03/06/13 - Prensa Latina (Habana) - Hablando con Chávez de una de sus pasiones: el béisbol por Charly Morales La Habana, 6 mar (PL) La pasión compartida por el béisbol me regaló un diálogo con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, cuya muerte me privó de entrevistarlo como el santo periodismo manda. Ocurrió hace cinco años, en una de aquellas visitas relámpago que Chávez hacía a su mentor y amigo Fidel Castro, líder histórico de la Revolución cubana y otro amante furibundo de la pelota. Aguardaba junto a varios colegas en el aeropuerto internacional José Martí, y aunque todos sabíamos a qué venía Chávez, preferimos respetar su intimidad y le preguntamos de otros temas candentes. El mandatario bolivariano recién había abanderado a la delegación de Venezuela que disputaría los Juegos Olímpicos de Beijing-2008, y aproveché para preguntarle sobre sus expectativas al respecto. Me respondió con su habitual efusividad, satisfecho con el avance del deporte en su país, gracias tanto a sus programas sociales, como al respaldo gubernamental y el apoyo de entrenadores cubanos. Hablarle de deporte a Chávez era, sin dudas, una garantía de su atención, que se redoblaba cuando se trataba de béisbol. Sabido es que el joven Hugo ingresó a la Academia Militar porque la consideró un trampolín para llegar a las Grandes Ligas, y ser quizás un zurdo temible, al estilo de Johan Santana. Pudo más su vocación de pueblo que el amor por el deporte de las bolas y los strikes, aunque en medio de sus responsabilidades de gobierno siempre encontró tiempo para practicar su pasión. Incluso se atrevió a lanzarle en el estadio Latinoamericano a un equipo de estrellas veteranas de Cuba, y el slugger Antonio Muñoz le recostó una recta contra la cerca del jardín derecho. Aquel partido resultó memorable por la broma que le gastó Fidel Castro, quien disfrazó a peloteros en activo con barbas y barrigas falsas, aunque el guante de Javier Méndez era inconfundible. Luis Sojo, manager del equipo venezolano al III Clásico Mundial, reconoce que Chávez era un hombre de béisbol, preocupado siempre por la selección y en constante comunicación con sus integrantes. Por eso cuando aquella tarde de 2008 se despidió de la prensa en el aeropuerto diciéndonos "Voy a ver a Fidel, ¿qué quieren que le diga?", no pude contenerme y solté: "Hablen de pelota, Comandante". Sentí una serie de miradas inquisidoras, tal vez desaprobando lo que consideraron una irreverencia, pero Chávez era toda sencillez, un hombre de pueblo y, lo confieso, le di por la vena el gusto. "¿Viste cómo están el Kid Rodríguez y Miguelito Cabrera?", me preguntó alegre, y echándome al hombro su fuerte mano de pitcher, disertó un rato sobre la calidad de los Grandes Ligas venezolanos. Le conté del torneo Huelga in Memoriam, que por aquellos días se celebraba en Cuba con la presencia de una selección venezolana, y prometió informarse, aunque su agenda siempre estaba desbordada. El periodismo me dio luego el privilegio de entrevistar a varias personalidades del mundo, incluso presidentes, pero jamás sentí la emoción de aquella tarde, cuando Chávez fue más que un estadista. Fue de nuevo el muchacho de Sabaneta que soñaba con llegar a las Mayores, y vaya si lo logró: Hugo Chávez rompió, sin dudas, todos los records en las Grandes Ligas de la política internacional, la integración latinoamericana y la lucha por un mundo mejor. ucl/cmv Original Source / Fuente Original: http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=1179151&Itemid=1
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