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03/17/13 - Cuba-L Documento (Albuquerque) - Fidel Castro Responde a Arzobispos [porción de discurso]

Estimado lector,

[Incluimos una porción del discurso de Fidel Castro  el 16 de Diciembre de
1960 para responder a una carta que los arzobispos de Cuba hicieron circular por Cuba y en el exterior y que fue leída en las iglesias católicas. Cuba-L ya distribuyó ese documento.]



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Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, en la Clausura de la Plenaria Nacional de los Círculos Sociales, efectuada el 16 de diciembre de 1960.
 
(Versión Taquigráfica de las Oficinas del Primer Ministro)

[....]

Claro que la Revolución viene a trastornar aquel estado de cosas, a hacer desaparecer aquel estado de cosas.  Bastaría que el pueblo se preguntara:
¿Cómo podía ser revolución si la Revolución no hubiese adoptado todas las medidas que ha adoptado?  ¿Cómo sería revolución si no hubiese nacionalizado los monopolios extranjeros?  ¿Cómo habría sido revolución sin una reforma agraria, sin una reforma urbana (Aplausos), sin una política independiente y verdaderamente soberana, como la que ha seguido el Gobierno Revolucionario? (Aplausos.)

Y a ese cambio es al que no se resignan ni se resignarán jamás esos intereses.  Por eso les cuesta trabajo comprender la Revolución a todos esos poderes.  Nosotros no queremos problemas con la Iglesia, por ejemplo.
Nosotros no tenemos por qué tener problemas con la Iglesia; al Gobierno Revolucionario no le preocupa en absoluto, ni tiene por qué preocuparle, sino por el contrario, para el Gobierno Revolucionario es una satisfacción poder proclamar el derecho de cualquier ciudadano a practicar cualquier culto religioso (Aplausos); la Revolución no tiene por qué prohibirle a ningún sacerdote que rece, o que predique o que practique su religión, sea católico, sea protestante, sea mahometano o sea de cualquier religión.  La Revolución no tiene por qué, no tiene razón alguna para pretender negar el derecho de cualquier ciudadano a practicar sus creencias, ni el derecho de cualquier religioso a predicarlas.

Pero nosotros les podemos preguntar a los señores dignatarios de la Iglesia Católica, cuya actividad contrarrevolucionaria es cada día más palpable, más evidente, más provocativa y más constante, ¿si acaso ellos se consideran con el derecho a prohibir al Gobierno Revolucionario a hacer leyes revolucionarias (Aplausos), y a actuar dentro del orden social y del orden civil en la forma que lo estime pertinente a los intereses del pueblo?

Nosotros no nos metemos en las iglesias, nosotros no vamos a darles consejos a los obispos sobre qué capítulo de La Biblia deben hablar un domingo (Aplausos), ni sobre qué sermones deben predicarse en las iglesias; nosotros no nos metemos a preguntarles a los señores obispos, quiénes son sus amigos, o quiénes son sus enemigos; si son enemigos de los protestantes o son amigos; si están distanciados o quieren conciliarse con cualquiera de las agrupaciones cristianas del mundo, con las iglesias protestantes o con la Iglesia Ortodoxa Rusa (Aplausos).


Si se quieren juntar en un gran concilio, nosotros no interferimos esas actividades; si quieren adoptar cualquier acuerdo sobre doctrina religiosa, nosotros no interferimos en esas actividades; si quieren limar las diferencias que han tenido con distintos grupos cristianos, nosotros no tenemos por qué inmiscuirnos en ese problema, ni enviarles una carta a los cardenales para decirles que está mal que dicten tal cuestión de materia religiosa, o lleguen a tal acuerdo o a tal desacuerdo.  A nadie se le ocurriría semejante cosa.  Son cuestiones religiosas que a ellos les atañen.  Y, por eso, nosotros nos preguntamos, ¿por qué tienen que inmiscuirse en las cuestiones políticas del Gobierno Revolucionario?

Cristo dijo:  "Mi reino no es de este mundo."  ¿Por qué, apartándose de las cuestiones espirituales, quieren interferir en las cuestiones políticas?
Y, sobre todo, porque en estos días ha aparecido por ahí una carta circular -no dirigida a mí, nadie crea semejante cosa-, dirigida al Pentágono, dirigida a Washington, dirigida a la AP y a la UPI, porque mucho antes de proclamarla en las iglesias se la entregaron a la UPI y a la AP.  Yo no me he dignado contestar esa carta que no estaba dirigida a mí; estaba dirigida a la contrarrevolución, estaba dirigida a hacerle daño a la patria, y, además, con perdón de los obispos, contenía algunas grandes mentiras, como cuando decía en esa hoja, o en esa supuesta carta, que varios sacerdotes habían sido detenidos y otras cosas por el estilo, verdaderas falsedades, no para consumo de la opinión pública, sino para consumo internacional, para que lo publicaran la UPI y la AP, y presentar al Gobierno Revolucionario como una especie de gobierno persiguiendo a los curas, persiguiendo a la iglesia, proscribiendo aquí los sentimientos religiosos, todo en conexión con intereses que los buenos católicos conocen perfectamente bien.

Y uno de los mandamientos de la ley de Dios es, señores arzobispos, no mentir (Aplausos).  Permítaseme recordarles esto con todo respeto.

Y en estos días han estado haciendo circular esa supuesta carta, preñada de falsedades -y que me perdonen la descortesía de no haberles contestado, porque no me siento en la obligación de mantener ese género de relación epistolar con los señores arzobispos (Aplausos).  Pero sí entendemos que es deber del Gobierno Revolucionario aclarar estas cuestiones: ¿qué derecho tienen a inmiscuirse en los problemas políticos?  Y una de las cosas en que más insisten es en el problema del comunismo, y en plan de emplazar al gobierno.  En primer lugar, debemos decirles que el gobierno no tiene que darles cuenta alguna a los señores arzobispos de su conducta, el Gobierno Revolucionario no tiene que rendir cuentas de sus actividades políticas al clero falangista (Aplausos prolongados).

¿Cuál ha sido el motivo de esa airada actitud?  ¿Acaso el hecho de que el Gobierno Revolucionario, fiel a su política de combatir las prebendas, se haya encontrado numerosos casos de verdaderas "botellas" en los centrales azucareros y que, sencillamente, era nuestro deber suprimir? (Aplausos.) Por eso, los obispos y arzobispos claman airados contra el hecho de que califiquemos de "botellas" esas prebendas, pretendiendo ellos hablar en nombre de los curas humildes.  ¿Quién dice que se han preocupado por los curas humildes, si aquí las mejores parroquias no han estado, precisamente, en manos de los humildes curas cubanos, o de curas cubanos humildes?
(Aplausos.)  Y con las parroquias y las posiciones eclesiásticas ha habido mucho privilegio y mucho favoritismo, y curas cubanos humildes y buenos, han sido sistemáticamente postergados para entregarles esas posiciones a curas fascistas, que no les interesan para nada (Aplausos), que no les interesan para nada, ni los sentimientos ni los problemas del pueblo de Cuba.

Y uno de los estribillos que más les gusta repetir a estos señores obispos y arzobispos, es aquel de que funcionarios del gobierno han dicho que ser anticomunista es ser contrarrevolucionario, y que, sin embargo, el gobierno no ha dicho una palabra.  ¿Y quién les ha dicho a los señores arzobispos que el gobierno tiene que estar diciendo lo que a ellos les interese que el gobierno diga?  (Aplausos.)  Y, ¿qué quieren, que aclaremos esta cuestión?
Pues bien, ¿quieren que les respondamos?  Pues, sencillamente, nosotros sí creemos que ser anticomunista es ser contrarrevolucionario (Aplausos prolongados), como es contrarrevolucionario ser anticatólico, ser antiprotestante y ser anti cualquier cosa que tienda a dividir a los cubanos, sencillamente (Aplausos).  Todo lo que tienda a dividir al pueblo para hacerle juego al imperialismo, es contrarrevolucionario.

Y si cualquiera aquí hubiese organizado un movimiento anticatólico, nosotros diríamos que ese movimiento es contrarrevolucionario, porque tendería a dividir al pueblo (Aplausos); y si cualquiera organiza un movimiento antiprotestante, nosotros diríamos que es contrarrevolucionario, porque eso tiende a dividir al pueblo por razones de sentimiento religioso.

Y eso es lo que han estado buscando ellos:  dividir al pueblo.  Nosotros no hemos visto en las publicaciones del periódico Hoy (Aplausos), que hayan estado haciendo campañas anticatólicas; lo que hemos visto es esta
realidad:  que desde el triunfo de la Revolución han estado ellos constantemente atacando a los comunistas, y que, sin embargo, los comunistas no los han estado atacando a ellos (Aplausos); y que incluso -porque nosotros hemos seguido de cerca todos estos problemas- hemos podido observar que más bien han tenido una actitud tolerante frente a una serie de ataques que han estado partiendo del clero.

Ahora bien:  ¿Por qué, si nadie les ha prohibido predicar en las iglesias, si nadie les ha prohibido predicar sus creencias, si absolutamente nadie ha ido allí a perturbar esas actividades, si lo correcto es que las creencias sinceras de cada cual se respetaran -estamos hablando de creencias sinceras, no de los que dicen creer una cosa pero que es pura hipocresía (Aplausos)-, cualquier creencia sincera, no la de esos descarados que porque no los dejan robar salen corriendo y llegan a Miami, y dicen que ellos son "grandes demócratas" y grandes cosas, o los desertores, o los que se venden.  ¿Ustedes no han visto que hay una consigna invariable en todo el que se vende al imperialismo, en todo el que traiciona a la Revolución?
Sale corriendo hacia Miami, y acusa al Gobierno Revolucionario de comunista.  Y hasta esos magistrados que se fueron en estos días atrás, que estuvieron cobrando hasta el otro día cheques, y hasta incluso, hasta incluso, algunos de ellos yo no sé cómo se las van a arreglar con los esbirros, porque hay varios condenados a muerte por ellos mismos (Risas); y ahora dicen que se van porque este es un gobierno comunista, etcétera, etcétera.

Bueno, las creencias sinceras de cada cual, sus ideas políticas, sus ideas religiosas, pues, merecen respetarse.  ¿Es que no pueden convivir las creencias sinceras de los ciudadanos?  ¿En nombre de qué derecho hablan, si quieren proscribirles a otros el derecho de predicar sus ideas?  ¿Lo correcto, y lo justo, no es el hecho de que convivan todas las ideas que los hombres sientan honestamente?  Nadie le prohibió aquí a nadie sus actividades o sus ideas de orden religioso o de cualquier tipo; la Revolución solo ha proscrito una conducta y una idea:  la contrarrevolución.

Si la Revolución hace la reforma agraria, tiene que considerar enemigos a los que no quieren que se haga reforma agraria; si la Revolución nacionaliza los trusts extranjeros, tiene que considerar enemigos a los que quieren implantar otra vez los trusts extranjeros; si la Revolución reivindica la soberanía nacional, tiene que considerar enemigos a los que quieren volver aquí a someternos a nosotros al yugo imperialista.  Es decir que la Revolución solamente ha proscrito las actividades y las prédicas que están contra la Revolución, tal como la realiza el pueblo, la desea el pueblo y la interpreta el pueblo.  Es, sencillamente, una artimaña de la reacción en la historia de la humanidad, una artimaña de los grandes intereses y de los grandes privilegios, querer enfrentar las ideas políticas a las ideas religiosas, si las ideas políticas y las ideas religiosas caben dentro de un mismo ámbito, puesto que son cuestiones distintas.

¿Qué tiene que ver la reforma agraria con el misterio de la Santísima Trinidad? (Aplausos); ¿qué tiene que ver la reforma urbana con los ritos de la misa?; ¿qué tienen que ver los hechos sociales, materiales, económicos, con los problemas religiosos?; ¿qué tiene que ver una cooperativa con un convento? (Risas); ¿y qué tiene que ver una granja del pueblo con una orden religiosa? ¿Qué tienen que ver?  En nuestro pueblo hay múltiples creencias:
unos creen, son devotos de San Lázaro, otros son devotos de la Virgen de Regla, otros son devotos de la Caridad, otros son devotos de Changó (Aplausos).  Hay múltiples y variadísimas creencias:  unos creen en el horóscopo, y siempre van a ver el horóscopo de fin de año, a ver lo que les toca el año que viene; otros creen en las estrellas; otros creen en los sueños... pero si esas son manifestaciones del espíritu y de la naturaleza humana.

Antes se creía, por ejemplo, en la Luna.  Los aztecas, por ejemplo, adoraban el Sol; otros adoraban la Luna; otros, las estrellas; otros, ciertos animales; en fin, esa ha sido la historia de la humanidad, y es un problema muy complejo el problema de las creencias religiosas.  Pero, ¿qué nos importa a nosotros las creencias de un cooperativista cañero, o de un obrero de la industria nacionalizada?, ¿qué tiene que ver eso con los beneficios materiales que él recibe, la rebaja de alquileres, los beneficios que reciban sus hijos?, ¿qué tiene que ver eso con el aumento de empleo?  Nosotros nunca, cuando hemos constituido una cooperativa o hemos creado un centro de trabajo le hemos ido a preguntar a nadie en qué cree, porque esos no son problemas nuestros, esos no son problemas del Gobierno Revolucionario (Aplausos).


Los problemas del Gobierno Revolucionario son, sencillamente, de orden social, de orden económico, de orden educacional, de orden cultural; llevar los médicos allí a los campos, para que no se mueran las familias sin asistencia; llevar los caminos, llevar los hospitales, llevar las escuelas (Aplausos); reparar las injusticias, desarrollar la industria, poner a producir la tierra; es, sencillamente, ir creando un mundo nuevo para nuestro pueblo, en nuestro reino de este mundo (Aplausos).

Nuestros deberes son de ese orden.  Como gobernantes, estamos en la obligación de resolver esos problemas, y cumplimos nuestro deber cuando los resolvemos, aunque tengamos que nacionalizar la compañía eléctrica, o tengamos que nacionalizar las tierras de la United Fruit (Aplausos), o tengamos que rebajar los alquileres, o tengamos que hacer una reforma urbana, o tengamos que tomar las medidas que tengamos que tomar.  Porque, sencillamente, no hemos recibido precisamente un lago tranquilo, el país no era un bálsamo, sino que el país era un mundo de privaciones, de miserias.

Lo que nosotros encontramos en los campos, lo que nosotros hemos encontrado en las ciudades, lo que hemos encontrado en todas partes, ha sido un mundo de injusticia, un mundo de abusos, un mundo de sinrazones, que hemos hecho todo el esfuerzo por mejorar y por cambiar.

No hemos sido nosotros quienes hayamos chocado con ningún sentimiento religioso, han sido ciertos intereses que, invocando hipócritamente sus sentimientos, han sido quienes se dicen representar esos sentimientos, quienes aliados a los peores intereses económicos afectados por la Revolución, se han empeñado en hacer chocar el sentimiento religioso contra el sentimiento político y revolucionario del pueblo.

¿Se puede decir que nosotros no hayamos hecho los mayores esfuerzos por evitar estos conflictos?, ¿se puede decir que no hayamos sido tolerantes?; ¡si nos hemos cansado de perdonar curas, que han estado conspirando, cargando armas, poniendo bombas y haciendo actividades de todas clases!
(Aplausos.)  Y esa es la única verdad.

Quizás eso les ha llevado a creer que son inmunes; quizás eso les ha llevado a creer que la Revolución les teme, lo que no ha sido más que una actitud correcta, ecuánime y serena, por parte del Gobierno Revolucionario con algunos señores que al parecer se han tomado... como si la Revolución les temiera.


La Revolución no desea ningún conflicto con la Iglesia. ¡Ojalá recapacitaran!; ¡ojalá se dieran cuenta de que están cometiendo un error, que les están haciendo un daño a las propias ideas religiosas que dicen predicar!; ¡ojalá comprendieran que están llevando a la angustia a muchos buenos católicos!  Como el caso de una persona que nosotros sabemos, que a la hora de morir -persona religiosa ella- declaró que ella simpatizaba con la Revolución, y que si eso era pecado, ¡ella no se arrepentía de ese pecado de simpatizar con la Revolución!  (Aplausos prolongados.)


Y es muy triste, muy doloroso, que vayan a llevar la angustia al ánimo de numerosas personas, y la incertidumbre, sin razón.  Es muy triste que vaya una miliciana a misa, y por ser miliciana, es decir, por ser una muchacha honrada que esté dispuesta a defender a su patria, no le quieran dar la comunión (Aplausos), que posiblemente no le nieguen a alguna que otra señorona que tenga una conducta muy lejos de ser la conducta moral y patriótica de esa miliciana (Aplausos).


Así que todos los pecados están perdonados, menos el pecado de ser revolucionario, menos el pecado de ser patriota, menos el pecado de estar dispuesto a dar su vida por su país, y por su pueblo, y por su clase humilde (Aplausos).  Todas las inmoralidades, todos los robos y todos los crímenes están perdonados, y en cambio no se perdona ser patriota, ser revolucionario.  ¡Qué lejos están de las verdaderas enseñanzas de Cristo!
¡Y qué bueno estaría que recordaran aquel Cristo que le lavó los pies a la Magdalena! (Aplausos.)


Y estas son las realidades, sin que nadie se alarme. Nosotros razonamos, nosotros no vamos a inculcarle a nadie una idea por temor a nada.  Varios años de mi vida los pasé en colegios de religiosos; conozco bien cómo se inculcan las ideas; recuerdo muchas cosas.  No se usaba, por lo general, un método de razonar.  Hubo muchas cosas que me costaba trabajo enormemente comprenderlas; sobre todo, cuando leía la historia, las lecciones de la historia.  Y sé bien cómo se usan las armas de la fe, la fe del creyente; y se han usado muchas veces en la historia en un sentido negativo, en un sentido antisocial, es decir, con un sentido político determinado; y cómo la reacción y la contrarrevolución, vencida en el campo económico, y vencida en el campo social, ha tratado de penetrar como un virus maligno en el campo de la fe, ya que no teniendo otra razón a la cual asirse, trata de asirse a la fe de los seres humanos para volverlos contra el progreso de la humanidad, y contra el progreso de los pueblos, y contra los intereses de los pueblos.


Y hay muchas armas que se usan y que tienen ciertos poderes, sobre todo cuando el ser humano no ha llegado a ese completo dominio de sí, que lo haga capaz de razonar fríamente, serenamente, valientemente y justamente, porque digo aquí que tal es el apego que se llega a sentir por la verdad y por la justicia, que si a mí me amenazaran con todos los males de este mundo y con todos los males del otro mundo, me amenazaran con lo que me amenazaran, y me pintaran el peor de los destinos si no renunciara a la verdad, yo diría exactamente igual que dijo aquel indio al que le ofrecieron bautizarlo mientras prendían la hoguera en que lo iban a quemar vivo (Aplausos); aquel heroico indio Hatuey, el primer cubano que tuvo la oportunidad de ver ciertas cosas difíciles de comprender, y que al ofrecimiento que le hicieron respondió:  "si esos van al cielo, yo no quiero ir al cielo" (Aplausos).


El Gobierno Revolucionario ha deseado y desea evitar estos tipos de conflictos.  Mas, si el Gobierno Revolucionario se viera envuelto en conflictos de esta índole, nunca sería su culpa.  El Gobierno Revolucionario ha hecho honestamente todo lo posible por evitar estos conflictos; y el Gobierno Revolucionario nunca estará contra el sentimiento religioso.  El Gobierno Revolucionario nunca estará contra ninguna iglesia; el Gobierno Revolucionario no entrará a discutir cuestiones de doctrina religiosa.


Y si el Gobierno Revolucionario se ve obligado a tomar medidas contra los que quieren destruir a su país, y quieren destruir a su Revolución, serán medidas contra fariseos, serán medidas contra farsantes, serán medidas contra hipócritas, medidas contra "sepulcros blanqueados", y no medidas nunca contra ninguna religión ni contra ninguna institución de ese orden.


El Gobierno Revolucionario proclama esta postura, porque es su sincera postura.  Y el pueblo, que sabe mucho, comprende perfectamente bien que esta es la postura correcta (Aplausos).  Pero, sin embargo, el pueblo debe saber, y el pueblo comprende también que la Revolución, ante los ataques gratuitos de sus enemigos y sus detractores, debe defenderse; y el pueblo sabe que la Revolución se defenderá (Aplausos).


Y nosotros estamos conscientes de lo que estamos haciendo; nosotros lo sabemos, lo sabemos todos nosotros; sabemos quiénes son nuestros enemigos de hoy y de mañana; nosotros sabemos las luchas que tenemos delante, y las afrontaremos serenamente; nosotros sabemos quiénes estarán siempre contra nosotros y quiénes estarán siempre junto a la Revolución (Aplausos).  Y nosotros estamos listos para todas las luchas; a nosotros no nos arredran las campañas internacionales; nosotros sabemos que el imperialismo ha hecho todos los esfuerzos, y ha utilizado todas sus influencias, para arrastrar a la alta jerarquía de la Iglesia Católica contra la Revolución, para servir a sus fines en toda la América y en todo el mundo, para movilizar la opinión católica en todo el continente contra la Revolución Cubana.  Allá, donde no han vivido nuestra experiencia; allá, donde no tienen más información que la de la UPI y la de la AP; allá, donde han clausurado incluso hasta la agencia de Prensa Latina; podrán ellos engañar y confundir a sectores de los pueblos de América Latina, presentando a la Revolución contra la Iglesia.


Y valiéndose de esa situación, y sabiendo el interés del Gobierno Revolucionario en evitar esos conflictos, algunos curas han extremado sus campañas, y han llegado a extremos realmente osados en sus actividades contrarrevolucionarias, alentando al terrorismo, alentando el crimen; alentando incluso el asesinato de los funcionarios del Gobierno Revolucionario; alentando manos criminales de esbirros ensangrentados.
¿Para qué?  Para privarnos a nosotros de la vida, para privarles de la vida a los revolucionarios, para privarles de la vida a los verdaderos patriotas.


¿Y qué creen?  ¿Que nosotros pertenecemos a esos hombres que, puestos en la disyuntiva de luchar, rehuímos la lucha?  ¿Creen que pertenecemos a ese tipo de "hombres avestruces", que ante los riesgos ocultan la frente para no ver los peligros?  ¿Creen, acaso, que nosotros no sabemos medirnos con los que intentan aniquilarnos? (Aplausos.)  ¿Creen que, acaso, nosotros no tenemos suficiente serenidad para razonar filosóficamente?  Que cuando los hombres asumen un deber como el que hemos asumido nosotros, sabemos luchar frente a todas las contingencias, y sabemos, además, que una revolución es una lucha a muerte entre los revolucionarios y los poderosos intereses que se le oponen, y que en esa lucha a muerte, nosotros no nos arredramos, ni vamos a caer en la ingenuidad de dejar de actuar como corresponde actuar.
Una revolución es una lucha larga y dura, y un revolucionario sabe que no puede retroceder un paso (Aplausos), un revolucionario sabe que retroceder en una revolución es perecer y, por tanto, ¡un revolucionario prefiere siempre morir avanzando a morir retrocediendo! (Aplausos.)


Cuando un revolucionario verdadero cae, cae avanzando, y los revolucionarios verdaderos avanzan hacia todos los riesgos; los revolucionarios verdaderos se esfuerzan por conducir la lucha con inteligencia, no se dejan arrastrar por el impulso.  ¡No! Avanzan serenamente hacia su meta; usan la inteligencia y usan el valor.


Para nosotros no hay más que un camino: ¡Llevar la Revolución hacia adelante, choquemos con quien choquemos!  (Aplausos), ¡tengamos delante los enemigos que tengamos:  el imperialismo y los grandes aliados del imperialismo! (Aplausos.)  Y si todos los poderes reaccionarios del mundo se unen para  chocar contra nosotros, no importa, ¡porque nosotros sabremos chocar contra ellos! (Aplausos y exclamaciones de: "¡Venceremos!") y las medidas, las medidas que sean necesarias tomar, las tomaremos.


A nosotros no nos extraña que un magistrado se vaya, no nos extraña que un obispo escriba cualquier cosa contra la Revolución.  ¡Esas cosas no nos extrañan!  Pero, sépanlo de una vez los enemigos de la Revolución, allá ellos si se entusiasman más de lo que deben entusiasmarse; allá ellos si se engañan más de lo que deben engañarse, ellos saben con lo que cuentan, nosotros sabemos con lo que contamos y no vacilaremos (Aplausos).


Así que de una vez, a todos, a toda clase de traidores, que no se preocupen que la Revolución sabrá salirles al paso.


Bueno es, ya que les hemos hablado a los frailes, que terminemos diciéndoles a los jueces, que si alguno queda por marcharse, ¡que se marche en buena hora!  Nosotros sabemos que los hay también buenos, que hay buenos jueces y buenos magistrados.  A esos buenos los necesitamos, porque tienen su función que realizar; pero los malos que no se hayan ido, ¡tengan la seguridad de que los vamos a botar! (Aplausos.)  Y después, que se vayan allá.  ¡Qué ridículos, a estas horas, después de dos años, cuando creyeron en los días deliciosos de los primeros meses que este era el país de Jauja, y que todo iba a seguir igual que antes, y que ellos iban a seguir siendo los mismos parásitos, y que ahora al cabo de 20 meses entonando un mea culpa, van allá, van allá...!, ¿a dónde van?  A la humillación, a la desvergüenza, a la limosna, al millón que no les alcanza.

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1960/esp/f161260e.html


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