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10/11/09 - Granma (Habana) - Él es paternalista, tú eres paternalista, yo
soy paternalista.

Puede parecer algo humorístico, pero es para ponernos a pensar. De una
manera u otra estos vicios o costumbres están en la mayoría de nosotros,
tienen un reflejo en nuestras conductas...
Lázaro Barredo Medina | Granma | 11-10-2009 a las 16:22 | 219 lecturas | 11
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www.kaosenlared.net/noticia/paternalista-tu-eres-paternalista-yo-soy-paternalista

LÁZARO BARREDO MEDINA
Para que nuestro proyecto socialista salga adelante debe predominar en cada
uno de nosotros la racionalidad y el sentido económico. No debe apreciarse
como una consigna, una frase, un cliché, el llamado del compañero Raúl para
ajustarnos a vivir con lo que tenemos. No podemos aspirar a más si no hay
una evaluación objetiva y adoptamos las medidas para actuar con realismo y
no con optimismo infundado.
En las intervenciones del Segundo Secretario está subrayada de manera
reiterada la voluntad política de nuestro Partido de llevar adelante
decisiones trascendentales para afrontar las tareas de fortalecimiento de la
institucionalidad, el redimensionamiento de la planificación y la
organización del trabajo, la supresión de la doble moneda y una estimulación
salarial que desate a las fuerzas productivas, el cobro de impuestos, el
cese de muchos subsidios, la revisión de las gratuidades y otros asuntos que
no van a despojar al Estado de su responsabilidad, sino pretenden lograr
formas de prestación más ágiles y directas en pequeños servicios, entre
otros propósitos.
La mayoría de esas cuestiones requieren de la movilización y la comprensión
de la sociedad para encarar, en un plazo prudente de tiempo, el proyecto de
país que queremos, podemos y necesitamos.
El daño terrible de los huracanes y tormentas tropicales del año pasado que
devastaron una extensa parte de la Isla y causaron pérdidas por cerca de
diez mil millones de dólares a lo cual se agregaron, en coincidencia en el
tiempo, los nocivos efectos de la crisis económica y financiera global,
obligaron a desacelerar el ritmo de la aplicación de muchas de las ideas que
se venían estudiando tras el amplio debate nacional que se desarrolló en
torno al discurso de Raúl el 26 de julio del 2007 en Camagüey.
El impacto de esos elementos ha obligado al Gobierno a realizar profundos
reajustes en los planes económicos y el presupuesto, para "apretarnos el
cinturón" sin abandonar la búsqueda de nuestras propias soluciones que giran
en torno a las posibilidades de incrementar la producción material, pese a
las carencias importadoras que ahora tiene el país, con las reservas
materiales de que disponemos, sobre todo en la producción agrícola, el
ahorro y otras prácticas que provean eficiencia real y concreta.
Precisamente, esa es la intención del debate que ahora transcurre en los
núcleos del Partido junto a los colectivos obreros para mirarnos hacia
adentro y discutir "a camisa quitada" cómo podemos crear más, qué vamos a
hacer para salir de la rutina y de la convivencia con las cosas que se sabe
no funcionan bien, porque muchas insuficiencias hay que resolverlas ante
todo en nuestras propias colectividades, sin doble moral y sin fanfarrias.
Está probado que solamente con más trabajo saldremos de la crisis y si, en
paralelo, miramos críticamente al paternalismo, fenómeno arraigado hasta los
tuétanos en la mayoría de las personas, un vicio que no nos deja avanzar y
entorpece la claridad sobre las decisiones que debemos tomar entre todos.
El intercambio de opiniones que ha habido en las cartas a nuestro diario,
por ejemplo, sobre los temas de la libreta de abastecimientos o de los
comedores obreros, son una prueba meridiana de hasta qué punto han calado en
nuestra conciencia algunas concepciones equivocadas sobre la justicia
social.
La justicia social no es el igualitarismo, es la igualdad de derechos y
oportunidades, es en el socialismo la distribución bajo el principio "de
cada cual según su capacidad, y a cada cual según su trabajo".
La libreta de abastecimientos fue una necesidad en un momento determinado,
con sus actuales atributos se convierte en una impedimenta dentro del
conjunto de decisiones que la nación tendrá que asumir, lo cual habrá que
resolver no por decreto, sino con las medidas económicas que protejan y
garanticen el acceso de las personas de bajos ingresos a esa canasta básica
y estimule al resto a trabajar para obtener beneficios salariales a partir
de los resultados.
Lo mismo pasa con los comedores obreros, para los que se adquieren alimentos
por centenares de millones de dólares que se ofertan subsidiados y después
buena parte de las veces este servicio no satisface a los propios
trabajadores y sirve de fuente importante para el desvío inescrupuloso de
recursos.
Nadie puede negar que en su labor de alta sensibilidad humana, el Estado
revolucionario ha perseguido invariablemente ofrecer soluciones a las
necesidades de los ciudadanos, muchas veces por encima de sus propias
posibilidades, y ahí quizás radica una de las causas de que mucha gente se
haya habituado a que hay que resolvérselo todo.
La Revolución fue desde sus inicios un torrente de justicia, que no siempre
ha sido correspondido.
Un compañero me decía hace unos días que la sociedad cubana tiene que
solucionar cuatro "síndromes" para desentumecerse de esa práctica
paternalista:
1-. El síndrome del pichón: andamos con la boca abierta porque buena parte
de los mecanismos que hemos diseñado están concebidos para que nos lo den
todo. Usted no va a la bodega a comprar, va a que le den lo que le toca;
usted no repara su casa o su apartamento en el edificio, porque además de
que no tiene cómo adquirir los materiales, las cosas están concebidas para
que le den las facilidades de esa reparación y así es en la mayoría de los
asuntos de nuestra vida cotidiana.
2-. El síndrome del voleibol: nos hemos acostumbrado a saltar y lanzar la
pelota para la otra cancha, porque supuestamente la mayoría de los asuntos
no son nuestro problema, sino es del otro, y el peloteo burocrático es
agobiante.
3-. El síndrome del avestruz: nos hemos habituado a meter la cabeza en el
hueco, casi siempre para no ver los problemas ni actuar con toda la energía
y la fuerza innovadora contra las rutinas y los hábitos negativos y,
especialmente, dejar de ser sistemáticos.
4-. El síndrome del obstáculo: no se logra la transformación de la economía
y la satisfacción de las necesidades básicas en un mes, pero algunos quieren
que así sea, aunque en cuanto se encuentran el primer obstáculo se detienen
y esperan a que otros lo quiten o salten por ellos.
Puede parecer algo humorístico, pero es para ponernos a pensar. De una
manera u otra estos vicios o costumbres están en la mayoría de nosotros,
tienen un reflejo en nuestras conductas y pienso que son de los "cascabeles
al gato" que dice el compañero Raúl nos toca poner a todos.


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