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03/19/13 - Rebelión (Madrid) - Chao Aruca

Hernando Calvo Ospina Rebelión

He dejado pasar unos días para escribir de Aruca. Sí, sobre Francisco
González Aruca, un cubano de nacimiento, y "americano por amor a Anita, mi
mujer americana. ¡Es que uno enamorado.!"

El empresario y periodista Aruca murió el pasado 6 de marzo, en Denver,
Colorado, de un ataque al corazón mientras dormía. Tenía apenas 72 años.
"Si los terroristas y mafiosos de Miami no me han matado aún, es porque la
muerte me quiere agarrar en la cama", me dijo la última vez que nos
encontramos. Fue en Bruselas, creo que en 2007. El comentario me lo hizo en
un restaurante, al que yo lo había llevado a cenar luego de qué él me
confesara: "Ya di la conferencia que me pidieron en esta Universidad,
contesté 40 preguntas, ahora ayúdame a fugarme que no estoy para más
debates con intelectuales. Vamos a reírnos de cosas importantes. Se me
arruga la cara de tenerla tan seria." Como yo estaba de acuerdo con él,
pues lo saqué por la puerta trasera, y terminamos cenando en un restaurante
griego.

Entre cucharadas y vinos propuso hacerme una entrevista para su programa en
Radio Progreso, de Miami. El problema es que yo también quería
entrevistarlo. Por las vías normales no nos pusimos de acuerdo sobre quien
entrevistaba al otro, entonces pedimos otra botella de vino e hicimos un
compromiso: al que le tocara el último trago sería el entrevistado. Me
ganó, pero creo que con trampa. No hubo entrevista, pues estábamos en un
tal ataque de risa por las anécdotas que decidimos olvidarnos de ello.

Desde que supe de su muerte estuve tratando de calcular cuántas veces
pudimos hablar seriamente de temas políticos, en las cuatro veces que nos
encontramos (dos en Miami, una en Cuba y otra en Bruselas). No sumé una
hora.

Cuando lo encontré la primera vez en Miami, creo que en 1997, me recibió en
su casa. Era inmensa, rodeada de altos muros, cámaras de seguridad, un
hermoso césped y piscina. A los pocos minutos ya intercambiábamos chistes y
anécdotas, como si fuéramos viejos conocidos. Debido al ambiente que él
mismo estableció, me permití provocarlo. Le pregunté si era cierto lo que
decían en Miami, que Fidel Castro le había financiado semejante casa:
"Trata de que Anita no te escuche, pues se le acaba lo calmada que es, y
como mínimo te bota de aquí, pero antes te tumba los dientes, y yo no te
voy a defender", me dijo en voz baja.

Aruca, de estudiante y viviendo en Cuba, fue contrarrevolucionario. "Es que
yo conspiraba contra el comunismo. Yo era de izquierda, pero producto de
una educación católica. A nosotros nos habían enseñado los jesuitas que el
comunismo era intrínsecamente perverso. Esa era la frase." Y me contó la
anécdota que rompió el formalismo de la entrevista, y la "culpable" de que
después casi nunca pudiéramos hablar seriamente:

"Que quede en claro que yo era un contrarrevolucionario de izquierda. Por
eso, un día, conspirando en Cuba, conversaba con un amigo. Y éste era, más
o menos, el diálogo. Yo le preguntaba:

    - Oye, ¿estamos en contra de la reforma agraria?  - No, aunque de
pronto los detalles no nos gustan, pero es necesario que el campesino tenga
tierras.  - ¿Estamos en contra de la nacionalización de empresas
americanas?  - No, los americanos ten í an mucha influencia aquí y eso
había que pararlo.  - ¿Estamos en contra de la reforma urbana?  - No, los
alquileres no hay que pagarlos.  - Entonces , ¿¡por qué estamos
conspirando!?  - Porque esto es comunismo, ¡chico!  - Coño, verdad, ¡si no
fueran comunistas estaríamos con esta gente! (1)

El 5 de enero de 1961 Aruca cayó preso, y condenado a 30 años de cárcel. No
duró mucho encerrado, pues se fugó. "Cuando regresé a Cuba en 1978, dentro
de una propuesta del gobierno de Cuba conocida como "Diálogo", Raúl Castro
quiso saber cómo me les había escapado. Entonces le conté. Es que como soy
tan bajito, y en esa época era flaquito y más feíto que ahora, me entraron
una ropa, me la acomodé y pasé por la puerta como si fuera un adolescente
que hacía visita. Luego me metí a la embajada de Brasil, Cuba dio el
salvoconducto y me fui." Antes de llegar a Miami pasó por Ecuador y
Colombia.

No supe si en ese tiempo ya se reía tanto, lo cierto es que sí tenía metas
claras para avanzar en la vida. En vez de quedarse en Miami soñando con
tumbar la revolución, en 1963 se marchó a Washington a estudiar a la
Georgetown University. Lo que ganaba trabajando en hoteles no le alcanzaba
para sobrevivir y estudiar, por tanto acudió a préstamos estatales. Al
obtener el título de economista en 1968 debía 10 mil dólares. Dos años
antes se había casado con Ann Potts.

"Yo no sé qué me vio Anita, porque feo sí era. Y además insistía en
quererme. Pues sólo por amor se hace lo que ella ha hecho. Imagina que con
unos amigos y siete mil dólares creamos en Nueva York una empresa de viajes
hacia Cuba: Marazul Charter. Eso fue en 1979, en plena guerra fría. ¡Una
locura! Y Anita ahí. Lo peor vino en 1986: trasladamos la oficina al mismo
centro de la mafia y la contrarrevolución: Miami. Creo que ella estaba más
loca que nosotros, pues no puedo decir que me siguió: me empujó."

En Miami ningún medio de prensa hispano quiso pasar la publicidad de
Marazul. "Por puro miedo, o por ser contrarrevolucionarios." Entonces Aruca
decide alquilar un espacio en Radio Unión, y el empresario también se
vuelve comentarista político. "Había necesidad de crear opinión, que la
gente recibiera un mensaje diferente al que envenenaba a esa ciudad.
Entonces llegaron toda clase de insultos y amenazas, hasta que atentaron
contra las cuatro sedes de la empresa." Aruca no se amedrenta, y por el
contrario abre otro espacio en Radio Progreso, en 1991. "Hubo un tiempo en
que andaba con guardaespaldas, pero decidí que no era justo que los
asesinaran conmigo en un atentado. Por eso decidí andar solito, aunque
acompañado de una pistola como esta." Y me muestra un arma que más parecía
una mini-metralleta. "No puedo decir que han hecho algo contra mí. Aunque
sí, un día quisieron atentar contra mi integridad de manera indirecta: un
"borracho" se tropezó voluntariamente conmigo y me derramó una cerveza. Yo
me quedé tranquilo ante la provocación. Aunque luego me llegó una
preocupación: qué iría a decir Anita cuando sintiera ese olor a alcohol
sobre mi ropa."

En el 2006 nos encontramos en La Habana durante un acto público.
Charlábamos animadamente de cualquier tema lejano a la política, cuando él
se dio cuenta de que habían varios altos dirigentes cubanos a nuestro lado.
Entonces Aruca cambió bruscamente el tema para preguntarme mientras los
miraba: "¿Cuántos micrófonos y cámaras te tienen en el hotel?" "No me he
dado cuenta, pero creo que no hay", le respondí. Y pasó a contar a toda voz
y con estruendosas risas, que cuando había regresado en 1978 se había
hospedado en el Habana Libre. "Y caí en cuenta de que en frente de mi cama
había un espejo grande. Yo me levanté y empecé a inspeccionarlo. Le
hablaba, le pedía a alguien que dejara de estar mirándome porque en
calzoncillos debía de ser horrible."

En Bruselas, la última vez que compartimos anécdotas, me dijo casi al oído:
"te van a botar de Francia por traicionarlos, por estar tomando vino
griego. Pero tranquilo, yo no lo diré. Cuenta con mi discreción. Eso sí, tú
debes guardarme otro secreto: yo no sólo tomo ron cubano. Cuando se me va
acabando la última botella de ron cubano que logro entrar de contrabando a
Estados Unidos, compro ron de un país centroamericano que también es muy
bueno. Pero guárdame el secreto pues si lo cuentas quizás no me dejen
entrar de nuevo a Cuba."

Entonces se murió Aruca, después de haber dado batallas con corazón y piel
de héroe en la capital mundial de la intransigencia, de la
contrarrevolución y de la mafia. Batallas por la verdad. Uno de sus tres
hijos, Daniel, recordó las palabras pronunciadas por Aruca al describir su
vida: "Si muero mañana, sé que he vivido una vida plena y que duré mucho
más de lo que nadie esperaba."

El ex presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, Ricardo Alarcón escribió
sobre él: "Quizás algunos piensen que desapareció allá lejos en el corazón
de un país que no era el suyo. Se equivocan. Volvió a romper sus ataduras
para avanzar libre y sonriente hacia el sol. Aunque él no quisiera
sospecharlo Francisco González Aruca era un gigante. Y, algo que Aruca sí
sabía, él era nuestro, y con nosotros, con su pueblo, con su Patria, irá
siempre." (2)

Al leer esas letras de Alarcón, me dije que ya podía romper el secreto de
que a veces tomaba ron no cubano, pues al fin y al cabo por todas las
orillas que rodean a Cuba lo iban a dejar entrar. Conmigo es que ha quedado
mal: en este mundo ya no nos encontraremos para probar ese ron, como nos lo
habíamos ofrecido.

Chao Aruca.


NOTAS:

    H. Calvo Ospina y Katlijn Declercq . " Disidentes o Mercenarios ". Vosa
- Sodepaz , Madrid, 1998.
http://progreso-semanal.com/ini/index.php/cuba/6669-aruca-siempre


(*) Hernando Calvo Ospina es periodista y escritor colombiano, residente en
Francia y colaborador de Le Monde Diplomatique. Su página web:
http://hcalvospina.free.fr/ 


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