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03/21/13 - Rebelión (Madrid) - Dos hechos libertarios fundacionales

Andrés Gómez Rebelión

Este pasado 15 de marzo marcó el aniversario 135 de la Protesta de Baraguá,
acto supremo de patriotismo e hidalguía en la historia revolucionaria del
pueblo cubano. Aquel 15 de marzo de 1878 el Mayor General Antonio Maceo
junto con otros generales, jefes y soldados del cuerpo del Ejército
Libertador bajo su mando en la provincia de Oriente, dejaron saber al
General en Jefe del ejército español, Arsenio Martínez Campos, que no
aceptaban la bochornosa e inconsulta rendición conocida como el Pacto del
Zanjón firmada un mes antes en el Camagüey por sectores derrotistas de la
dirigencia política y militar del independentismo.

A petición del General Antonio Maceo, el General en Jefe español había
aceptado participar en aquella reunión pactada a ocurrir en Mangos de
Baraguá. Martínez Campos pensaba que el General Maceo le comunicaría que
aceptaría lo pactado en el Camagüey un mes antes. Mas ese no era el
propósito de los bravos generales, jefes y soldados cubanos. El propósito
de esa reunión con el General en Jefe español era uno de carácter político
que contrarrestara el grave y oprobioso daño causado por el Pacto del
Zanjón a la causa libertaria de los revolucionarios cubanos, dejándole
saber al general español, a su gobierno, al resto del pueblo cubano y al
mundo la irrenunciable decisión del pueblo cubano revolucionario al logro
pleno de su independencia y las de sus libertades fundamentales,
especialmente en aquel momento, la del fin de la esclavitud, no
importándole el precio, individual y colectivo, a tener que pagar por
ellas.

Dijo en aquella memorable entrevista el General Maceo al General en Jefe
español: "No estamos de acuerdo con lo pactado en el Zanjón. [.] Deseo
evitarle la molestia de que continúe con sus explicaciones porque aquí no
se aceptan." Anonadado por lo expresado por el General Maceo, habiendo
esperado el general español recibir la rendición del ejército oriental de
manos del Titán de Bronce, insistió en leerle el bochornoso documento del
Zanjón, el General Maceo interrumpiéndolo le dijo: "Guarde usted ese
documento, que no queremos saber de él."

Aquella primera gloriosa guerra, la de los Diez Años, ya no pudo mantener
las condiciones para poder continuar, y terminó, debido a las divisiones,
el regionalismo, los prejuicios de clase y el racismo en la derrota. Pero
aquella determinación hecha pública por los bravos soldados revolucionarios
cubanos, con el General Antonio Maceo, como su máximo dirigente, en Mangos
de Baraguá ante el General en Jefe español, marcó para siempre en nuestra
historia la irrenunciable determinación de lucha del pueblo cubano para
lograr plenamente su independencia y sus libertades fundamentales. Luchas
que culminaron con el triunfo revolucionario de Enero de 1959;
independencia y libertades que han sido triunfalmente defendidas durante
los cincuenta y cuatro largos años de proceso revolucionario.

También este 15 de marzo se conmemoró otra fecha gloriosa en la historia
libertaria del pueblo cubano. Pero esta otra es una tirada al olvido
histórico debido al racismo, a la ignorancia y a los prejuicios de clase
que han tenido un peso mayor en nuestra historiografía. Olvido, triste es
decirlo, que ha perdurado aún durante largos años del proceso
revolucionario.

Me refiero al formidable movimiento libertario precursor de principios del
siglo 19 conocido como la Conspiración de Aponte. Hace 201 años, el 15 de
marzo de 1812, estalla el alzamiento libertario en el ingenio Peñas Altas,
en el territorio de Guanabo, que estuvo liderado por tres dirigentes de
aquella conspiración. El alzamiento, a las puertas de La Habana, fue
derrotado al intentar sus dirigentes extenderlo a otros ingenios cercanos.

Este extenso movimiento fue organizado y dirigido por negros y mulatos
libres -- o sea no esclavos--, así como por esclavos y blancos. Éste estuvo
organizado en la mayoría de los barrios habaneros de entonces y se extendió
por la mayoría del territorio insular: en Trinidad, Sancti Spíritus,
Camagüey, Bayamo, Holguín y Santiago de Cuba. Hubo alzamientos, como parte
de este esfuerzo libertario, en cuatro ingenios camagüeyanos y fueron
ejecutados y condenados a largos años, decenas de patriotas en Puerto
Príncipe, la capital camagüeyana, Holguín, Bayamo y La Habana.

José Antonio Aponte Ulabarra, habanero, negro libre, ebanista, carpintero y
pintor, autodidacta, fue su dirigente principal. Su abuelo paterno Joaquín
Aponte, fue Capitán del Batallón de Morenos Leales de La Habana quien se
distinguió, entre otras acciones de guerra, en la defensa de La Habana
cuando la toma de la ciudad por las fuerzas militares inglesas en 1762.

Sobre este movimiento precursor dirigido por José Antonio Aponte y sus
principales colaboradores el distinguido profesor Elías Entralgo dejó
saber: ".su movimiento se considera nacional no sólo porque logró
completarlo a lo largo de toda la isla y hubo alzamientos en varias
regiones, sino porque a él pertenecieron por igual cubanos negros, mestizos
y blancos de distintos estamentos sociales, libres y esclavos". Sus
objetivos fueron: la abolición de la esclavitud; la supresión del comercio
de esclavos; y el derrocamiento del gobierno español.

El 9 de abril de 1812, como ejemplo para que sirviera de escarmiento a
otros, las autoridades coloniales ahorcaron en la fortaleza de La Cabaña a
José Antonio Aponte y a ocho de sus colaboradores más cercanos. Además a
Aponte lo decapitaron. Por largos años su cabeza fue expuesta en una jaula
de hierro a la entrada de La Habana por la entonces llamada Calzada de San
Luis Gonzaga, lo que hoy conocemos como la intersección de la Calzada de
Reina y la Calle Belascoaín, cerca de la casa donde viviera el héroe.

Como sabemos de nada sirvió esa odiosa condena. El 10 de octubre de 1868,
en otro ingenio, Demajagua, éste en el territorio de Manzanillo, un blanco,
dueño del ingenio, Carlos Manuel de Céspedes, declaró la independencia
cubana de España. Y otro 15 de marzo, este de 1878, un mulato, el General
Antonio Maceo, al frente de su tropa, reafirmó para todos los tiempos,
también en el oriente cubano, la voluntad irrenunciable de todos los
revolucionarios cubanos de ser plenamente libres o sucumbir en el intento 


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