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10/31/09 - Juventud Rebelde (Habana) - ¡Le zumba el mango!

Lo ocurrido durante el pasado verano muestra a las claras que en un polo
productivo como es Santiago de Cuba, todavía no se consigue la suficiente
armonía entre el campo y la industria que respalde un mejor aprovechamiento
de las frutas

Odalis Riquenes Cutiño
digital@juventudrebelde.cu
31 de Octubre del 2009 23:17:02 CDT
SANTIAGO DE CUBA.- El intenso olor a fruta podrida aún queda en el ambiente
de la pintoresca zona de Ceiba, entre el poblado de Aguacate y Ramón de
Guaninao, en el municipio de Palma Soriano.
En esas áreas, meses atrás, la UBPC Aguacate perdió más de 600 quintales de
mango. No pudo esta estructura productiva ni su empresa patrocinadora, la
Cafetalera Palma, salir a tiempo del atolladero por la falta de envases, las
dificultades con el transporte y el combustible. Ello implicó la pérdida
para los productores de más de 25 000 pesos, con su consecuente secuela de
desencanto y menoscabo de esfuerzos entre los trabajadores en un momento en
el que el país ha pedido más de ellos.
Son esas las consecuencias de las dificultades de contratación de la empresa
Cafetalera Palma, al conveniar con Acopio las producciones de las
cooperativas y demás estructuras que patrocina, y también de los evidentes
problemas de gestión comercial que impidieron encontrar un destino feliz
para el mango cosechado.
El ejemplo es solo uno entre muchos, tomado al azar, y muestra las disímiles
aristas que se tuercen en el camino de la producción-comercialización del
mango en esta provincia, que aparece entre las mayores productoras de esa
fruta en el país.
Lecciones
Santiago de Cuba consiguió durante la cosecha del mango 2009 una producción
récord en los últimos tiempos.
Los volúmenes productivos de las 233,9 caballerías dedicadas en este
territorio al cultivo de la fruta excedieron en más de 188 000 quintales los
planes de 441 304 previstos para la contienda, explicó a JR Jorge Antonio
Hernández Rondón, especialista en Frutales del Ministerio de la Agricultura.
Atípica, por variar los tradicionales patrones de floración y
producción -según entendidos- como consecuencia del intenso calor y el
régimen de precipitaciones derivados de los cambios climáticos, la cosecha
del mango se inició en abril y aunque oficialmente concluyó a principios de
septiembre, las flores que hoy se palpan en muchos campos santiagueros
coquetean con la posibilidad de que quizá tengamos que acostumbrarnos a
cosechar mangos todo el año.
Con la temprana llegada del mameyson y el bizcochuelo de esta temporada, la
producción del mango santiaguero continuó la tendencia ascendente de los
últimos años y acabó de echar por tierra el estigma de insuficiencia al que
nos acostumbraron los años del período especial.
Atrás quedaron, al parecer, la traza de las sequías, la presencia de plagas
como la astracnosis, la avanzada edad de las plantaciones y el deterioro en
la debida atención al cultivo entre el sector campesino y cooperativo, en
manos del cual se encuentra más del 80 por ciento del estimado de
producción.
Tan elevada producción, a la que se unieron los mayores volúmenes de acopio
conseguidos en los últimos 20 años, elevaron «la varilla de salto» a los
oxidados resortes comercializadores.
Los resultados, con más de un mes de distancia, permiten extraer lecciones
para el amplio espectro de frutales que durante todo el año inundan de
olores y sabores la cotidianidad de los indómitos.
Picos, pérdidas y otros contratiempos
Con el incentivo económico que significó el incremento de los precios a los
que se pagan los frutales, este territorio consiguió también niveles récord
de acopio del mango. Sin embargo, no pocos productores y estructuras
productivas tuvieron que presenciar cómo las frutas se estancaban y perdían
en los puntos de recogida según MINAGRI cumpliendo con crecer el traslado a
los puntos de recogida.
«No tengo envases para darte». «Estoy en cero con el combustible». fueron
argumentos reiterados por los directivos de Acopio y funcionarios de las
empresas agrícolas durante toda la contienda, a los que se unieron la poca
disponibilidad de medios de transporte para el acceso a las zonas de
montaña, y la obsolescencia tecnológica de una infraestructura industrial
presa de numerosas roturas, que continuamente retenía las cajas.
Sin que de manera oficial Acopio haya hecho público el monto de las pérdidas
económicas de la cosecha, ni de las deudas con los productores de mango que
se afectaron en la pasada campaña, cualquier análisis del tema redunda sobre
las múltiples fisuras de la llamada cadena de producción-comercialización.
Tras reconocer sus limitaciones y significar que el asunto es tan añejo como
la misma tradición y particularidades del cultivo de frutas en esta parte
del país, Mario Sánchez, subdirector comercial de la Empresa Provincial de
Acopio, declaró a este diario que constituyó un desafío sin precedentes en
los últimos cuatro lustros, mover un estimado de 14 576 toneladas de mango
(unos 316 000 quintales) hacia los diferentes destinos establecidos: la
industria, que es prioridad; el consumo social y la entrega al mercado.
Para ello, según el directivo, disponían de alrededor de 82 000 cajas, cifra
que permitía, en una rotación de tres veces, acopiar 68 333 quintales de
mango; y «de una cantidad de cajas-paleta que nos posibilitaba llevar a la
industria unos 10 000 quintales de mango de forma lineal».
A esa cantidad de envases -que muchas veces se volvió insuficiente al no
garantizarse una rotación ágil-, continuó relatando Mario Sánchez, se unió
un parque automotor cuyos achaques han obligado al reordenamiento,
ligeramente oxigenado por la contribución de algunos nuevos medios en manos
de las empresas de transporte y que se especializan en el traslado de todas
las cargas que precisa la montaña.
Hasta principios de septiembre, enfatizó Sánchez, Acopio había logrado mover
unas 12 765 toneladas de mango, de las cuales 7 744 se entregaron a la
industria; 3 786 se destinaron al mercado y unas 475 toneladas llegaron
hasta centros educacionales y de salud, como parte del consumo social,
cifras todas superiores a las de años anteriores.
No obstante, cuando a partir del 15 de junio, empujada por las lluvias y el
calor, la cosecha entró en su momento de máximo esplendor, «la cadena se
tensó» y se hizo palpable la realidad de que los diferentes eslabones
involucrados no se prepararon armónica y cohesionadamente.
La cadena del trabajo
No son pocos los productores y directivos de empresas que siguen señalando
con el dedo a Acopio como el único responsable de los tradicionales
tropiezos con el mango y las demás frutas y productos agrícolas en general.
Los mecanismos de Acopio fueron una vez más incapaces de llegar a todos los
que demandaban de ellos en una contienda como esta. Pero tampoco las
empresas agrícolas supieron cumplir adecuadamente, salvo algunas
excepciones, con el nuevo papel que le asigna en estos tiempos su propio
sector en el patrocinio, orientación y atención de las estructuras
productivas.
Desde principios de este año, a tono con el reordenamiento que se viene
imponiendo en la agricultura cubana, en el mundo empresarial agrícola
empezaron a cambiar conceptos, subraya el subdirector comercial de la
Empresa de Acopio santiaguera, Mario Sánchez.
En virtud del nuevo sistema, precisó el directivo, es preponderante el rol
de las empresas como patrocinadoras de las estructuras vinculadas con su
razón productiva y se les responsabiliza con garantizar el ciclo productivo
completo de sus patrocinados, incluyendo la comercialización.
De ahí que en el caso de la comercialización del mango, eran las empresas
(Cafetalera, Forestal, de Cultivos Varios.), según lo establecido por el
MINAGRI en el país, las responsables también en este caso no solo de llevar
el mango de sus estructuras hasta el destino final, sino además de hacer una
mayor gestión comercial y buscar alternativas ante cualquier escollo.
Desde enero, significó Mario Sánchez, Acopio se transformó en un destino más
al que las empresas venden sus producciones; se mantuvo únicamente el
compromiso de, junto con las estructuras patrocinadoras, asegurar los
insumos necesarios para el buen desarrollo del proceso, en este caso, los
clavos y flejes para producir los envases, entre otros.
Sin embargo, de lo establecido a la práctica va un trecho, como explicaron a
JR directivos de la Agricultura como Ismael Rodríguez -delegado del ramo en
Palma Soriano-, y al menos en la finalizada cosecha del mango, las empresas
agrícolas continuaron trabajando según la concepción de que su papel era
garantizar que el producto del campo llegara al punto de recogida, pues es
ahora que comienzan a prepararse para asumir protagonismo en la
comercialización.
Enfatizó Rodríguez que durante esta contienda las empresas de su
municipio -como las de toda la provincia-, cumplieron con creces su
compromiso de llevar la fruta a los puntos de recogida, donde, al no contar
Acopio con los recursos suficientes en el momento que se necesitaba, se
produjeron las mayores pérdidas.
Más allá de los roles asignados a cada uno de los integrantes de la cadena
del mango, cuyas ineficiencias -como pudimos colegir del diálogo con
directivos y funcionarios del mundo agrícola-, muchos las atribuyen a
«problemas de recursos», una lectura más profunda del tema sugiere que la
pobre gestión comercial, de cultura de trabajo y de búsqueda de alternativas
para solucionar los problemas, se convirtió esta vez en una causa tan
poderosa de las ineficiencias como las dificultades para el acceso a los
lugares donde se produce el mango, en una provincia con el 70 por ciento de
su geografía montañosa.
Caminos en mal estado, áreas incomunicadas y la falta de suficiente
transporte de doble tracción, necesario para llegar a esas zonas, unido a
las restricciones energéticas, que más de una vez pusieron a las entidades
en la disyuntiva de tener que trasladar la fruta en «apagón» de combustible,
y el limitado número de envases -reducido mucho más debido a la lenta
rotación-, fueron poderosos escollos en esta finalizada cosecha.
Pero ejemplos como los de las CPA Abel Santamaría, en Santiago de Cuba, y
Victoria de Girón, de Palma Soriano; y la Empresa Forestal Gran
Piedra-Baconao, por solo citar tres de los exitosos protagonistas de la
cadena, y donde además de evitar cualquier pérdida de la fruta los niveles
de ingreso de los productores son altos, demostraron que puede ser otro el
resultado donde hay motivación de trabajo y deseo de sortear obstáculos.
Para productores entrevistados por JR, como el palmero Joaquín Velásquez,
con la pérdida de las frutas fue atacado, más que su bolsillo, el peculio
del país y sobre todo la vergüenza del mundo agrícola y la posibilidad del
pueblo de disponer de más alimentos.
Tajadas para una abuela
Las cotidianas roturas de una industria que bien pudiera considerarse como
la abuela de las de su tipo en el Oriente, y que debió moler
ininterrumpidamente y a máxima capacidad durante casi tres meses, fueron
otros inconvenientes de la recién concluida cosecha, que habla de la
necesidad de cambiar de cara al futuro. «Tensa» es el calificativo que
emplea la ingeniera Sobeida Vinent Beltrán, especialista de Producción de la
Empresa de Conservas Santiago, para calificar la faena de su giro este año.
En un período caracterizado en general por la inusual afluencia de las
frutas de todo tipo a los centros fabriles, lo entregado por la Agricultura
en el caso del mango les permitió a las fábricas El Caney y La Santiaguera,
con el apoyo de las cinco minindustrias que tiene el territorio,
sobrecumplir, solo con este fruto, los compromisos anuales de pulpa para
compota que entregan al país y proveer al mercado de la mayor cantidad de
tajadas y segmentos de mango de los últimos tiempos.
Desde junio y hasta principios de septiembre las grandes fábricas
santiagueras de El Caney, con capacidad para moler 2 000 quintales diarios,
y La Santiaguera, en áreas de Santa María, con posibilidades de procesar
unos 600 quintales, tuvieron trabajo diario.
Urgidos como hacía años no se veían, los colectivos de los centros de
procesamiento industrial se sintieron más cerca del sueño de volver a
producir compotas desde las fábricas de la capital del mango cubana, y se
esforzaron por aguantar la parada del campo y sortear múltiples
interrupciones e imprevistos.
Según reportes de la Empresa de Conservas Santiago fueron más de 20 las
veces en que, solamente en el mes de julio, por período de dos, tres, cuatro
y hasta 18 horas, El Caney debió parar.
Dificultades con los envases y otros recursos, continuos achaques del
despulpador, los separadores y otras áreas de la línea de molida, o tener la
tolva de desperdicios llena, al no contar con un transporte propio para esta
gestión, obligaron a emplearse a fondo para evitar cuantiosas pérdidas de la
materia prima o poner en peligro la calidad de más de una decena de
renglones productivos.
En todos los casos, la estadía de los envases de Acopio en las fábricas
limitó las ya insuficientes potencialidades de dicha entidad para disponer a
tiempo del número de cajas necesarias para enfrentar la avalancha del
producto.
Mucho afectó también la escasez de almacenes, lo que provocó que los locales
productivos estuvieran en determinados momentos, como puede palparse hasta
hoy, inundados de productos terminados, que además comparten espacios con
las materias primas, como nos mostró la ingeniera Vinent Beltrán.
No obstante, son grandes la disposición y el deseo de salir adelante de los
colectivos en las industrias. Apoyados en el ingenio y creatividad de sus
especialistas y obreros sostienen su producción actual y hablan de
introducir mejoras que les permitan diversificar producciones y sustituir
importaciones.
Mas lo vivido durante el pasado verano muestra a las claras que en un polo
productivo del mango como es Santiago todavía no se consigue la suficiente
armonía entre el campo y la industria que respalde un mejor aprovechamiento
de las frutas.
El hecho de que las industrias más cercanas al sitio donde se produce el
mayor volumen del mango en el país, no utilicen esa gran cantidad de materia
prima para la producción de compota, uno de los principales destinos del
procesamiento de la fruta nacionalmente, origina gastos al país y lacera el
sentido de pertenencia en esa industria.
¿Quién puede comprarme?
«¡Le zumba el mango!», masculla el abuelo, al tiempo que ladea la cabeza,
mientras revisa uno a uno los frutos que intenta comprar: «Mira que dar
cinco pesos por esto. Hasta cuándo tendremos que seguir pagando caras las
frutas en una provincia como esta».
El enojo del hombre es -sin embargo- ahogado por el insistente pregón del
carretillero: «Amarillo el bizcochuelo a peso, cuatro por cinco la pilita».
He aquí la otra cara, el rostro no sabroso de la producción frutícola. Y es
que a pesar de desbordarse la cosecha del mango, o en la cotidianidad de los
picos de guayaba, fruta bomba, zapote (mamey), acceder a las frutas que se
cosechan en la provincia, a precios asequibles al bolsillo del trabajador,
se ha vuelto en los últimos años una empresa tan rara y difícil como
cotidiana e inexplicable.
Si el santiaguero Félix B. Caignet, autor de la letra de la canción-pregón
que inmortalizó las frutas de El Caney, intentara rescribirla hoy, suele
reiterar un experimentado colega, tendría que cambiar aquel verso en el que
pregunta: ¿Quién quiere comprarme frutas sabrosas...? Pues, aunque El Caney
sigue siendo aquella tierra bendita en la que abundan los mangos, de mamey y
bizcochuelo..., dulces como la miel..., la interrogante de hoy es: ¿Quién
puede comprarlos?
Primero, porque el mango, como la piña, la fruta bomba y la guayaba, no
llega a los agromercados y placitas en la misma proporción en que se produce
en los campos, y segundo, porque los que se ven, comercializados la mayoría
por particulares, se ofertan a elevados precios.
Mirta García, una joven madre santiaguera, reconoce que la apertura de dos
nuevos mercados climatizados, y de sitios como El Guateque, que intenta
rescatar tradiciones, han significado pasos hacia una presencia sistemática
de las frutas como oferta estatal, pero no alcanzan.
Las ofertas de mango resultan insuficientes en los mercados de Ferreiro y
Los Pinos, en la cabecera provincial, y en otros puntos de venta del resto
de los municipios, aunque según cifras de Acopio se incrementaron en
comparación con años anteriores con el expendio de 3 786 toneladas de la
fruta (unos 82 000 quintales).
Los mangos que llegan a estos lugares en la mayoría de los casos no son de
las variedades más demandadas: bizcochuelo, toledo, jay, superjay., y como
la cadena de traslado es tan azarosa, muchas veces llegan golpeados o
pasados de tiempo.
Con más de 20 años de experiencia en el giro, Mario Sánchez, subdirector de
Acopio coincide con esta apreciación. Las mismas características del cultivo
santiaguero, que en su mayoría tiene lugar en zonas montañosas, dice, ha
llevado a que por arraigo, por rutina, los productores encaminen más sus
frutas hacia la industria.
Garantizar la presencia de mango, guayaba y fruta bomba en el mercado
implica recogerlas con sumo cuidado para que no se golpeen y llevarlas en el
día, frescas, a su destino, expone desde su experiencia, el presidente de la
CPA Victoria de Girón, René Mirayes -toda una autoridad en la materia-, y
añade que el sistema de Acopio no está en condiciones de enfrentar eso.
Por otro lado, acota Mirayes, los precios con los que se paga la fruta a los
productores, aún con los actuales incrementos, privilegian a los destinados
a la industria, en detrimento de la población.
Diferenciar los productores en aras de garantizar la afluencia de frutas con
calidad a los mercados podría ser una alternativa, sostiene Mirayes, cuya
cooperativa abastece a tres puntos de venta en la ciudad de Palma Soriano y
el Guateque, en Santiago de Cuba.
El expendio de frutas y otros productos agrícolas en vistosos quioscos,
construidos desde los últimos meses en los tramos santiagueros de la
autopista nacional y la Carretera Central, abastecidos por particulares y
estructuras productivas, y los frutos de excelente calidad a los que ya
acostumbran los mercados climatizados de la Ciudad Heroína, demuestran que
si se buscan alternativas es posible.
La idea -dicho sea de paso y como sugieren los santiagueros entrevistados en
nuestras calles- valdría la pena extenderla también a la gastronomía, otro
de los eslabones inmóviles de la cadena, y que bien podría hacer un mayor y
mejor uso de los frutales para mantener una permanente oferta de jugos
naturales y hasta de los frutos en tajadas, una opción que sin dudas, se
agradecería mucho ante el asedio constante de las altas temperaturas.
Con una estrategia de recuperación en marcha, que al decir del ingeniero
Jorge Hernández, especialista de la delegación santiaguera de la
Agricultura, incluye la siembra y rescate de variedades como el bizcochuelo;
la introducción de sistemas de riego por primera vez en la historia de estos
cultivos aquí, y la apertura de más de 30 fincas para frutas, Santiago
trabaja hoy por reafirmarse como uno de los polos productivos de frutales de
la Isla.


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