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03/20/13 -Juventud Rebelde (Habana) - La ternura se viste de olivo

Las oficiales, cadetes, guardiamarinas, sargentos, soldados, camilitas y
trabajadoras civiles de las Fuerzas Armadas se enorgullecen del mejor
regalo que les ha sido dado como mujeres: la posibilidad de crecer y formar
parte de una sociedad como la nuestra

Patricia Cáceres digital@juventudrebelde.cu 19 de Marzo del 2013 21:55:19
CDT

Mientras conversábamos la imaginé ágil y segura, tomando decisiones
certeras tras complejos sistemas computarizados. Sus voces de mando,
orientando a los soldados, llegaron hasta mí en pocos segundos.

Y es que la joven teniente Yadira Quintana Picallo, jefa de turno del
puesto de mando de una gran unidad de defensa antiaérea del Ejército
Occidental de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), no esconde la
alegría y el orgullo que siente por el destino que eligió vivir.

"Me honra ser una de las que vigila nuestro espacio aéreo, que contribuye a
garantizar la tranquilidad del pueblo", me dice sonriente, mientras la
interrogo.

Sus 26 años -afirma-, y sobre todo el hecho de ser mujer, no son argumento
para justificar ningún fallo. Desde que se adentró por primera vez en la
vida militar, ha dado todo de sí y aprovecha cada día al máximo, con el
objetivo de ser un ejemplo para sus subordinados. Pertenecer al sexo
femenino, lejos de ser una debilidad, le da las herramientas necesarias
para superarlo todo.

"Quizá algunos piensen que es difícil para una joven mujer estar al frente
de tantos hombres. Yo, por ejemplo, cuando comencé como jefa de pelotón en
las Fuerzas Armadas tenía subordinados de mi misma edad. Pero al final, con
la delicadeza que nos caracteriza, y la experiencia acumulada, podemos
superar los obstáculos", asegura.

En la mirada de Yadira se reflejan algunos de los sacrificios que ha tenido
que hacer.

"Soy madre. Tengo un niño que cumple seis años este mes. Pero debo cumplir
con el deber que me corresponde como oficial de las Fuerzas Armadas", me
explica.  Flores de romerillo

La historia de Yadira puede ser igual a la de cientos de mujeres cubanas
que, con dedicación y orgullo, ofrendan su vida a las Fuerzas Armadas y a
su país.

Y qué mejor ejemplo que la joven de 34 años Indira Ramos López, tecnóloga
de la Empresa Militar Industrial Emilio Bárcenas Pier, quien deja en un
segundo plano la vanidad femenina para lidiar con la grasa del taller y
ayudar a recomponer los valiosos tanques de guerra.

"Aquí nos ves llegar por la mañana; somos un grupo de mujeres arregladas.
Pero al entrar a la fábrica todas nos transformamos en obreras. Es parte de
nuestra cultura, porque lo más importante es estar cómodas", explica Indira
Ramos, también madre de una niña pequeña.

"Parecería que vamos perdiendo nuestra belleza, pero seguimos siendo bellas
porque estamos entre los hombres. Somos reinas para pensar, para hablar,
para actuar, para todo", recalcó.

Dirigir al sexo masculino -dice- se vuelve un reto, pero un reto fácil de
superar, porque lo único que uno no puede hacer es perder la ternura.

"Pienso que estar trabajando entre tantos hombres nos hace únicas,
exclusivas. Una flor de romerillo, en medio de un "yerbazal", es siempre
una flor bella. Nosotros somos eso, porque a ese romerillo es al que más la
gente sigue, al que todo el mundo mira. El compromiso, por tanto, es
triple: trabajar en un sector como la defensa, dirigir hombres y dar el
ejemplo", señaló la tecnóloga.

Aunque para muchas podría parecer imposible, para Indira Ramos pertenecer a
las FAR, más que un reto, es motivo de orgullo y satisfacción. "Todo el
mundo ve la defensa como un lugar donde debe predominar la fuerza, o el
sexo masculino, para la toma de decisiones.

"Por tanto el primer alto honor de las mujeres que trabajamos en este
sector es que estamos en una rama que es difícil e imprescindible para la
Patria, donde pasan por nuestras manos, desde un tanque de guerra hasta una
pequeña pieza, para que el soldado no se quede parado en medio del campo de
batalla.

"Nunca pensé trabajar para las Fuerzas Armadas. Pero desde que me incorporé
he decidido no salir. Porque es un lugar de

disciplina, de compromiso, donde el coraje  se demuestra desde cada puesto
de trabajo, y no únicamente en el campo de batalla", concluyó.

En plena faena laboral, interrumpí a la joven de 30 años Leidy Cardoso
Contrera, jefa de una nave de producción de huevos y carne de la Unión
Agropecuaria Militar Este-Habana.

"Me siento orgullosa y comprometida con el deber de producirles a las
tropas sus alimentos, y a mi pueblo en general. Es una gran responsabilidad
y un motivo de satisfacción", me comentó, sin abandonar su puesto de
trabajo.

Al igual que Leidy, pero dejando entrever lo feliz que se siente por la
carrera que está estudiando, Sidlen Alarcón Vidal, cadete de tercer año de
Medicina Militar, reconoce que tiene un reto doble: ser militar y médico a
la vez.

"Es bastante difícil, porque las mujeres, por nuestros procesos
fisiológicos, tenemos que pasar por dolores extra, y muchas veces, a pesar
de eso, tenemos que correr, hacer guardias. También somos más débiles a la
hora de hacer esfuerzos físicos, como cargar el fusil en el campo de tiro",
me comenta.

Cuando somos adultas -añade- también es bastante difícil, porque a nosotras
nos toca la misión de procrear. Sin embargo, nos sacrificamos el doble, y
logramos sobrecumplir, en el trabajo y en la casa.

Mirando al futuro, la jovencita Arlenys Hernández Rodríguez, estudiante de
grado 12 en los Camilitos de Arroyo Arenas, sabe que en el camino que le
espera habrá sacrificios, pero también dicha por el deber cumplido.

"Mi papá es oficial de las FAR, y desde chiquita siempre he visto que la
vida militar es muy sacrificada, y que él no ha podido estar todo el tiempo
a mi lado. Pero a pesar de todo creo que cada persona, sea hombre o mujer,
debe hacer lo que más feliz le haga. Y eso pienso hacer yo", expresó
convencida.


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