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03/17/13 - Cuba-L Document (Albuquerque) - Carta abierta del Episcopado al Primer Ministro Dr. Fidel Castro

[Estimado lector: Documento histórico de la posición de la Iglesia Católica hacia el gobierno revolucionario a fines de 1960. Existen otros documentos bastante parecidos de la época.]

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4 de Diciembre de 1960 La Habana, 4 de Diciembre de 1960

 

Dr. Fidel Castro Ruz Primer Ministro de la República Habana, Cuba

Señor:

Graves sucesos ocurridos en los últimos tiempos nos han decido dirigimos
colectivamente a Ud. para tratarle acerca de la situación la Iglesia en
nuestro país.  

No habíamos querido escribirle antes oficialmente sobre
estos temas, porque la Iglesia, que es y se siente madre de todos los
cubano sea cual fuere su filiación política, no deseaba que ningún
documento suyo pudiese ser interpretado como expresión de una actitud
partidaria, que no cuadraría bien con su misión, esencialmente religiosa y
sobrenatural; pero, dado el giro que van tomando las cosas en Cuba en
relación con la Iglesia, nuestro deber de pastores nos obliga a exponer
públicamente una serie de hechos que nos han producido un profundo pesar

Ya en el pasado año tuvo la Iglesia, en distintos momentos, ser motivos de
preocupación, como cuando, a pesar de las reiteradas declaraciones de Ud.
en que se sostenía el carácter no comunista del Gobierno, supimos que en
los textos de adoctrinamiento revolucionario se enfocaban diversos
problemas históricos y filosóficos con un criterio netamente marxista y que
numerosos profesores encargados de dicho adoctrinamiento aprovechaban sus
conferencias para defender abierta las ideas comunistas y para denigrar las
doctrinas y la obra de la Iglesia.

Estas preocupaciones vinieron a agravarse cuando publicamos el pasado mes
de agosto una Circular Colectiva, en que se alababan medidas tomadas por el
Gobierno Revolucionario en beneficio de humildes, pero se señalaba el
peligro que representaba para nuestra patria el auge de la ideología
comunista.

El mismo día que fue publicada, se detuvo a varios sacerdote por el delito
de haberle dado lectura en las Iglesias, y se amenazó a otros con
represalias populares si se atrevían a leerlas.

Si antes había habido más bien ataques aislados a los Obispos sacerdotes y
organizaciones católicas, a partir de este momento p decirse que comenzó
una campaña antirreligiosa de dimensiones nacionales que cada día se ha
ido haciendo más virulenta.

Se han organizado mítines en muchos pueblos en que se ha insultado y
vejado a los sacerdotes, a ciencia y paciencia de las autoridades locales.

Han sido clausuradas casi todas las horas católicas de radio y televisión.

Se ha injuriado y calumniado a los Obispos y a prestigiosas instituciones
católicas por medio de los periódicos y las estaciones de radio hoy casi
totalmente bajo el control del gobierno, y al mismo tiempo ha impedido la
publicación o difusión de los documentos que en defensa de la Iglesia han
suscrito las organizaciones seglares católicas, así como de las últimas
pastorales del Sr. Arzobispo de Santiago de Cuba.

Se han formado, con la simpatía y el calor de las autoridades, asociaciones
llamadas católicas, que parece que tienen como fin, no el propagar la
doctrina de la Iglesia, sino el combatir a la Jerarquía.

Agentes provocadores han interrumpido en muchas ocasiones los actos
religiosos en nuestros templos, sin que haya caído ninguna sanción sobre
ellos.

Destacados voceros del Gobierno han declarado públicamente, distintos
momentos, que ser contrario al comunismo equivale a ser
contrarrevolucionario y no ha habido jamás una refutación oficial de esta
tesis.

Todos estos hechos, y otros más que no enumeramos por no hacer demasiado
largo este documento, podían acaso ser atribuidos, tratando d echar las
cosas a buena parte, a criterios personales de ciertos funcionarios, o a
consignas de ciertos grupos políticos, y no al gobierno mismo.

En días pasados fuimos, sin embargo, dolorosamente sorprenda dos por las
palabras pronunciadas por Ud., en su condición de jefe de gobierno, desde
la escalinata de la Universidad de la Habana. 15

Podemos, desde luego, suponer que las críticas que allí se hicieron contra
los "colegios de los privilegiados", no se dirigían a las escuela
católicas, ya que en ellas reciben educación y enseñanza miles y miles de
niños y jóvenes de familias modestísimas, corno lo prueba e hecho de ser
muchas de ellas gratuitas o semi-gratuitas, y de existir e todas las demás
un elevadísimo porcentaje de alumnos que disfrutan de becas totales o
parciales, con más razón todavía tenemos que pensar que tampoco se atacó a
nuestros colegios cuando se habló de "esos centros' en que se predica el
odio contra la Patria y el odio contra el obrero y el campesino, porque nos
costaría mucho trabajo creer y que ningún miembro de Gobierno sea capaz de
lanzar gratuitamente una calumnia burda.

Pero no podemos pasar por alto las críticas que allí se dirigieron nuestros
heroicos curas de campo y a la Universidad de Villanueva..

Villanueva no es, como se ha afirmado el otro día, "una Universidad de
Yanquilandia" sino una Universidad católica y cubana, una de la Iglesia
cuyo profesorado está formado casi integralmente por cubanos, y en que el
aporte extranjero se halla representado por un grupo reducidísimo de padres
agustinos, que no vinieron a este país para lucrar con su trabajo, sino
servir a Cuba y a invertir en ella el dinero que les habían donado en otros
países,

Más grave todavía para el prestigio de la Iglesia es que, con injustamente
hiriente, se llame "botelleros" a abnegados sacerdotes desempeñan una
ejemplar labor espiritual y social en los ingenios, causa de las
retribuciones que recibían de ciertas empresas, para su pio sostenimiento,
para sus trabajos de apostolado y para sus obra caridad, porque quien esto
afirme está sosteniendo públicamente la utilidad de la religión, al
considerar la actividad de los sacerdotes equivalente a la de quienes
inmoralmente recibían dinero sin trabajar. No conocemos, por otra parte, un
solo caso de un capellán de un central que hubiera actuado como instrumento
de explotación de los obreros, y sí de muchos casos en que los capellanes
defendieron los derechos de los trabajadores, poniéndose inclusive al
frente de ellos en momentos de huelga.

Cuando se nos atacó personalmente a nosotros pudimos callar porque, si como
hombres teníamos el derecho a exigir una reparación, como obispos teníamos
el deber de perdonar. Pero cuando se lastima y hiere a nuestros hijos
espirituales, no actuaríamos como legítimos pastores de la grey que nos ha
sido confiada si no saliéramos en defensa de sus derechos y de su honra.

Queremos también insistir aquí en la grave injusticia con que, en varios
momentos, se nos ha acusado públicamente de estar a la órdenes de fuerzas
internacionales o potencias extranjeras, cuando es, por el contrario, bien
sabido de todos que la Iglesia ha defendido siempre sin vacilaciones, en
público y en privado, el derecho del pueblo de Cuba a su soberanía política
y al pleno desenvolvimiento de sus capacidades económicas, y que el
Episcopado no ha tenido jamás otra meta en sus actuaciones que el servicio
de la Iglesia y de Cuba. Es innecesario recordarle, Sr Primer Ministro, que
la Iglesia ha enseñado siempre como norma fundamental de la conducta humana
la primacía de los valores del espíritu sobre todos los intereses de orden
material, y por ello la Jerarquía Eclesiástica Cubana, siguiendo el ejemplo
de los cristianos de todos los tiempos, está dispuesta a sacrificarse sin
temor alguno y a perderlo todo antes que claudicar en sus principios.

Por lo demás, los Obispos de la Iglesia Católica tenemos por norma
inquebrantable tratar siempre con el máximo respeto y con cristiana caridad
a todos, amigos o adversarios, y aun a nuestros gratuitos detractores; y
cuando defendemos, aunque sea con la mayor energía nuestros principios,
sabemos guardar la debida consideración a las personas que no piensen como
nosotros.

Esperando, pues, que por parte del gobierno se tomen las medidas necesarias
a fin de que cesen los repetidos ataques de que se está haciendo objeto a
los católicos, queremos reiterarle, Sr. Primer Ministro, la seguridad de
nuestras continuas oraciones para que el Señor le ilumine de modo que los
pasos que dé el Gobierno que Ud. preside vayan encaminados al bien de esta
Patria cubana, a cuyo pleno engrandecimiento hemos consagrado todos
nuestros esfuerzos, sacrificios, y desvelos.

Atentamente,

 

Manuel, Cardenal Arteaga, Arzobispo de la Habana Enrique, Arzobispo de
Santiago de Cuba

Evelio, Arzobispo Coadjutor y Admr. Apostólico de la Habana

Carlos, Obispo de Camagüey

Manuel, Obispo de Pinar del Río

Alfredo, Administrador apostólico de Cienfuegos

José, Obispo Auxiliar de la Habana

Eduardo, Obispo Auxiliar de la Habana

Manuel, Vicario Capitular de la Diócesis de Matanzas


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