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03/14/13 - Granma (Habana) - Marx, más vivo y actual que nunca a 130 años
de su muerte

Atilio Borón

En un día como hoy, hace 130 años, moría plácidamente en Londres, a los 65
años de edad, Karl Marx. Corrió la suerte de todos los grandes genios,
siempre incomprendidos por la mediocridad reinante y el pensamiento
encadenado al poder y a las clases dominantes. Como Copérnico, Galileo,
Servet, Darwin, Einstein y Freud, para mencionar apenas unos pocos, fue
denostado, perseguido, humillado. Fue ridiculizado por enanos intelectuales
y burócratas académicos que no le llegaban ni a los tobillos, y por
políticos complacientes con los poderosos de turno, a quienes les
repugnaban sus revolucionarias concepciones.

La academia se cuidó muy bien de sellar sus puertas, y ni él ni su amigo y
eminente colega, Friedrich Engels, jamás accedieron a los claustros
universitarios. Es más, Engels, de quien Marx dijera que era "el hombre más
culto de Europa", ni siquiera estudió en la universidad. Sin embargo, Marx
y Engels produjeron una auténtica revolución copernicana en las humanidades
y las ciencias sociales: luego de ellos, y aunque sea difícil separar su
obra, podemos decir que después de Marx, ni las humanidades ni las ciencias
sociales volverían a ser las de antes. La amplitud enciclopédica de sus
conocimientos, la profundidad de su mirada, su empecinada búsqueda de las
evidencias que confirmaran sus teorías, hicieron que Marx, tantas veces
dados por muertos sus teorías y su legado filosófico, sea más actual que
nunca.

El mundo de hoy se parece de manera sorprendente a lo que él y su joven
amigo Engels pronosticaron en un texto asombroso: El Manifiesto Comunista.
Este sórdido mundo de oligopolios rapaces y predatorios, de guerras de
conquista, degradación de la naturaleza y saqueo de los bienes comunes, de
desintegración social, de sociedades polarizadas y de naciones separadas
por abismos de riqueza, poder y tecnología; de plutocracias travestidas
para aparentar ser democracias, de uniformización cultural pautada por el
American way of life, es el mundo que anticipara en todos sus escritos.
Por eso son muchos quienes ya, en los capitalismos desarrollados, se
preguntan si el siglo XXI no será el siglo de Marx. Respondo a esa pregunta
con un sí sin atenuantes, y ya lo estamos viendo: las revoluciones en
marcha en el mundo árabe, las movilizaciones de los indignados en Europa,
la potencia plebeya de los islandeses al enfrentarse y derrotar a los
banqueros y las luchas de los griegos contra los sádicos burócratas de la
Comisión Europea, el FMI y el Banco Central Europeo, el reguero de pólvora
de los movimientos Occupy Wall Street que abarcó a más de cien ciudades
estadounidenses, las grandes luchas que en América Latina derrotaron al
ALCA y la supervivencia de los gobiernos de izquierda en la región, son
tantas otras muestras de que el legado del gran maestro está más vivo que
nunca.

El carácter decisivo de la acumulación capitalista, estudiada como nadie
más en El Capital, era negada por todo el pensamiento de la burguesía y por
los gobiernos de esa clase que afirmaban que la historia era movida por la
pasión de los grandes hombres, las creencias religiosas, los resultados de
heroicas batallas o imprevistas contingencias de la historia. Marx sacó a
la economía de las catacumbas y no solo señaló su centralidad, sino que
demostró que toda la economía es política, que ninguna decisión económica
está despojada de connotaciones políticas. Es más, que no hay saber más
político y politizado que el de la economía, dando al traste con los
tecnócratas de ayer y hoy que sostienen que sus planes de ajuste y sus
absurdas elucubraciones econométricas obedecen a meros cálculos técnicos y
que son políticamente neutros. Hoy ya nadie cree seriamente en esas
patrañas, ni siquiera los personeros de la derecha (aunque se abstengan de
confesarlo). Podría decirse, provocando la sonrisa socarrona de Marx desde
el más allá, que hoy son todos marxistas pero a la Monsieur Jordan, ese
personaje de El Burgués Gentilhombre de Moliere, que hablaba en prosa sin
saberlo. Por eso cuando estalló la nueva crisis general del capitalismo
todos corrieron a comprar El Capital, comenzando por los gobernantes de los
capitalismos metropolitanos. Es que la cosa era, y es, muy grave como para
perder el tiempo leyendo las boberías de Milton Friedman, Friedrich von
Hayek o las monumentales sandeces de los economistas del FMI, del Banco
Mundial o del Banco Central Europeo, tan ineptos como corruptos y que por
causa de ambas cosas no fueron capaces de pronosticar la crisis que, como
un tsunami, está arrasando los capitalismos metropolitanos. Por eso, por
méritos propios y por vicios ajenos, Marx está más vivo que nunca y el faro
de su pensamiento arroja una luz cada vez más esclarecedora sobre las
tenebrosas realidades del mundo actual.


Original Source / Fuente Original:
http://www.granma.cubaweb.cu/2013/03/14/nacional/artic06.html


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