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11/01/09 - Juventud Rebelde (Habana) - La obra Y sin embargo, se mueve, un
«mazazo» con
cantera

La más reciente puesta en escena de Carlos Alberto Cremata, director de la
compañía de teatro infantil La Colmenita, nos demuestra una vez más que para
él no hay nada más esencial que mantener la espiritualidad, que cultivar sin
cansancio valores humanos y éticos



José Luis Estrada Betancourt
estrada@juventudrebelde.cu
31 de Octubre del 2009 22:25:40 CDT
Dirán que soy un fan incurable de La Colmenita, y no me sonroja. Admiro todo
lo que Carlos Alberto Cremata y su inseparable equipo logran con quienes
integran la emblemática compañía de teatro infantil. Estoy pensando, sobre
todo, en lo que consiguen con esos muchachos desde lo humano, más allá de
los evidentes resultados artísticos que los respaldan a lo largo de estos
años.
Hacer que esos «hombres del mañana» que hoy juegan al teatro se comporten y
piensen como niños de carne y hueso, inmunizados contra todo lo que huela a
robótica, tiene un mérito incalculable. Y es que Tim Cremata sabe del
peligro que significa que en la adultez se pierdan la infancia, los deseos,
los buenos sentimientos, porque entonces el adulto termina perdiéndose a sí
mismo. Para el director de La Colmenita no hay nada más esencial que
mantener la espiritualidad, que cultivar sin cansancio valores humanos y
éticos.
Nos lo demuestra otra vez con su más reciente puesta en escena: Y sin
embargo, se mueve, pieza original del dramaturgo Alexander Jmélik con la
cual cerró este viernes la primera jornada del XIII Festival Internacional
de Teatro de La Habana, y que permanecerá en cartelera hasta el próximo
lunes en el Teatro de la Orden Tercera.
Vaya «broma» en dos actos que Cremata vuelve a retomar después de haberla
estrenado con La Colmena en 1992. Uno llega a pensar que, ubicándonos en la
ex Unión Soviética de los niños que cantaban un cielo azul y un redondel...
(gracias en buena medida al logrado vestuario de Magaly Acosta), Tim nos
quiere hablar sobre la educación, cuando la bella María (Carolina
Fernández), con una voz como la que deben tener los ángeles, comienza a
interpretar Historia de las sillas para llevarnos luego a su aula donde se
realiza un examen de Matemática, interrumpido por la llegada tarde de
Lapatún (Olito Tamayo) y su explicación del porqué de la demora, lo cual
desata la histeria, la ironía hiriente de la Maestra (Claudia «Muma»
Alvariño).
Sin embargo, el aula del «Lapa», de María, Peco (Ernesto Escalona) y Pando
(Daniel Ramírez) refleja, en cierta medida, la sociedad cubana. Por supuesto
que si se va a mostrar parte de la realidad cubana, y se va a cantar a Cuba
y su gente, nada mejor que las canciones revolucionarias (en todos los
sentidos), sencillamente hermosas y plenas de verdades de Silvio: aquellas
que son fina poesía; flor y cañón.
En Y sin embargo... aparecen con otros nombres esos personajes que
desgraciadamente existen: una Maestra «casi normal», rodeada de miedos
después que el esposo desapareciera «raptado» por «extraterrestres»; alguien
a quien no le parece muy «correcto» soñar y es capaz de decir: «Decida, yo
no puedo más... ¡o él o yo!». Una Directora (Yanín Penalba) temerosa
(«Estaría loca si pretendiera bajar el por ciento de promoción»), porque
«mañana esta historia se conocerá en todas partes.» que extravía el camino
de la ética y manipula («...hay que encontrar fuerzas, sacar la valentía
moral, el decoro que todo hombre lleva dentro... es posible que los otros se
rían de ti... ¡no importa!... hasta eso es necesario para la causa común...
que es también la tuya...), cuando pide a Lapatún llegar a un «arreglo».
También está Shafín (impresionante la pequeña Ingrid Lobaina), que es de
esas personas que se permiten el privilegio de la duda (¿hasta dónde debemos
practicar las verdades?, se dirá, como Silvio, este personaje) y llega a
preguntarse: «¿Qué clase de personas somos? ¿Por qué todo lo podemos
esclarecer y no creemos en nada? (...) ¿Cómo es que vivimos, entonces?».
Pero los personajes que ponen los pelos de punta son Marco (Héctor D.
Rosales), jefe del Consejo Estudiantil, y las Chicas Severas de dicho
Consejo (Magela Campos, Wendy de la Rosa y Ana Laura Escalona). En ellos,
enfermos de Unanimidad, se resume el oportunismo, el formalismo, la
burocracia, el verticalismo, el dogmatismo, la intolerancia...
Y sin embargo, se mueve es un texto visceral que nos sorprende totalmente
por su actualidad y por el montaje de Carlos Alberto Cremata, quien nos
regala aquí una puesta inteligente y dinámica, la cual se apoya en el
atinado diseño de luces de Reynier Rodríguez, en el magnífico sonido (Janet
Rodríguez), en el fabuloso mundo colmado de significados (estrellas,
tiovivos, que dan vueltas como la vida que no se detiene), concebido por
Inés Garrido y sus alumnos de San Alejandro; en la música, ¡no faltaba más!,
de Silvio Rodríguez (interpretada en vivo, por la valiosa labor de Amaury
Ramírez, de una manera magistral)... Pero, sobre todo, en las excelentes
interpretaciones.
En Y sin embargo..., Tim consigue que tanto los niños como los adultos, sin
excepción, emitan luz. Pero, lo más impresionante, es la actuación de Olito,
cuyo vestuario y todo él nos remiten al maravilloso Jackie Coogan de El
Chicuelo, del genial Charles Chaplin, aunque Olito, cuyo Lapatún es una
especie de Galileo en miniatura, con la defensa transparente de su rol
brilla con luz propia.
Razón tenía el cantautor cuando, en la primera noche de la sutilmente
conmovedora Y sin embargo, se mueve, aseguraba que si ver esta pieza era
necesario para los niños, resultaba impostergable para los mayores. Lo
cierto es que esta es de esas obras que provocan una revolución de neuronas,
y nos deleitan al combinar armoniosamente ternura, humor, crítica
inteligente, música de la buena; de esas obras que tocan directamente al
pensamiento y al corazón.


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