda, el proletariado de los países
capitalistas desarrollados; y tercera, las luchas por la independencia y la
democracia nacional en el Tercer Mundo. En realidad, dice el Che, el
imperialismo no agoniza: "ni siquiera ha aprovechado al máximo sus
posibilidades en el momento actual y tiene una gran vitalidad (.) La
tendencia es a invertir capitales propios en el aprovechamiento de las
materias primas o en la industria ligera de los países dependientes." La
aguda competencia en su seno "provoca una incesante marea de innovaciones
técnicas."

De la unión entre los proletarios a escala mundial proclamada por las
declaraciones, dice: "Falso de toda falsedad. No hay punto de contacto
entre las masas proletarias de los países imperialistas y los dependientes;
todo contribuye a separarlos y crear antagonismos entre ellos (.) el
oportunismo ha ganado una inmensa capa de la clase obrera de los países
imperialistas." Sobre las revoluciones: "También es falso que el
proletariado (.) sea el que cumpla el papel dirigente en la lucha de
liberación en la mayoría de los países semicoloniales". Ya no se puede
admitir la idea de que la burguesía nacional sea un factor progresivo en
las luchas revolucionarias: "La lucha contra la burguesía es condición
indispensable de la lucha de liberación, si se quiere arribar a un final
irreversiblemente exitoso".

Al salir del Congo y verse obligado a esperar, Che se entrega a una tarea
que constituye el inicio de una nueva fase de su obra. Siente la necesidad
de llegar a conclusiones sobre el socialismo realmente existente, asunto
crucial para todos en el mundo, y también de ofrecer una alternativa desde
las ideas de los revolucionarios marxistas de los países que han sufrido o
sufren el colonialismo y el neocolonialismo, que ahora quieren pelear por
la liberación total de las naciones y de las personas, y por el avance de
la revolución mundial. "Es un grito dado desde el subdesarrollo", escribe
en "La Necesidad de este libro", breve introducción para los Apuntes que
contiene planteamientos trascendentales. Se refiere en ella a la obra
monumental que dio origen al marxismo, las nuevas situaciones de la época
imperialista, los aportes extraordinarios de Lenin y la detención ulterior
del desarrollo de la teoría marxista. Enseguida expone las razones por las
cuales hace la crítica de la Economía Política:

    Creemos importante la tarea porque la investigación marxista en el
campo de la economía está marchando por peligrosos derroteros. Al
dogmatismo intransigente de la época de Stalin ha sucedido un pragmatismo
inconsistente. Y, lo que es trágico, esto no se refiere solo a un campo
determinado de la ciencia; sucede en todos los aspectos de la vida de los
pueblos socialistas, creando perturbaciones ya enormemente dañinas, pero
cuyos resultados finales son incalculables (.) Nuestra tesis es que los
cambios producidos a raíz de la NEP han calado tan hondo en la vida de la
URSS que han marcado con su signo toda esta etapa. Y sus resultados son
desalentadores: la superestructura capitalista fue influenciando cada vez
en forma más marcada las relaciones de producción, y los conflictos
provocados por la hibridación que significó la NEP se están resolviendo hoy
a favor de la superestructura. Se está regresando al capitalismo.

Che espera serenamente el repudio a su posición y la acusación de
anticomunismo y oportunismo, el rechazo de los que se sentirán heridos en
su cariño y su lealtad, y también el sobresalto sincero de otros "ante este
cúmulo de razones nuevas y diferentes". Pero confía en que muchos podrán
sentirse atraídos por este "intento de retomar la buena senda". A ellos se
dirige el libro, "y también a la multitud de estudiantes cubanos que tienen
que pasar por el doloroso proceso de aprender 'verdades eternas' en las
publicaciones que vienen, sobre todo, de la URSS, y observar cómo nuestra
actitud y los repetidos planteamientos de nuestros dirigentes se dan de
patadas con lo que leen en los textos".

Un largo camino había recorrido Ernesto Guevara en una década. La
Revolución había sido su maestra. En la guerra y desde el poder
revolucionario se desarrolló su estatura como combatiente, dirigente y
pensador, y ahora él ?como reclamara Lenin 60 años antes- debía, en justo
pago, enseñarle algo a la Revolución. Y lo logró. La aventura socialista de
un pequeño país aislado producía un pensamiento capaz de continuar el
trabajo excepcional mediante el cual Carlos Marx había encontrado ideas
capaces de subvertir el control de las ideas de la sociedad por la clase
dominante. Che escribió: "nosotros aportamos nuestro modesto granito de
arena". Y a los compañeros cercanos más estudiosos les pidió componer un
"manual" cubano. Pensó seguramente que los que compartían su posición
continuarían la campaña de difusión de las actitudes y las ideas más
revolucionarias, que con tanto ardor y sistematicidad él llevó a cabo en su
última etapa en Cuba.

El acierto y el alcance de los planteamientos del Che acerca de la esencia
y el destino del socialismo realmente existente solo se comprobaron 25 años
después. Pero cuando hacia el final del siglo pareció que todo lo logrado
por la humanidad se perdería, incluso la esperanza, el Che regresó.
Celebramos ese regreso, que evidencia la resistencia de los pueblos y el
valor permanente de las ideas y del ejemplo. Sin embargo, el pensamiento
del Che siguió encontrando escollos y ha tenido que ir ganando espacios
paulatinamente. Uno de esos avances es esta labor de establecimiento,
organización y edición tan tenaz y tan importante, que va entregando uno
tras otros textos suyos, palabras que son luces y armas para el
entendimiento y para la acción, tan necesarios frente a los desafíos
actuales.  Palabras en la presentación de los libros de Ernesto Che Guevara
Apuntes críticos a la Economía Política y Retos de la transición socialista
en Cuba (1961-1965), de la Editorial de Ciencias Sociales del Instituto
Cubano del Libro, durante la 22 Feria Internacional de Libro de La Habana,
en La Cabaña, 18 de febrero de 2013. La compilación y selección de ambas
obras ?que aparecieron por primera vez en 2006 y 2009 respectivamente-
estuvo a cargo de la Dra. María del Carmen Ariet García, del Centro de
Estudios Che Guevara.  1- Desde este párrafo hasta el final, el texto es
una versión muy condensada y revisada del acápite 9 del capítulo II de mi
libro Las ideas y la batalla del Che, Editorial Ciencias Sociales / Ruth
Casa Editorial, La Habana, 2010. Las referencias de todas las citas del Che
que hago pueden encontrarse allí. Una segunda edición de esa obra acaba de
aparecer. Las tres revoluciones cubanas sucedidas entre 1868 y 1935 habían
exigido complejizaciones de la hegemonía de la dominación que permitieran
su reformulación eficaz en cada etapa posrevolucionaria. Una consecuencia
importante fue la incongruencia entre la estructura económico-social y las
dimensiones política e ideológica, que llegó a ser muy fuerte durante la
segunda república burguesa neocolonial (1936-1958). Se estableció un
delicado equilibrio dirigido a que nunca más hubiera una Revolución en
Cuba, pero conllevaba el riesgo de que si esta sucediera, se vería obligada
a ser muy radical. Por ejemplo, el democratismo era más influyente que el
liberalismo. Estaba muy extendida la creencia en que grandes jornadas
cívicas y la adopción de nuevas leyes podrían satisfacer las necesidades de
cambios de la sociedad. La palabra revolución era muy utilizada, pero las
organizaciones políticas ?incluida la declaradamente socialista- no se
proponían utilizar esa vía para abatir el dominio del imperialismo y el
capitalismo nacional. El movimiento revolucionario insurreccional dirigido
por Fidel tuvo que abocarse en la práctica a la victoria para que el
socialismo perteneciente al movimiento comunista internacional admitiera
esa posibilidad.

La Revolución socialista de liberación nacional que triunfó en 1959 tuvo
ese carácter por la praxis organizada y conciente que lo conquistó, no a
consecuencia de características de la estructura económica y social del
país. Ese segundo choque con los principios de la teoría-ideología del
socialismo guiado por la Unión Soviética y el movimiento comunista de su
campo ?la corriente mayor y más influyente del socialismo en el mundo-,
pronto fue seguido por otros. Se fue haciendo obvio que, además de ser un
evento trascendental por su inmenso alcance y por haber sido inconcebible,
que conquistó la liberación nacional y social del país, estableció un poder
popular fortísimo y enfrentó con éxito las agresiones de EE.UU., la
Revolución cubana constituía una herejía dentro del campo de las
experiencias y las ideas socialistas.

Para comprender estos eventos y sus consecuencias es preciso reconocer la
existencia de dos formas de socialismo en Cuba, que se iniciaron desde la
tercera década del siglo XX y han tenido una historia de contradicciones y
conflictos, y también de coexistencias y colaboraciones. Esas dos formas
son el socialismo proveniente del movimiento comunista internacional y el
socialismo cubano.

Fidel consumó su liderazgo completo en las jornadas de la fase inicial de
la Revolución en el poder, y desde entonces ha sido siempre el máximo guía
político e ideológico del proceso. El Che se mantuvo siempre junto con
Fidel y siguiendo su liderazgo, y compartió con él la colosal aventura de
la Revolución. En el transcurso de aquellos años, Fidel debió asumir sobre
todo las funciones de dirigente máximo y de educador popular, y el Che, que
desempeñó un cúmulo de responsabilidades prácticas en numerosos terrenos,
elaboró al mismo tiempo en aquellos años una obra teórica que es el más
importante monumento intelectual de la Revolución en su primera etapa, obra
que por su alcance ha resultado muy trascendente para la estrategia y el
proyecto cubano, hasta el día de hoy y en el futuro que alcanzo a pensar.

El aspecto del pensamiento del Che al que voy a referir es el de su crítica
al socialismo que llamaban "realmente existente", crítica que evolucionó y
se hizo cada vez más dura y fundamentada. Al hacerla, el Che procedió con
arreglo a su responsabilidad militante y de dirigente cubano.

Las experiencias procedentes de las nuevas relaciones económicas con socios
tan lejanos en muchos sentidos tenían que contener insatisfacciones,
incomprensiones y prejuicios, pero también críticas provenientes de la
diferencia de posiciones respecto a las cuestiones económicas y el
socialismo. En octubre de 1963, al planear un seminario para los cuadros
del Ministerio de Industrias, Che orienta relacionar y comparar los
sistemas de dirección. Comenta que hay que estudiar las relaciones entre el
sistema de dirección y los problemas económicos y las concepciones de los
países socialistas. Encerrarse en una "falsa concepción de la ley del
valor", dice, les hizo perder contacto con el mundo exterior. La
productividad mundial dejó atrás a los otros países socialistas que, a
diferencia de la URSS, dependían del comercio exterior.1

Se produce una lucha continua entre los aparatos centrales y las empresas,
dice el Che, porque estas buscan tener metas menores para sobrecumplir
fácilmente o no arriesgarse a incumplimientos; su éxito consiste en obtener
mayores premios. "Se está estableciendo entre el aparato central y la
Empresa una contradicción que no es socialista, una contradicción que
atenta contra el desarrollo de la conciencia". Los dirigentes de empresas
socialistas se van convirtiendo así en expertos en engañar al Estado,
deformándose como individuos, y ante el obrero la imagen del buen dirigente
es la del que "sabe" organizar para "sobrecumplir" siempre.

En julio de 1964, mientras culmina el debate económico público, Che ofrece
una visión de conjunto del problema a sus compañeros de Industrias. En la
URSS se prepara la reforma económica, en medio de discusiones que
condujeron a la destitución, en octubre, de Nikita Jruschov; en los países
europeos de su campo se habla mucho también de la reforma. Toma un ejemplo
reciente que ha estudiado, los análisis del 14º Congreso del partido polaco
acerca de graves deficiencias de la economía y cómo enfrentarlas. La
utilización del cálculo económico en un país que ya antes había
descolectivizado su agricultura no logra evitar males de todo tipo,
incluidos algunos que parecerían propios de un modelo muy autoritario, pero
"la solución que se le piensa dar a estos problemas en Polonia es el libre
fuero de la Ley del Valor, es decir, la vuelta al capitalismo (.) el
cálculo económico, cuando llega, como debe llegar, a un callejón sin
salida, conduce por la lógica de los hechos a tratar de resolverlo por el
mismo sistema, aumentar el estímulo material, la dedicación de la gente
específicamente a su interés material y por ahí al libre fuero de la Ley
del Valor. Y por ahí al surgimiento en cierta manera de categorías
estrictamente capitalistas (.) Polonia lo está probando y creo que también
van a probarlo otros países socialistas".

Che reclama que se eviten excesos en la crítica, y que no se subestimen la
capacidad técnica, el empeño y la voluntad de acertar de numerosos
involucrados en los países del socialismo europeo. Pero denuncia de manera
categórica la apelación a tomar "como arma para luchar contra el
capitalismo, las armas del capitalismo". Las motivaciones de "la sociedad
donde la filosofía es la lucha del hombre contra el hombre, de los grupos
contra los grupos y la anarquía de la producción" no podrán ser despertadas
y utilizadas eficazmente para servir a una sociedad basada en el poder
socialista. Esta exige control riguroso y conciente, "la colaboración entre
todos los participantes como miembros de una gran empresa (el conjunto de
la economía), en vez de ser lobitos entre sí dentro de la construcción del
socialismo".

Opina que en vez de ir al fondo de los problemas, la práctica y el
pensamiento de estos socialistas se dejan llevar a la seguridad aparente de
acudir a lo ya probado. Las reformas pueden relucir como "descubrimientos"
que remediarían la falta de motivaciones suficientes en los actores
económicos y lograrían la subordinación de la producción para el consumo a
las demandas de sus consumidores, relacionar la rentabilidad con la venta
del producto, etcétera. Esos experimentos y ensayos de política económica
son, sin embargo, remedos de lo que el capitalismo hace eficazmente, porque
lo universaliza y porque corresponde a las relaciones fundamentales de su
sistema. Existe una lógica que caracteriza a cada sociedad: si la
olvidamos, pagaremos un precio muy caro.

Fuente:
http://www.cubadebate.cu/opinion/2013/02/28/el-che-y-la-critica-desde-el-socialismo-cubano/


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